El legado histórico se
concibe como la gran historia, la cual se enfoca en la Guerra de
Independencia o Federal, en los Proceres militares, en los presidentes de la
República, en los tratados internacionales, esto es, en los grandes relatos y acontecimientos
que le dan carácter a la Nación-Estado. No obstante, esta historia es lejana
para el ciudadano e incluso la misma es ideologizada por el gobierno de turno a
su conveniencia.
En contraposición a la
anterior está la historia pequeña, esta historia es la que compete a la
familia, al vecindario y a las comunidades en las cuales convivimos; ésta conforma
el tejido invisible que conecta el pasado y el presente con nuestra identificación
cotidiana, pues la microhistoria en tanto historia local rescata y hace
permanecer las vivencias de las personas comunes, al mostrar que la gran historia
también se vive a la escala de lo demasiado humano.
La historia pequeña se
manifiesta, en primer lugar, a través del legado familiar cuando se narran los recuerdos,
los valores y los aguantes que ha tenido que llevar adelante la familia. La
historia familiar no es el árbol genealógico que solo distingue a las familias
de abolengo, pues las familias, por lo general, solo llegan hasta el recuerdo del
abuelo o el bisabuelo, para estas familias la historia familiar está conformada
por un conjunto de narraciones cotidianas, del día a día, que se utilizan como
un manual de persistencia emocional y cultural que se hereda sin darse cuenta,
pues en éstas se transmiten tradiciones vivas, como recetas de cocina que
pasan de madre a hijas, de tías a sobrinas o a primas; se establecen refranes y
dicho que narran los haceres de la familia, se determina las festividades particulares
y los rituales cotidianos que definen lo que es la praxis hogar.
Así mismo, la historia
familiar cuenta cómo los abuelos o bisabuelos superaron crisis las económicas, las
migraciones de un estado a otro en busca de trabajo o las pérdidas materiales y
familiares, que enseñan a las nuevas generaciones a cómo afrontar las
adversidades. A través de estos relatos se enseñan técnicas domesticas para
reparar los utensilios de la casa, métodos de trabajo para solucionar los problemas
del día a día, los cuales pueden moldear el destino laboral de los
descendientes.
En segundo lugar, la
historia pequeña tiene su raíz en el legado del barrio, del sector, de la
parroquia, de la urbanización, es decir, esta historia se conforma en el espacio
colectivo que le da identificación al sujeto individual en tanto sujeto
colectivo, si es de La Pastora, de La Candelaria, de Chacao, de El Valle, de
Altamira… Pues el barrio o el sector es el escenario público donde aprendemos a
ser ciudadanos, ya que su legado construye el sentido de pertenencia a la
ciudad, al pueblo, al sector o al barrio, ahí el individuo se identifica con la
arquitectura cotidiana de donde vive y por donde transita: la fachada de una
bodega, una plaza, un árbol centenario, la iglesia del sector, las calles que
terminan por contar el recorrido que él y ella hacen a diario.
Lo anterior permite
construir la memoria comunitaria, los mitos urbanos, los personajes icónicos
del vecindario, la panadería de toda la vida, el músico que se paraba en la
esquina a tocar, las luchas colectivas, como cuando la gente se organizó para atender
a los que habían perdido todo por el terremoto del año 2026, o para lograr que
se pavimentara la calle o construir la escuela, esto crea un orgullo compartido
que luego se narrará en el trabajo o se le contará a los hijos y a los nietos
más adelante. La identificación comunitaria desarrolla léxicos comunes y
códigos locales, modismos corporales, apodos para ciertas zonas del vecindario
y formas de interactuar que solo entienden quienes crecieron en esas calles
compartidas.
La historia pequeña
importa porque es la humanización del pasado y el presente; ya que es más fácil
entender la economía y la política venezolana de la segunda parte del siglo XX cuando
te la cuenta alguien que la vivió y padeció, o se oye el relato en una canción
de Rap o en una canción de Alí Primera, porque la historia pequeña es vivencial
y no una historia abstracta llena de estadísticas. Por otra parte, la historia
pequeña le pertenece al individuo común porque ella le es propia, ya que es lo
que él ha vivido con su familia, con su comunidad; esta propiedad compartida
permite la democratización de la memoria, del recuerdo como un hecho valido,
pues permite que los individuos y las comunidades históricamente invisibilizadas
―mujeres, obreros, minorías, migrantes― muestren su narración y su rol como
coautores de la historia de la Nación. De esta manera, la historia pequeña
conforma la querencia de los individuos y de los pueblos.
Obed Delfín



