sábado, 11 de noviembre de 2023

EL HACER LIBERADOR COMO TERAPIA


 

El día de la clausura de la exposición “Muñecas en Rosa” en el Jacobo Borges se llevó a cabo el conversatorio “La salud integral y la muñeca de trapo” a cargo del Dr. Ricardo León y la muñequera Miriam Sosa. El mismo giró sobre el arte como actividad terapéutica.

Debemos señalar que la muñequera Miriam Sosa atraviesa actualmente por el trance del tratamiento del cáncer de mama y el Dr. León, quien es su hijo, la acompaña en este difícil tránsito.

El Dr. León señaló que el cáncer de mama es el primer factor de muerte en las mujeres. Por tanto, recomendó la importancia de que las mujeres toquen regularmente sus senos para detectar alguna anomalía en ellos y acudir lo más pronto posible a una consulta médica.

La conversa, muy testimonial por parte de quienes participaron en ella, tuvo el propósito indicar la necesidad de hacer del arte un recurso terapéutico, para ayudar a liberar la tensión que toda enfermedad, en general, provoca. De aquí el carácter sanador del arte.

Esto es muy interesante. No obstante, considero que hay expandir la idea más allá del arte o de la actividad artística. Porque, por lo general, cuando se habla de arte inmediatamente uno piensa en las artes plásticas, en concreto en la pintura; y uno de una vez se imagina a alguien con un pincel delante de un lienzo pintando un jarrón.

La idea debe ser considerar toda actividad manual creativa. Ahora bien, ¿qué es creativo? Por ejemplo, si a mí me dijesen que practicara el arte como actividad terapéutica y éste se refiere a pintar, le diría que no. Yo prefiero desarmar y armar una bomba de agua de ½ HP o colocar unos tomacorrientes, o desarmar una lavadora para ver qué le pasa, si la llego a arreglar es otro asunto. Eso me parece creativo.

Porque la idea es que la actividad manual sea creativa, para mí y para cualquier persona que asuma tal actividad. Y el arte no es lo único creativo en este mundo, esas son pretensiones de los artistas romanticones. Es cualquier hacer que consideremos y sea para nosotros actividad creativa. Porque debemos considerar la teoría de las inteligencias múltiples. A todo el mundo no le gusta el arte, ni le interesa; pero si le interesa hacer algo creativo en cualquier campo que sea de su interés.

Pero no se trata de sustituir una cosa por otra, como le pasó al Dr. House que, neuróticamente, quería sustituir la práctica médica por la gastronomía de alto nivel. Eso no es creativo, porque el factor psíquico trae plomo en el ala.

Lo que se desea es que la actividad creativa sea liberadora, produzca lo que Aristóteles llamó “catarsis”. Entonces, tal actividad en todos los casos no tendría que ser necesariamente manual, sino una actividad liberadora. Que cada quien elija cuál es la que más le conviene o es más adecuada a su persona.

Además, no debiésemos esperar a padecer una enfermedad para recurrir a tal actividad, la misma tendría que ser una actividad preventiva. Tampoco es el deporte, porque si a la persona no le interesa el deporte nunca lo practicará. Es lo que sea adecuado a la persona y que contribuya a desprenderse, en primer lugar, de eso que llamamos “mala energía”.

Alguien podría decir, y con razón, que estamos hablando de alguien que no hace o no ha hecho nada con las manos ¿cómo queda el obrero o el trabajador manual en este caso? La persona debe conseguir cuál actividad es liberadora para él, no puede ser una imposición; sino más bien una indagación una exploración hasta que la descubra o se tope con ella. Porque por lo menos una actividad ha de serle útil.

Nadie se la puede imponer. El individuo tiene que descubrir cuál es la actividad adecuada para él.

La actividad que se elija por ser creativa ha de ser liberadora, y debe conllevar a algo más. Y esto debe ser fundamental. Cuando los sujetos realizan una actividad liberadora tienden a ensimismarse, a olvidarse del mundo y de ellos mismos. A veces nos sucede que transcurre toda una mañana o toda una tarde haciendo algo sin que el tiempo haya contado, porque estábamos ensimismados. Nosotros decimos “concentrados”.

Ahora bien, esta actividad liberadora debe servir para un hacer algo más allá.

En el conversatorio se habló del amor como emoción acompañante, como parte del apoyo que toda persona enferma necesita. Del amor hacia quien está enfermo. Tal vez, por estar en un periodo donde lo emocional tiene mucha relevancia, tal emoción se hace tan importante. De esto escribí hace mucho tiempo atrás.

No obstante, estuvo presente en el conversatorio algo en lo que aparentemente no caemos en cuenta, por el predominio de lo emocional. Y esto se dio tanto en los ponentes como en quienes intervinieron. Me refiero a la reflexión.

El fin último del hacer creativo-liberador ha de ser la reflexión: sobre el mundo en que vivimos y sobre nosotros mismos. Como dijo Ortega: yo y mis circunstancias. No estoy hablando de una racionalidad, sino de un pensar sobre nosotros, que incluye nuestro entorno.

Y lo dijo, porque todos reflexionaron sobre sus vidas, sus emociones, sus circunstancias, sus haceres. Y lo hicieron porque, en el caso particular de la muñequería, este hacer las había conducido a la reflexión. Porque no es hacer la muñeca por hacerla, sino que la actividad creativa-liberadora permite desarrollar una visión reflexiva del mundo en cual cada uno se encuentra. Del mundo en que estamos insertos y en el que nos movemos a diario.

Todo esto es lo que los antiguos llamaron “el cuidado de sí mismo”, y que parece haberse olvidado como la pregunta por el ser, que tanto preocupó a Heidegger.


jueves, 9 de noviembre de 2023

SOLEDAD


Te voy a decir la verdad y es que no conocía la soledad, hasta que te fuiste. Apenas cruzaste esa puerta se me metió entre ceja y ceja agarrar una buseta haya en Rodovías y largarme pa’l carajo viejo.

Y así lo hice.

Como siempre me senté en el puesto del pasillo. Y el autobús arrancó como a las 10 de la noche. Apenas clareaba el día vimos los primeros algarrobos y me provocó arrecostarte a uno de ellos, o a un araguaney manque fuese. Se oyeron a lo lejos los arrendajos.

Y ahí fue cuando conocí Soledad.

Había chigüiros, lapas y acures. Sintiéndote en mi corazón me quedé en La Encaramada, no sé por qué me acordé de vos y ahí me bajé. Más adelante estaba El Hueco, pero ya era mucho decir.

Estaba fresco, pero ya llevaba los calzones sudaos.

Soledad, me dije.

Todo me acordaba de vos, la burriquita y el mare mare. Sentado en la plaza suspirando por vos, alguien me dijo:

—Andá pa’ Mamo nuevo y Mamo arriba.

Esperé la noche a que pasará el autobús de regreso y me vine de revuelta.

Al pasar vi el cartel de Las Mochilas. Pero ya traía sueño.

 

EL MORRALITO TRICOLOR


 

Verga, tenía años detrás de un morralito tricolor y por fin me puse en uno. Hasta el compadre Donald Trump tiene uno y yo no.

Cuando Neil Armstrong, allá en 1969, bajó del modulo lunar y puse el ñame sobre la superficie lunar llevaba a cuesta un morralito tricolor, fíjense bien. Se ve clarito, lo que pasa es que la foto es medio en blanco y negro y no se ve bien el morralito.

Incluso se dice que cuando el Moisés dividió las aguas de no sé qué verga llevaba el morralito tricolor. Es decir que el morralito del coño tiene pedigre. Se han conseguido vestigios del mismo en las excavaciones de la tumba del Tutankamón, se rumorea que el morralito estaba entre las pertenencias más apreciadas del Tuta. Y estamos hablando 1342 años antes de Chucho.

En la cultura Olmeca y Azteca también se han conseguido ciertas representaciones del morralito. Se dice que la Serpiente Emplumada tenía uno.

Y el único guevón en este planeta que no tenía una verga de esa era yo. Ya lo tengo.

El bendito es identificador, eso tiene un nombre en la lógica y en la filosofía del lenguaje pero ahora no me acuerdo. Porque si uno ve a un carajo, digamos por lo menos a una cuadra de distancia, que viene con un morralito tricolor, lo primero que uno piensa es que:

—Allá viene un comemierda o, en su defecto, allá viene un guevón.

Eso es inmediato, podríamos decir que es una reacción fisiológica.

Ahora bien, estuve revisando el morralito porque lo conseguí y ya estaba medio sucio, tal y cual cómo yo lo quería. Está en su punto. Como mandao a hacer. Y tengo que decir que el coño e madre está bien hecho y bien diseñado. Y no es para jalarle bolas a estos mamertos de mierda.




El morralito, además, de hincharle las pelotas a la gente ha sufrido la desgracia de todos los morrales escolares que han regalado los gobiernos de este estero. Porque los adecos, creo que en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, regalaron un morral, cuya función era ser un morral escolar, lo mismo que el tricolor. Aquel era azul con las letras blancas “ME” estampadas, que quería decir Ministerio de Educación.

El destino de ese morral fue que los obreros de la construcción lo utilizaban para llevar la vianda o la botella de ron. Toda construcción pública o privada estaba llena de esos morrales. Porque al niño le compraban un morral del Hombre Araña o de quién coño fuese, y a la niña el de la Barbie.

Y esos morrales eran para la clase baja, pobre, pela bolas, el proletariado.

Pero, así era la verga, decía Juanga.

La misma vaina pasa con el morralito tricolor, cualquier coño e madre incluido yo, cargamos con un morralito de esos. Menos el escolar. En el Metro, en las busetas quienes llevan esos morralitos son los obreros, no los párvulos.

Tienen que estar muy pelando bolas para que lo usen. Es una verga  arrecha, diría Marx refiriéndose a las contradicciones del capitalismo.

Entonces cuál es la guevonada de la clase necesitada, si compran un morral de 15 o 20 dólares y no usan el morral escolar que regala el gobierno.

Apartando esa vaina del discriterio político.

El morralito ya lo tengo, así que cuando vaya para Carapita y zonas aledañas puedo ir tranquilo.

¡Azucar!


jueves, 2 de noviembre de 2023

EL FLIPBOOK


 

Siempre había diseñado unos libros que me costaba una bola y parte de la otra diseñarlos, buscaba cualquier manera: en Word, en PowerPoint. Y era medio jodido hacerlo, porque la verga esa se des-configura todo si uno pone la cagada más grande.

Conseguí el programa Scribus, que es gratiñan, y ahí voy. Medio diseñé un libro y lo dejé a medias en el proceso porque me falta una información, y no tenia mucho apuro.

Empecé el segundo y a éste sí le di matarile con yerba. De una sola sentada lo hice, claro tenía el contenido y las imágenes ya listas desde hacía rato. Tampoco la verga es como pelar mandarinas.

Si cualquier diseñador gráfico ve el texto, va a decir que es una rolitranco de cagada el diseño y con razón. Porque tiene errores de diseño, y yo no sé un coño e madre de tipografía, ni nada de un coño. Yo voy diseñando esa vaina a ojo de buen cubero, a tontas y locas.

Total, ningún vergajo me lo ha encargado que lo haga, lo hago porque me sale del mismísimo forro. Pero debe quedar lo mejor posible, eso sí. Ahora con este programa resulta un pelo más fácil maquetear la verga esa.

Mirá, me lo acarameleais.

Ni guevón que fuese, agarré como modelo un libro de la editorial Taschen —Bauhaus— que son los chivos que más mean en esa vaina, y me copié cómo hicieron su vaina. Estuve estudiando el libro y vaina, no hay que ponerse con muchas mariqueras, hay que ver a los papás de los helados.

Después de diseñado el texto, me puse a ver cómo se hace un flipbook. Esa verga de que las páginas pasan como si fuese un libro, a esa vaina me refiero. Y lo hice con una página online, no se ve mal el coño e madre, mete la cova. Alábate pato que el sábado te mato.

Toda esa verga la aprendí de los estudiantes de la universidad donde di las cagadas de clase que daba. Oyéndolos decir sus vainas de diseño y a veces preguntándoles guevonadas. Era gente amable, siempre daban sus ideas y ya sabían su oficio.

Aunque a veces provocaba matar a esos coño e madres, por despelotados.

Así va la verga hasta este momento, cuando me toqué diseñar el de las muñequeras le voy a meter la yuca. Que ya lo tengo montao en el sartén.


martes, 31 de octubre de 2023

“ECOLGANTES”: COLOR, GEOMETRÍA Y SENSIBILIDAD. CONVERSA CON BEATRIZ ADRIANA HURTADO SANABRIA

 


Ya son veinte (20) años en el mundo de la joyería y la orfebrería. En estos años[i]:

Tenemos en nuestro haber estudios de joyería y orfebrería. Incluso antes de entrar a la Escuela Cristóbal Rojas ya estudiaba con un joyero en el Centro de Caracas, el cual elaboraba los cáliz de las iglesias. Este joyero hacía grabado, repujado, un joyero de muy amplia trayectoria, pero al cual solo lo conocen en el mundo de la joyería. Lo cual no es nada extraño, ya que ésta es una particularidad de los joyeros, el conocerse solo entre ellos, pero no fuera del mundo de la joyería. Somos muy ensimismados, es la verdad.

Esta experiencia fue un aprendizaje pragmático, una praxis sobre las técnicas de la joyería.

Después de ese aprendizaje entré a la Escuela Cristóbal Rojas, donde estudié Artes del Fuego con el maestro Fenier Pérez y con la maestra Maricela Morantes, de los quienes aprendí el oficio de artista. Pues, como sabemos tanto la orfebrería como la joyería pertenecen a las Artes del Fuego, asimismo, el vitral y la cerámica.

En el hacer de joyera-orfebre tenemos, primero, el trabajo de la orfebrería escultórica a través del cual me identifico plenamente como artista. Segundo, el trabajo de joyería, en el cual hago diversos trabajos para distintas marcas y diseñadoras, de éste no me llevo ningún crédito, pero del mismo vivo; porque los joyeros, como dije antes, somos artistas anónimos para el público en general, aunque que sí conocidos y reconocidos dentro de ese mundo.



Tercero, el proyecto “Ecolgantes”, que es mi marca y la propuesta artística que vengo desarrollando desde el año 2015, éste consiste en el re-uso de láminas de aluminio, hasta el momento solo con este material. Aunque está en los planes de la propuesta de “Ecolgantes” experimentar con el re-uso de otros materiales que se prestan al trabajo de la orfebrería urbana.

Como vemos tengo tres vertientes con las cuales es posible presentar un proyecto o propuesta expositiva. Las mismas se pueden mostrar de manera separada o secuencial; o exponer las tres vertientes en un proyecto conjunto o común, como es el caso de “Ecolgantes”. El cual es capaz de reunir las dos disciplinas —orfebrería y joyería— con la propuesta del re-uso de las láminas de aluminio.

En el caso del proyecto “Ecolgantes” es posible trabajar la orfebrería escultórica, la joyería urbana y cualquier otra propuesta artística dentro de las Artes del Fuego.

Por otra parte, es necesario plantear el tema de la exposición, el discurso que hace coherente una museografía o museología, no sé. Porque el trabajo técnico, esto es, la elaboración de las piezas siempre se lleva su tiempo y tengo que calcularlo yo.

En el sentido plástico o artístico, el proyecto “Ecolgantes” tiene en su raíz dos fundamentos esenciales: Primero, lo geométrico; segundo, el color. Pues ya antes de plantear “Ecolgantes” he venido desarrollando un trabajo de color y de geometría en la orfebrería y la joyería. El cual, de cierta manera, tiene afinidad con los postulados y el trabajo del maestro Cruz Diez. Esto lo he planteado tanto en la elaboración de  piezas utilitarias como en las piezas expositivas o contemplativas.



Ahora te comento que la propuesta, el proyecto artístico “Ecolgantes” tiene la virtud de ser un proyecto casi accidental, una serendipia, podríamos decir. Pues esta propuesta la he llevado adelante más por curiosidad que por un rigor metodológico. Pero esto es importante, porque es parte de mi búsqueda artística, y en toda indagación aparecen cosas de manera colateral o fortuita que con el tiempo asumen forma y vida propia. Y esto ha sucedido con “Ecolgantes”. Pues hasta el uso del color en esta propuesta ha sido, de alguna manera, accidental.

En esta medida, de lo accidental, puedo decir que en el proyecto “Ecolgantes” hay una espiritualidad, en el sentido que lo expresaba Kandinski. La cual se ha manifestado en esa manera no racional de haber llegado a esta propuesta, y por la manera que la misma se ha venido desarrollando más allá de una racionalidad.

Fíjate, la joyería y la orfebrería son un trabajo más riguroso, más artístico. Por ejemplo, la orfebrería escultórica habla más de mí, de mi esencia, de mi trabajo artístico, es como algo más interno de mi persona. Este trabajo —el de orfebrería escultórica— es más triste, más oscuro. Porque allí expreso mucho de mí tristeza, de mi sufrimiento y de mi oscuridad, por eso es una expresión intima para conmigo misma. Que es mi normalidad, mi hablar conmigo misma.

“Ecolgantes”, por el contrario, es como mi alter ego, de alguna manera es esa expresión que tengo con y hacia el mundo exterior. “Ecolgantes” es una propuesta más feliz, porque los colores y la geometría están involucrados de otra manera, es como un abrirme al mundo. Es otra manera de expresarme, en verdad.

Por supuesto, que como trabajo artístico es un todo, a través del cual manifiesto una sensibilidad, que es lo común y lo que comparto en todas las vertientes de que he señalado.

Con “Ecolgantes” experimento permanentemente con el re-uso del aluminio principalmente y con otros materiales, en menor medida. Porque este proyecto empezó con el re-uso experimental de las latas de aluminio. Experimenté al principio con el reuso de las latas de refrescos, pero el problema con estas láminas de aluminio es que son de un calibre muy fino, de muy poco espesor. Por eso he optado por otras láminas de un calibre de mayor espesor, el cual es más adecuado para hacer mi trabajo.



Este re-uso del aluminio coloca a mi propuesta de joyería-orfebrería en el campo de lo ecológico. Por lo que puedo decir, que el mismo está en sintonía con la preocupación por la preservación y cuidado de las condiciones de la pervivencia del proceso civilizatorio.

Es una propuesta ecológica en el campo de la orfebrería escultórica y la joyería urbana. Pues no utilizo materiales nobles, por ejemplo, oro o plata, sino materiales que ya han tenido una historia y ahora adquieren un nuevo relato artístico, sea utilitario o expositivo. En sentido, considero que “Ecolgantes” es un propuesta amplía, que no se queda solo en lo utilitario, es un proyecto artístico y como tal tiene la característica de que también puede ser para la contemplación, para la experiencia estética.

“Ecolgantes” está fundamentado en el color, la geometría, en el reuso del aluminio, bajo la técnica de las Artes del Fuego en tanto es una visión artística, es decir, una concepción estética. Por eso esta propuesta está más allá de un mero trabajo artesanal, que sí lo incluye. El mismo es un proyecto artístico de mayor dimensión y proyección.

Esta propuesta es una experimentación, una búsqueda estética. En la cual propongo hacer que el material de re-uso se devele en un discurso plástico, sea una manifestación sensible y produzca una apertura al mundo de las experiencias artísticas. Al hacer uso de los aspectos que antes mencioné.

En este aspecto, como en todo proyecto, van apareciendo ideas, van apareciendo cosas por hacer, ya que no es proyecto concluido sino que se va haciendo, está en elaboración y se va nutriendo día a día. Ya que tengo mucho que decir, mucho que expresar en el campo de las Artes del Fuego. Y “Ecolgantes” es esa voz hacia el exterior, que sin querer ha hecho que llame la atención sobre mi trabajo de orfebre, que era lo último que yo pensaba que podía suceder.



La primera sorprendida con los resultados del proyecto “Ecolgantes” soy yo. La gente ha tenido mucha receptividad con el trabajo elaborado hasta el momento, que en su mayoría son piezas de joyería y orfebrería urbana, piezas utilitarias. Hay nuevas ideas que apuntan a la elaboración de piezas expositivas de la orfebrería escultórica, éstas son partes de la búsqueda que permanentemente estoy haciendo.

Caracas, Venezuela, octubre 2023

Obed Delfín

Investigador





[i] Conversa sostenida con la artista joyera-orfebre Beatriz Adriana Hurtado Sanabria el día 09 de octubre del 2023 en Caracas, Venezuela.


sábado, 28 de octubre de 2023

VICENTE Y QUINTA CRESPO


 

Iba embalao para la estación del Metro de Sabana Gay cuando de pronto alguien se acerca muy sutilmente y me dice:

—Abuelo.

Me detengo y miro a la persona, y era el viejo Vicente. Parece un rastafari viejo. A Vicente lo conocí por allá en el año de 1984, acababa Vicente de cumplir el servicio militar, tendría él unos 20 años. Era peleón el carajo, un hombre fuego. No le comía cuento a nadie para caerse a coñazo limpio con quien fuese. Pero buena gente el muérgano.

Siempre nos llevamos bien, nos tratamos con respeto y aprecio mutuo, hasta el día de hoy.

Me dijo que anda jodido de la ciática. Yo pensé que era alguna china que lo había jodido o le había arreado un palazo por una canilla, porque anda renqueando. Me contó que varios panas, entre ellos Memo, habían muerto. Le di lo que tenía en efectivo para que bajara para Carayaca, para El Litoral.

Nos abrazamos y nos despedimos.

Uno nunca sabe si se volverá a ver.

Bajé al metro y me fui a Capitolio, rumbo a Quinta Crespo. Debe ser un karma, o algo semejante. Voy a tener que ir a un psicoanalista a ver que quevonada me dice, nada interesante seguro.

Es que ir a Quinta Crespo es como ir al Golgota. Tienen razón quienes desprecian esa vaina, es que se ve cada mierda. Pero resulta interesante, al contrario de esas urbanizaciones insípidas y desvaídas. Acá fluye la inmundicia, el género humano en su esplendor.

Tenía que comprar yemas y queso, porque no tenía nada. Y café de Biscucuy para llevar para la Ítaca laboral. Las yemas están otra vez caras, ya a están a 100 simones, el medio cartón.

Iba por la avenida Baralt mirando a ver dónde vendían las yemas más baratas, porque varían de precio tres pasos más allá o tres pasos más acá. Vi una muchacha guapa que vendía y le pregunté:

—¿A cómo está el medio cartón?

—A 87,50, mi viejo. Me dijo ella.

Yo le repliqué:

—Mi moza, mi Dulcinea del Toboso, cuando venga de José Revuelta te compro ese medio cartón.

Y seguí pa’lante.

Compré los 100 gramos de café, medio kilo de queso y me metí al Mercado del Compadre que mataron en La Mata Carmelera. A comprar comino, que la vez pasada se me olvidó. Comprando el comino, me acordé del Bicarbonato de Sodio y compré una ñingita.

Una muchacha, de ahí del mercado, me había comentado, unos meses atrás, que el gobierno tenía controlado la venta del bicarbonato porque los mariguanos lo estaban usando para rendir la droga. Lo que se están es metiendo por esa nariz es bicarbonato de sodio parejo, se van a inflar como una torta casera.

Compre mi verga y me regresé por donde había ido. Y, por supuesto, of course se dice en inglés para los entendidos, pase por donde la Dulcinea del Toboso y compré el medio cartón de yemas, por no tener mucha confianza no nos quisimos ni abrazar ni despedirnos con algún besos furtivo. Ni siquiera un requiebro de amor.

Me vine de regreso para la Pequicueva. El Metro venía traqueteando, si llega a Petare es de verga pensé yo. Me bajé en Sabana Gay y sin novedad en el frente.


viernes, 27 de octubre de 2023

HOY CAÍ EN CUENTA


 

Hoy caí en cuenta de una verga, porque me senté a conversar con una pana allá en la Ítaca laboral.

Conversando con este pana le decía que en mi puta vida yo había trabajado en la administración pública, que esta era la primera vez. Porque desde 1993, hace treinta años, yo he trabajado por mi cuenta.

Lo que uno llamaba antes, si la vaina iba más o menos, matar tigres. Y si alguien preguntaba, de asomao, qué estaba haciendo uno; uno le decía que andaba con la escopeta al hombro, por si salía un tigre para matarlo.

No como estos maricos tristes de ahora que se la pasan con esa guevonada del emprendimiento, de los emprendimientos. Parranda de vergas, esa verga se llama matar tigre, así lo bautizaron los helenos hace unos 2.500 años antes de Chucho. No sé cómo se dice matar tigre en griego, tengo que averiguar.

Si uno estaba matando tigres y la vaina comenzaba a ir bien y de bien a mejor, uno decía que estaba en el ejercicio libre de la profesión. Porque estaba entrando una fuerza de manera pareja. He ahí la diferencia entre una verga y la otra. Uno le daba status al matar tigres, verga de la ontología.

En este hablar guevonadas en la Ítaca laboral, medí cuenta de que yo no puedo trabajar al 70%, al 60% de mi capacidad laboral. No, nada de esa pendejera. Yo trabajo al 100%, porque después de 30 años no lo puedo hacer de otra manera.

Porque cuando uno está en el ejercicio libre de la profesión, o como diría el coño e madre de Kiyosaki, que uno es un auto-empleado; uno tiene que trabajar al 100%, porque no tiene a quien echarle la culpa si una verga en el trabajo sale mal. Solo está uno haciendo esa vaina y al cliente le vale verga si uno hace algo mal. El cliente lo que quiere, y para eso lo contratan a uno, es para que uno le resuelva el asunto por lo que le están pagando. No para oírle ningún yanten.

Al cliente, lo demás le vale madre. Les resbala por los cojones. El quiere que el dinero que él pagó de buenos resultados.

Uno está forzado a hacer el trabajo bien, porque el trabajo es la tarjeta de presentación. Y por eso es que de mi pueden decir lo que les venga en gana, de coño e madre pa’ bajo;  pero si dicen alguna mierda de mi trabajo me arrecho y les puedo reventar la jeta. Porque mi trabajo lo hago bien, para que nadie hable guevonadas.

Desde el trabajo de arquitectura, el del mal profesor que fui, y las investigaciones filosóficas que hago. Esa verga las hago bien. Para que no venga ningún comemierda a hablar guevonadas.

Son 30 años del ejercicio libre de la profesión en la arquitectura. La impronta queda, y no me la puedo quitar de encima porque ya estoy habituado hacer mi trabajo lo mejor posible.

Por eso no me contamina el síndrome del empleado público, que se echa las bolas al hombro para hacer el trabajo a los coñazos.

Dudo que pueda cambiar en mi forma de trabajar, porque, además, siempre hay algunos rugidos por la calle y de esos uno está pendiente. Y la carabina, por mera costumbre, siempre está montada en el hombro.