sábado, 12 de octubre de 2019

LA CLAVE ESTÁ EN EL ENCANTO Y LA COMODIDAD: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA


Tenemos que ser guapos y saberlo, porque hay bellezas que exceden las palabras y ésta es la amabilidad. Al ser amables somos hermosos, ¡lo que resulta sorprendente! Pues es muy raro que nos topemos con una persona amable que sea fea. Esa persona es guapa y nos cautiva por su amabilidad.

Que la persona amable sea guapa tiene importancia porque condiciona esa confianza que enarbola continuamente en el trato con los demás. Es hermosa y tiene que ser consciente de ello, porque la clave está en el encanto.

Es probable que la amabilidad no se identifique con ninguna idea de belleza, lo cual supone un gran alivio. Para nosotros la belleza de la amabilidad es un elemento indispensable para ser felices y tener confianza en nosotros mismos. Ese esquivarse en la frase «lo importante es la belleza interior» es falso e insuficiente y todos lo sabemos. El encanto es otra cosa, está más cerca de lo sublime que de lo bello.

En las relaciones interpersonales no todos somos iguales en belleza; no todos tenemos ese encanto natural con el que nacen algunos y otros lo cultivan de manera consciente. De todas formas, hay un punto proporcional en tener el encanto de la amabilidad y ofrecer una imagen repulsiva.

Hay una figura que debemos moldear para sentirnos lo mejor posible con nuestro pensar-hacer, un margen que nos permita trabajar con la actitud y la posibilidad... El objetivo es sentirnos bien con nosotros mismos, sentirnos bien tanto mental como físicamente.

Hay una única regla imparcial de belleza que debemos seguir ser amables. ¡Nada más! Para eso tenemos que ser.

Si nos vemos guapos frente al espejo[1] y somos sinceros con nosotros mismos, se multiplicará el carisma, el aura y, por consiguiente, nuestro poder de seducción y amabilidad, esto es, nuestro encanto. Es importante sentirnos guapos, incluso es primordial. Pero no siguiendo cualquier criterio.

Querer parecernos al modelo de la foto de portada de una revista es, antes que nada, no querer parecernos a nosotros mismos y, sobre todo, no aceptarnos ni querernos. ¿Quién podrá amarnos si solo formamos parte de una mascarada de apariencias? Seamos guapos por lo que somos, por lo que hacemos y por lo que podemos mejorar en nosotros, no por los cánones que se exhiben.

¿Cómo podemos ser guapos si no estamos cómodos en cualquier situación? Tenemos que sentirnos cómodos para ser amables, para ser nosotros mismos. Debemos contentarnos con ser, es el verbo que mejor nos va en esta vida. Y eso incluye muchas cosas.

En nuestra vida hay muchas situaciones en las que nos sentimos incómodos, eso tiene muchas causas y es algo normal. No obstante, cuando ganamos confianza en nosotros mismos esto nos permite superar situaciones delicadas con mayor facilidad, es decir, nos sentimos cómodos.

No sentirnos cómodos es no sentirnos a la altura de la situación. ¿De quién, de qué no nos sentimos cómodos? Es evidente que de los otros y muchas veces de la imagen que mostramos nosotros mismos. Cuando no nos sentimos es porque hay piezas desajustadas afuera y dentro. Tenemos que ajustarlas.

Cuando no tenemos ninguna imagen que defender porque somos no podemos sentirnos incómodos. Cuando somos nos sentimos a nuestras anchas, plenos. En ese momento somos y punto. Debemos tener una actitud definida, sin mentiras sobre nuestra personalidad o nuestras virtudes que pueda ponernos en tela de juicio. Este «ponernos» es lo que provoca esa incomodidad en ciertas situaciones. Al no ser nosotros.

Lo que construimos artificialmente es lo que da lugar a ese sentimiento de incomodidad. Nos arriesgamos a que los demás descubran lo falso, el no estar a la altura de lo que hemos contado, reivindicado y que forma parte de esa imagen que los demás tienen de nosotros. Pero que no somos.

Nos sentimos incómodos cuando nos encontramos descubiertos o por descubrir entre lo que hemos dicho, lo que hemos hecho y somos. Cuanto más aumenta la distancia entre lo verdadero y lo falso, más se acrecienta el sentimiento de malestar. Allí perdemos todo encanto.

Para sentirnos cómodo y guapos en cualquier situación hay que ser honesto con nosotros mismos y con los demás. No crearnos falsas imágenes, pues la nuestra es suficiente. No es fácil sentirse cómodo siempre, por ejemplo, en casos de injusticias. Pero la comodidad de ser quienes somos nos permite la confianza abordarlas con propiedad. Recuerda la clave está en el encanto.

Referencias:
Twitter: @obeddelfin




[1] Recordemos la escena ¿Qué ves en el espejo? de la película Angel-A de Luc Besson. Ver https://www.youtube.com/watch?v=e4V6JmYJBoo

sábado, 5 de octubre de 2019

SEAMOS MAGNÁNIMOS Y APRENDAMOS A DIVERTIRNOS: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA


En nuestro hacer tenemos que colocar nuestras aspiraciones racionalmente bien arriba, para que éstas sean aspiraciones reales, alcanzables y no perezcamos en medio de falsas aspiraciones. Tenemos que ser ambiciosos y dar lo mejor de nosotros para alcanzar buenas metas. También es importante saber ser magnánimos en caso de derrota.

Tenemos que ser honestos y esforzados en nuestro hacer. Ahora bien, nadie nos pide que hagamos un sobreesfuerzo hasta el punto de caer enfermo. Esto sería insensato. No podemos fustigarnos continuamente por no ser tan fuerte o tan rápidos, por tratar de ser el mejor. La época de la sobre-competencia lo que dejó fue enfermos coronarios y ACV, chatarra humana.  

Tenemos que hacer lo mejor posible lo que hacemos con nuestro mejor esfuerzo, pero también tenemos que disfrutar nuestro vivir. Nos pasamos la vida preocupados por conseguir una cierta posición o estatus, y lo peor es muchas veces que sabemos que nunca podremos tener la misma. Vivimos de vana esperanza.

Nos llegamos a odiar por ello y nos reprochamos cada día. Tener magnanimidad para con nosotros y aceptar nuestras inteligencias no nos impide que estemos orgullosos de lo que somos y de lo que hacemos. Si no cantamos como Freddie Mercury o no pintamos como Cézanne ¿Tenemos qué dejar de hacer eso que hacemos? Tenemos que aceptar esas diferencias ¿Cuál es el problema?

Debemos hacer lo mejor que podamos con nuestras inteligencias y capacidades para seguir avanzando, pues el gato que nunca será un león no deja por ello de brincar, correr, cazar. Quitemos de encima tanto prejuicio y tanto complejo.

Seamos magnánimos en lo que hacemos y con nosotros mismos. Debemos seguir haciendo lo que hacemos cada día mejor. Y en este hacer tenemos que aprender a divertirnos, a disfrutar de lo que hacemos. Aunque la vida no es un jardín de rosas, tampoco tiene que ser una permanente experiencia dolorosa.

Cuando la vida se pone difícil nos preguntamos ¿de qué va ésta? Nunca nos preguntamos eso cuando nos estamos divirtiendo. Así que para conjugar el diario hacer y para encarar nuestras circunstancias desde otro punto de vista tenemos que aprender a divertirnos.

Saber divertirnos es una condición básica para ser sentirnos bien. Tenemos que interrelacionar los momentos serios, nuestras ensoñaciones con ser capaces de jugar, divertirnos y reír. Tenemos que tener capacidad para la sonrisa. Reservar las caras largas para los momentos adecuados.

Una de las principales ocupaciones del humano es jugar. Es el juego de la naturaleza y nosotros, hemos inventado miles de formas de reírnos y pasarlo bien Hay que saber reírse, especialmente, como Demócrito saber reírse de todo. Saber no tomarnos en serio esos pedestales sociales, y mirar con recelo cuando alguien dice «Entiende, en mi posición no me lo puedo permitir…». Solo son bla bla bla.

La imagen social, la imagen de uno mismo, el aparentar ser cultos, el fingir que ya lo sabemos es una ilusión. Ya esto lo mostró irónicamente Sócrates. En fin, todo aquello que impide divertirnos y reírnos son unos rasgos que a veces cultivamos y debe en muchos casos olvidar.

Ser magnánimos y aprender a divertirnos es fundamental para llevar una buena vida. Es saber vivir en concordancia con nosotros y nuestro entorno nos permite un estado de ataraxia.

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Twitter: @obeddelfin


miércoles, 2 de octubre de 2019

MIEDO, RABIA E IMPOTENCIA EMOCIONES ADECUADAS: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA


Las dos primeras son emociones básicas, la tercera es una situación emocional. Al sentirnos derrotados por una causa ajena a nosotros desarrollamos estas emociones que nos pueden ayudar a seguir adelante en un proyecto de vida sensato.

La impotencia, por lo general, es producto de una causa que está fuera de nuestro control. Nos hace sentir que hemos perdido el poder sobre nosotros y no podemos controlar lo que nos pasa. Es la negación de nuestra potencia para actuar sobre algo.

Esa negación es lo que nos produce esa situación emocional. Al vernos disminuidos ante lo que nos ocurre y nos sobrepasa. La situación nos desequilibra, nos pone en un punto X sacándonos de nuestro centro. Es nuestra propia negación, la pérdida de nuestro propio poder. El no poder hacer nada, decimos.

Lo que tenemos que intentar hacer es volvernos a centrar. Salir del punto x en que nos ha colocado esa situación no deseada. Volver a tomar las riendas de nuestra vida para poder hacer algo. Aunque este algo sea comprender lo que nos pasa, entender qué es y por qué de esa impotencia.

El miedo es la emoción natural a algo desconocido, a un ataque repentino, a algo que no entendemos. Con éste nos defendemos de modo pasivo. El miedo nos pone alerta ante el mundo. Es una de las emociones que nos permite sobrevivir. Lo contrario sería la insensatez.

Esta emoción hace que nos cuidemos a nosotros y a otros. Al sentir miedo buscamos refugio, nos cuidamos con más esmero. Es una emoción adecuada porque nos permite atendernos, por medio de ella procuramos la cura.

Es fundamental para sobrevivir. Si no sintiéramos miedo haríamos actos arriesgados y peligrosos poniendo nuestra vida en peligro. Actuaríamos de manera irracional. El niño pequeño que no conoce el miedo a los vehículos intenta cruzar la calle sin poner ninguna atención.

El miedo nos ayuda a estar atentos a nuestro cuidado corporal, a no producirnos daño. A seguir las prescripciones médicas, a guardar los reposos indicados y seguir, en general, las recomendaciones del médico. En caso de enfermedad. O de la madre y el padre en nuestras interacciones sociales.

Es valiente quien actúa atendiendo al miedo. Lo otro es imprudencia. La prudencia aunque no es guiada por el miedo nos permite asumir decisiones adecuadas en nuestras relaciones interpersonales y en las circunstancias que se nos presentan. El miedo nos hace prudentes y reflexivos.

Medimos lo que vamos a hacer y a decir por miedo a las consecuencias. Más miedo sentimos cuando nuestra vida está en riesgo. Debemos atender que nos aconseja esta emoción a la hora de actuar. Muchas veces es buena consejera, nos hace cautos y alertas.

La rabia nos hace agitar contra el mundo. Heráclito quien dijo que «la guerra es padre de todas las cosas» debía saber que la guerra se fundamenta en la rabia. Con ésta defendemos lo que más queremos, nos enfrentamos al mundo luchando con los dientes y a arañazos. Es una supervivencia activa.

Un atisbo de rabia debe sentir el neonato en su primer llanto y con ese se gana la entrada a este mundo. Es importante esta emoción porque con ella nos agarramos a la vida y no la soltamos. Defendemos nuestro derecho a vivir.

La rabia es fundamento de todo luchar. Sin ella nada seríamos. La madre defiende al hijo con una rabia enconada, lo mismo hacemos a diario para vivir. Si la vida no nos da cuartel respondemos y actuamos con rabia, pero actuamos. No nos quedamos paralizados.

Es el motor de toda lucha y más por vivir. Si ésta nos abandona nos entregamos. Nos hace guerreros. Con ella hemos alcanzado muchas cosas sin saberlo, salir del marasmo de la adolescencia, alcanzar algunas metas, pasar de un día al otro. 

Debemos desechar esa vocinglera catequesis de que la rabia y el miedo son emociones negativas. Son solo emociones y muy adecuados en muchas circunstancias. Cuando tenemos que salvar nuestra circunstancia para salvar nuestro yo ellas dos son fundamentales y relevantes. Hay que atenderlas con pensamiento crítico para saber cuándo son adecuadas y nos sirven a nuestros fines.      

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sábado, 28 de septiembre de 2019

CENTRARNOS EN LO IMPORTANTE DE FORMA NATURAL: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA


Debemos centrarnos en lo importante y tratar el resto con indiferencia. Ahora bien, ¿Qué es lo importante? La respuesta es sencilla: Lo que nos importa. O para decirlo de otra manera, lo que está en nuestro horizonte de interés, que en la mayoría de los casos son varias cosas que tenemos en mente.

Cuando observamos a tanta gente prestar atención a su aseo, a su elegancia y al mismo tiempo rebuscan algo que les interesa en las labores de su trabajo o familia,  se nos debe plantear la siguiente reflexión: le importan tanto el lujo, los bienes materiales como cultivar su imagen. Son sus intereses.

Nos gustan y son de nuestro interés diversos ámbitos y haceres. El futbol y la lectura. En eso no hay ninguna contradicción. Liberarnos del entorno, de los bienes materiales, dejar de darles demasiada importancia, o atender nuestro entorno, nuestros bienes materiales, o disfrutar de una buena comida es algo que deberíamos hacer más a menudo, para recuperar nuestros intereses, nuestra autenticidad y conseguir discernir lo que es importante de lo superficial.

Como ahora tenemos comida que muchas veces es más de la que nos comemos, o tenemos varios pares de zapatos andamos en la onda de lo espiritual, como si solo esto fuese lo universalmente relevante. Es importante, pero no es lo único que importa. Lo significativo es lo que nos importa, es a eso a lo que ponemos atención.

Esas actitudes pseudo-espirituales me resultan sospechosas porque se convierten en algo de carácter universal excluyendo cualquier otro centro de interés. Si alguien cultiva el materialismo y el estatus social es porque eso es lo que está en su universo de interés. Por el contrario, a otro le importaran sus placeres y deseos.

¿Qué pensamos nosotros? ¿Cuáles son nuestros intereses? ¿Qué es lo que nos importa? ¿Qué nos decimos cuando queremos algo nuevo? «Sí, lo voy a conseguir». Esto no es un mero capricho, se nos va nuestro vivir en eso. Ponemos todo nuestro empeño en aprender algo, en hacer algo. No por novedoso sino porque nos interesa.
 
Debemos disfrutar lo que nos gusta hacer cuando queramos hacerlo y cuando lo estemos haciendo. Esto es lo que nos permite centrarnos en lo que nos importa. Porque lo que le importa a cada quien es algo individual. A uno le importa la mecánica a otro la medicina, o la música. Esos son sus centros de interés. 

Queremos imponer nuestro interés a los demás. Sin querer frustramos a los demás al asumir esa actitud dominante y controladora. Muchos alumnos de diseño me contaban que sus padres les decían que cómo iban a vivir con esa carrera. El alumno sencillamente estaba por alcanzar algo que a él le interesaba, no a sus padres.

Lo que nos interesa acabará por poseernos. En eso consiste vivir. También habrá tiempo para trabajar, para la familia, para la pareja, para descansar… Los compromisos insustanciales nos hacen perder una vida de relax a cambio de una supuesta vida eficaz. Nada de falsa seducción, ni de teatro, ni de estilo impostado. Nunca debemos aparentar lo que no somos para acercarnos a lo que nos interesa. Queramos lo que queramos o pidamos lo que pidamos siempre lo tenemos que hacer fieles a nuestra personalidad.

Ser honestos es de lo más fácil. ¿Por qué, entonces, vamos a fingir para hacer lo que nos es importante? Si lo hacemos, muchas veces, es por falta de confianza. ¿Para qué nos sirve? Para nada. Si nos mentimos a nosotros, también mentimos a los demás. Sin disfraces debemos hacer frente a nuestras situaciones y a las personas. De este modo, seremos más creíbles.

Los falsos decorados no pueden sustituir la importancia de nuestros intereses. Al asumir lo que nos interesa con naturalidad evitamos resultar invisibles y no tener ni gracia ni carisma. Nuestra naturalidad nos hace irradiar todo lo que somos y nos atractivos y creíbles ante nosotros y los demás.

La naturalidad es la prueba de que somos sin recovecos ni falsedades. Tenemos que saber ser naturales en todo tipo de situaciones, asumir quiénes somos sigue siendo la mejor forma de que nos aprecien y de deslumbrar. Nunca debemos subestimar la importancia de lo que nos interesa, para así actuar con naturalidad en todo tipo de circunstancias.

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sábado, 21 de septiembre de 2019

SER UN AMIGO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA


Al ser dignos de afectos podremos ser amigos, nunca esclavos. Es algo que tenemos claro pero que muchas veces confundimos, quién sabe por qué razón. Cuando admitimos a alguien en nuestro universo de intereses, pretendemos que esa persona se convierta en un amigo, el cual puede llegar a ser fiel e incondicional. Y a veces no. Porque también la amistad tiene grados.  

La amistad debe tener, por lo menos, el principio o la máxima de cuidarse mutuamente; de estar atentos de ver cómo está cada cual, escuchar las preocupaciones del otro, saber o aprender a tranquilizarse y consolarse... Estar ahí para los momentos bajos y los momentos alegres. No en todo momento, porque eso es muchas veces un poco difícil, si así lo exigimos lo que deseamos no es una amistad.

Nosotros, como humanos que somos, debemos preguntarnos ¿estamos siempre disponibles y receptivos con nuestros amigos? Sinceramente, por lo general, descuidamos esa relación de tanto en tanto, sin darnos cuenta del vivir que hemos necesitado para construirla. Así somos, lo cual no es nada extraño en nuestro hacer.

Podemos hacer profesión de fe acerca de la fidelidad, la abnegación, el cariño y la amistad, y querer aplicarlos casi al pie de la letra con nuestros amigos. No obstante, siempre fallamos. Lo que ocurre es que cuando somos nosotros quienes fallamos buscamos alguna excusa para justificarnos, siempre habrá alguna a mano. Cuando son los otros, nos queremos dar de victimas e incomprendidos. 

Son las distintas situaciones y cambios en nuestro vivir lo que hacen que, a menudo, hagamos paréntesis voluntarios o involuntarios en la relación con nuestros amigos o seres queridos. Y esto tenemos que tenerlo claro. Como siempre somos seres cambiantes en nuestro ser y hacer, por lo cual no siempre estamos a la mano de la otra persona. No estamos disponibles, pero eso no impide que la amistad esté ahí.

Toda nueva amistad es un nuevo amor, eso es evidente. Lo que no quiere decir que los amores anteriores desaparezcan. Sino que lo nuevo llena de pasión y hace que momentáneamente olvidemos el mundo que nos rodea durante algún tiempo. Una situación que todos comprendemos y conocemos, que poco después vuelve a la normalidad cuando reanudamos nuestras relaciones con nuestros seres queridos.

También puede suceder que al conseguir nuevas amistades decidamos, de manera consciente o no, cambiar de vivir y no volver con las personas que llevábamos años conociendo. Pues nos consagramos al cultivo de esa nueva amistad. Por lo general, esto genera un alarde de reclamo ya que sienten un sentimiento de abandono y casi de traición.

Hay varios dichos para expresar ese malestar «escoba nueva siempre barre bien» o «cuando hay santos nuevos, los viejos no hacen milagros». Las cuales son frases de decepción. Sin embargo, tenemos que aprender que en muchos casos ese sentimiento es infundado, y si es fundado es porque la persona se ha abierto a otros intereses.

La amistad en el sentido que la estoy tratando acá se da sin estrategias ni cálculos. Por ello ser fiel a las amistades no es permanecer con ellas porque sí. Ya que nuestro horizonte de intereses puede variar y con él nuestras amistades, esto es importante tenerlo claro. Esto hace que se den esos cambios en nuestras amistades.

Por ello, no podemos exigirle a nadie que permanezca desde el primer hasta el último día junto a nosotros. Lo que no podemos olvidar es nuestra capacidad de humanidad para con los demás; ni intentar replegarnos en nuestro vivir para intentar olvidar todo lo que hemos dado y dicho, u olvidar todo lo nos han dado.

La amistad es un amor potente que suele durar mucho tiempo, que influye en nuestro pensar-hacer. Sacrificarla a cambio de algo perecedero no tiene sentido. La amistad y a los amigos hay que cuidarlos porque son un tesoro muy valioso en nuestro vivir, por lo que nunca debemos sacrificarlos.

La amistad es un arte que debemos aprender. Un hacer delicado que debemos cultivar para que florezca siempre, porque es algo de lo cual no podemos prescindir. La necesitamos siempre para la construcción de nuestro yo y de nuestras relaciones con este mundo que a diario vivimos.    

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miércoles, 18 de septiembre de 2019

RELATOS E INTERPRETACIONES DE SENTIDO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA


Hace un siglo o tal vez un poco más se hizo evidente, por una parte, que el lenguaje es un instrumento muy importante para la construcción de nuestro entorno. Por otra, que el lenguaje es un instrumento no inocente, pues el mismo incide en la forma como vemos, comprendemos y actuamos en el mundo. Esto estructuró dos nociones básicas: Primero, la diferencia entre sentido y denotación. Segundo, la noción de juegos de lenguaje.

La diferencia entre sentido y denotación:
Antes de esto, se pensaba que el lenguaje nombraba los objetos con una correspondencia total. Frege notó que esa correspondencia no es tal, ya que a un mismo objeto le pueden corresponder diferentes sentidos. Un hombre si es padre tiene un sentido para un hijo y otro para otro; otro significado para la esposa; otro para la madre y el padre; otro para los vecinos. Poseemos distintos significados según quienes se relacionen con nosotros. Lo importante, entonces, es entender los diversos significados que tenemos en nuestro entorno.

En una familia, el desafío no es describir ¿qué es esta familia? Sino cuáles son las distintas visiones que tienen de ella los diversos miembros. A la pregunta ¿qué es esta familia? La respuesta depende de quién la va responder y qué piensa de ella. Lo mismo se da para una organización, la respuesta depende de a cuál grupo de interés o actor le hacemos la pregunta.

El ámbito en que nos desenvolvemos depende desde cuál perspectiva lo estamos interpretando. Eso que llamamos nuestro mundo, nuestra vida es una interpretación desde una perspectiva particular.

A través del lenguaje interpretamos nuestro entorno, a nosotros mismos y a los demás. Asimismo, definimos la capacidad de acción que podemos tener en él. La interpretación de sentidos y significados nos permite determinar nuestra forma de decidir, actuar, sentir e, incluso, nos permite determinar nuestra identidad personal, para abordar los cambios y grados de bienandanza que deseamos alcanzar en ese entorno.

Al vivir en una permanente interpretación podemos construir un mundo de escenarios. Si el entorno lo interpretamos como un problema sin solución nuestro quehacer será muy distinto a si lo interpretamos como una circunstancia de la cual podemos sacar algún beneficio. Por ello, nuestras interpretaciones inciden en nuestra forma de vivir y capacidad de acción.

Juegos de lenguaje:
Esta noción proviene Wittgenstein, para quien el lenguaje es un conjunto de «juegos» interpretativos que desempeñan variadas funciones. Esto es lo que llamó «juegos de lenguaje». Hay muchos juegos de lenguajes: el de la ciencia, el lúdico de los niños, el artístico, el técnico y el emocional… por nombrar algunos. Y cada uno interpreta el mundo a su modo.

En este sentido, el lenguaje es como una «caja de herramientas» que podemos usar en distintos contextos, con distintos fines y bajo muy diversas circunstancias. Es importante saber ¿Cuáles son los juegos de lenguaje en que nos movemos?

Una organización, una familia, una persona son un conjunto de juegos de lenguaje en interacción para alcanzar un resultado. En el caso del pensamiento creativo de los sombreros de Edward de Bono éste posee seis juegos de lenguaje: los hechos, las emociones, los riesgos…

La utilidad de los «juegos de lenguaje» radica en que nos permiten describir cómo opera la comunicación y la coordinación de acciones al interior de una organización, en nuestra familia, en nuestras relaciones interpersonales. De esta manera, podemos identificar las reglas de nuestra toma de decisiones o de la resolución de conflictos, por decir algo. Además, nos permite diseñar prácticas de comunicación para mejorar nuestro desempeño en las circunstancias en que nos desenvolvemos.

El lenguaje como forma de vida cotidiana nos sirve para trabajar, resolver conflictos y diseñar el futuro, entre otras muchas cosas. La comprensión y el sentido se dan en el uso y en la utilidad que nos da el lenguaje para enfrentar la vida, tomar decisiones, solucionar problemas o producir escenarios. La capacidad de nuestra acción práctica está incorporada al lenguaje.

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Twitter: @obeddelfin



sábado, 14 de septiembre de 2019

CAPITAL SOCIAL Y NUESTRO HACER: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA


En un artículo anterior[1] señalé que al capital social, por lo general, lo llamamos «tener contactos» y éstos tienen que ser productivos. Además, señalé que este tipo de capital se tiende a soslayar o, en el mejor de los casos, se da por sobreentendido. Es necesario insistir que todo hacer tiene necesariamente que construir un capital social adecuado; pues el mismo nos permitirá el «apalancamiento» que necesitemos.

Todos necesitamos dinero. Este es la razón causal de todo hacer rentable. Puede ser: empleo, autoempleo, negocio o inversión. La verdad es que deseamos poseer más de lo que tenemos actualmente. Es allí donde los «contactos» nos abrirán las puertas hacia el capital económico que aspiramos.

El capital social lo comenzamos a construir y acumular, en primer lugar, donde habitamos: la calle, el barrio, la urbanización, la ciudad. Posteriormente, lo hacemos en los lugares de estudio: escuela, universidad… y por último en el trabajo.

Este capital nos servirá para realizar nuestro hacer y obtener lo económico. Al tener un capital social solido debemos tomar las medidas necesarias para asegurarnos de que nuestro hacer sea posicionado favorablemente. Para ello debemos contactamos con nuestros amigos para que nos faciliten el acceso al lugar que deseamos llegar.

Existe una asociación intrínseca entre capital social y dinero. Ya que el primero  implica cierta proximidad al dinero debido al estatus social y éste está asociado con la posibilidad de llevar a buen término lo que nos hemos propuesto.

Por el contrario al carecer de un capital social adecuado, sea por privaciones materiales o aislamiento social, no contamos con una red de amistades que estén al alcance del capital económico.

De allí que el capital social debe cultivarse con vista a un fin.  Pues unos y otros somos sujetos que podemos ayudarnos mutuamente para conseguir un capital económico. 

Identificar nuestro capital social es fundamental, para saber si el «endogrupo» al que pertenecemos es adecuado a nuestro hacer y si nos permitirá realizar nuestros proyectos con buena fortuna. Ya que el «endogrupo» tiende a apoyarse mutuamente. Estas son las imbricaciones efectivas de este tipo capital.

La necesidad de poseer «contactos» es fundamental. Porque a través de éstos formamos tribus o clases. Puede ser que en nuestro hacer no poseamos, inicialmente, capital económico pero si poseemos un capital social solido lo más probable que salgamos delante de manera más afortunada y más rápida, gracias a los vínculos garantizados por nuestra pertenencia a un «endogrupo» determinado y a los lazos que nos atan a él. El capital social es un tejido de redes.

El capital social forma parte de nuestro capital cultural. La relación entre ambos es intensa. Ya que éste proporciona estatus, contactos y competencias. Tales competencias nos convierten en sujetos apropiados para un hacer determinado.

Las competencias adquiridas tienen un valor real, pues las usamos y nos sirven para llevar a buen término nuestro hacer. No obstante, si las competencias que poseemos no están respaldadas por un capital social adecuado pueden convertirse en algo improductivo, al no poderse ejecutar. Son unas competencias que permanecen en sí mismas. De allí la necesidad e importancia del capital social  para producir el «apalancamiento» que siempre necesitamos.  

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Twitter: @obeddelfin