jueves, 13 de agosto de 2015

IDENTIDADES Y PLURICULTURALIDADES EN NUESTRO PENSAR-HACER: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Al hablar de nuestros haceres en comunidades pluriculturales tenemos que plantearnos espacios de derechos y deberes mutuamente compartidos. Ya que en condiciones de justicia e igualdad podemos llegar a plantearnos la integración entre nuestras diversas posiciones o puntos de vistas; donde cada persona tiene la posibilidad de oponerse a la asimilación que, muchas veces, encierra la propia integración. En este sentido, el discurso de la integración es insuficiente.

Será más conveniente, entonces, plantearse la posibilidad de construir comunidades integradas e integradoras; y no la construcción de comunidades de integración que involucran personas o grupo social o cultural que no se integran. Esto implica re-definir nuestra visión personal e interpersonal, sea ésta social, laboral, económica…; consiste en re-definirnos los tipos de comunidades en la que actuamos y en la que queremos actuar. Cuando me refiero a comunidades, me refiero a los ámbitos en que nos desenvolvemos diariamente. 

Para una re­-definición adecuada debemos adquirir una plena idea de nuestras comunidades; ya que así tendremos la posibilidad de acceder a su contexto cultural e incidir culturalmente en ese contexto que habitamos. Esto es lo que Armengol denomina «democracia cultural»; donde se asegura a cada uno de nosotros seamos sujetos activos de producción cultural, y podamos ejercer esa producción con libertad, responsabilidad y autonomía. Esto es, donde cada uno de nosotros podamos conducir nuestra cultura y nuestra vida con respeto a nuestra propia identidad cultural; y por supuesto, con respeto por la identidad cultural de los otros. 

Lo opuesto, es cuando asumimos bienes culturales que son elaborados y proporcionados por otros, y que consideramos que son nuestros. Los cuales, muchas veces, son elaborados por otras relaciones de poder, que son comercializan y que nosotros demandamos por la constante acción publicitaria.

Cuando las relaciones pluriculturales son producto de nuestros haceres tendemos a considerar las comunidades como lugares de encuentro, de intercambio. Desde este punto de vista, vislumbramos nuestras comunidades como espacios de reflexión; donde la comunidad no es solo un lugar de adquisición, de clasificación, de contemplación. Ahora es un lugar de hacer e intercambio ciudadano, es decir, de producción personal y social.

Nuestras identidades y pluriculturalidades pasan a convertirse en elementos de aprendizajes, en el marco de un aprender permanente y pluricultural de primer orden; de este modo nuestras relaciones social se convierten en espacios de recreación estética. Nuestros patrimonios culturales son, a la vez, nuestros y de los otros; a todos nos pertenece, por lo cual participamos en su producción, promoción y gestión. Esto es importante tenerlo en consideración, ya que hay momentos en que nuestras identidades se pueden volver difusas, y asumir características diferenciadoras y excluyentes.

En este sentido, la participación socio-cultural fluye abiertamente al hacer uso del asociacionismo, lo que nos permite desarrollar labores de atención, de asesoramiento, de orientación, de acompañamiento mutuo. Debemos reconocer, que en la práctica, muchas veces esta asociación entre las personas carece de medios para alcanzar resultados a adecuados a sus propósitos generales; lo que no le permite resolver inicialmente sus asuntos cotidianos. Esto, por supuesto, requiere un aprendizaje cooperativo.

Plantearnos la cuestión de la participación social como formadora de nuestras identidades no es nada extraño, pues ya estamos ella. Nos desenvolvemos en diversos ámbitos durante  nuestra vida, y éstos son nuestras comunidades, las cuales van modelando nuestras identidades y éstas son pluriculturales. En estas comunidades formamos vínculos sociales, vínculos afectivos que presiden nuestras las relaciones mutuas y articulan nuestro de ser de afuera y de adentro.

Consideramos que nuestras identidades son formadas al compás de las comunidades a las que pertenecemos, y éstas son un espacio que propician nuestra participación cultural, son un elemento multiplicador de nuestro pensar-hacer. Creemos que esa pluriculturalidad reflexiva contribuye a generar la tolerancia, fomenta el respeto y la atención a la diversidad. Por lo cual, los diversos ámbitos en que nos desenvolvemos deben ser apreciados como espacios de aprendizaje multidisciplinario e intercultural.

El interés por nuestros ámbitos de vida debe estar en función de nuestras necesidades culturales, necesidades que debemos satisfacer y ser el resultado de una visión del mundo. De esta manera, conseguiremos que nuestra vida personal y social sea un importante factor de dinamización cultural en las comunidades en las cuales intercambiamos con el otro. En esos ámbitos debemos buscar nuestras identidades, nuestras raíces y la comprehensión del mundo que nos rodea. Esto es importante porque, en última instancia, nos acerca a nosotros mismos.

Somos una construcción intercultural susceptible de ser modificados. Es necesario producir comunidades con enfoques pluriculturales. Debemos comprender que tenemos referentes culturales, visiones del mundo, expectativas, creencias y significados diversos; en muchos casos, encontrados. Los cuales influyen en nuestro aprendizaje, en los procesos y en los resultados de nuestra vida.


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martes, 11 de agosto de 2015

EL SÍNDROME DE SOLOMON Y LA ESTRUCTURA DE NUESTRAS RELACIONES: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Conocido es el estudio realizado por Solomon Asch, en el cual muestra la solidaridad automática que, en muchos casos, desarrollamos ante la opinión del grupo al que pertenecemos, o con el cual estamos involucrados en algún ámbito de nuestra vida. Lo solidaridad, en tal caso, se da por diversos aspectos; en todo caso nos integra y nos hace participar de lo social. Es una forma natural de ser social, lo que hasta un cierto límite es aceptable.

En este proceso de solidaridad puede estar presente nuestra identidad social, a la cual no queremos renunciar; e incluso puede estar, de por medio, nuestro temor al aislamiento social. En uno u otro caso, dejamos por fuera otros muchos, cambiamos nuestras decisiones, pensamientos y comportamientos para permanecer o formar parte de un determinado grupo social; éste puede ser de cualquier índole, por ejemplo, laboral, escolar, de afición a un deporte… Con ello, formamos parte y somos parte de ese grupo en el que queremos estar.
 
Indudablemente, aquí tenemos en mente casos donde nuestra opinión se ajusta por conveniencia a un determinado grupo social, y en eso consiste a grandes rasgos el «síndrome de Solomon». Casos donde nuestras identidades corren riesgo de no amoldarse a un tal grupo, o donde modificamos nuestra opinión para no ir a contra corriente de la opinión de los demás; para no ser un salmón recordando a Calamaro. 

          La situación parece muy sencilla, y podemos decir «no tengo nada que perder, para que voy a llevarle la contraria a los demás», «esto es parta salir del paso». Y es cierto, muchas veces preferimos darle la opinión o coincidir con el otro para no entrar en un conflicto banal. Algo así como cuando en una reunión nos toca un borracho o alguien impertinente, allí preferimos salir del paso dándoles la razón; en este caso tenemos una actitud prudente, que muchas veces es recomendable. 
                       
         No obstante, en otros casos la situación no es la descrita en el párrafo anterior, es decir, no asumimos una actitud para salir del paso. Sino que nos mimetizamos en las opiniones o comportamientos de los otros; porque queremos ser parte de ese grupo o no queremos ser rechazados por tal grupo o persona. Acá nos es una cuestión de actitud prudente, sino de abandono de nosotros mismos.  

           Este abandono de nosotros mismos, no es una acción pensada o deliberadamente elegida. Nos vemos forzados a ella. Causas externas e internas nos conducen a esta situación; que no elegimos sino, que cuando nos damos cuenta, nos encontramos en ella. Y muchas veces tampoco nos damos cuenta que estamos en ella, porque nuestros sentidos, nuestro pensar ya no nos pertenecen. Nos hemos enajenados en el otro.      

           Esto comienza cuando nos dejamos influir y arrastrar, permanentemente, por el ser y hacer de los demás. No oponemos resistencia a lo externo, porque no hemos desarrollo fuerzas para ello. Así nos vamos entregando, cada día, al abandono de nuestro pensar-hacer. Muchas veces esto es algo tan natural en nosotros que logramos percibir esta situación, hasta que algo en ella se hace insoportable a nuestra condición humana y entramos en un vértigo existencial.   

En otras situaciones, llegamos a saber claramente que estamos entregando nuestro pensar-hacer; y lo hacemos por miedo a equivocarnos ante los demás, a hacer el ridículo o ser el elemento discordante del grupo. Somos, en estos casos, blandengues con nosotros mismos, cobardes a la hora de tomar una posición personal y nos dejamos  arrastrar la opinión del grupo. No sabemos distinguir entre asumir una posición personal y el miedo a quedarnos aislados. A la larga, mantener una posición vertical sobre nuestras convicciones nos genera el respeto de los demás; esto no quiere decir que debemos ser unos tozudos.   
  
El hecho de defender nuestras convicciones, nuestros juicios entendiendo que éstos son nuestras interpretaciones del mundo; y estar abiertos a aceptar las interpretaciones de los demás, nos permite entender que somos seres interpretados.  Que estamos condicionados por y en nuestras relaciones con los otros. Que no somos seres únicos y originales. Que, por el contrario, somos compendios, palimpsestos de otros y de nosotros mismos. Que somos, a la vez, seres individuales y seres sociales. Que nuestra libertad se da en medio de circunstancias y entre condiciones prácticas de la vida cotidiana. Esto nos lleva a decidir nuestro propio camino en medio de acciones prácticas que configuran nuestra vida.

Lo que no podemos permitir es que otro tome las decisiones que nos corresponde a nosotros tomar. O que otro determine nuestro comportamiento, o que adoptemos comportamientos que no son nuestros arrastrados por miedos y temores a lo social. Porque terminaremos siendo «otro ladrillo en la pared» como decía la canción de Pink Floyd.


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miércoles, 5 de agosto de 2015

NUESTRO PENSAR-HACER Y LA TEORÍA DE LAS VENTANAS ROTAS: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Establecer relación entre nuestro pensar-hacer y la teoría de las ventanas rotas es importante, porque nos lleva a considerar permanentemente la responsabilidad que tenemos de este ser que somos. Como es bien sabido, la «teoría de las ventana rotas» apunta al hecho que cuando no se atienden las cosas cotidianas éstas se deterioran y este deterioro produce, a su vez, un efecto de cascada sobre el entorno.

            Cuando en nuestro pensar-hacer cotidiano comenzamos a descuidar o no atender las cosas de cada día, iniciamos un alud de acontecimientos en nuestro entorno que terminaremos por estar en las consecuencias acotadas por la teoría de la ventana rota. Esto lo podemos hacer por descuido, hastío o por cualquier otra razón, pero los efectos serán los mismos; es decir, nuestro pensar-hacer y nuestro entorno se convertirán en algo deteriorado.       

            Nuestra «ventana rota» o «ventanas rotas» tienen muchas maneras de manifestarse, algunas comienzan por causas exógenas a nuestro pensar-hacer, éstas nos cuesta percibirlas. Ya que, somos empujados por diversos sujetos o factores a actuar en un estado de abandono y caótico. Son de consecuencias catastróficas, por decir lo menos. Por ejemplo, los entornos familiares que atropellan a los sujetos que en ella hacen vida, y causan todas esas ventanas rotas; los ámbitos gerenciales y corporativos mezquinos y altamente tóxicos que producen sujetos devastados.

            Otras «ventanas rotas» las producimos nosotros por causas endógenas. Éstas dependen de nuestra responsabilidad y no podemos andar achacándoselas a otros. A este tipo de «ventanas rotas» abocaré este artículo, porque competen a nuestras decisiones y actitudes ante la vida. En muchos casos, en nuestra adolescencia comenzamos un proceso de «ventanas rotas», la cual considero muy propias de esta etapa existencial e incluso necesaria. Pero que no pueden convertirse o arraigarse en actitudes permanentes. En la adolescencia descuidamos nuestros haceres, nos importan poco es verdad. Pero ya más entrados en la vida, esta actitud no puede continuar, porque generamos diversas relaciones externas; sean éstas sentimentales, laborales, familiares…

            Y en este conjunto de relaciones que vamos tejiendo nuestro pensar-hacer está plenamente implícito. Relaciones para con nosotros mismos y con  los otros. A veces permanecemos en actitudes de «ventanas rotas». Ya que no mostramos interés, por ejemplo, en los estudios y descuidamos ese hacer dando diversas razones para no asumir nuestra responsabilidad; o en el ámbito de trabajo achacamos nuestra irresponsabilidad aduciendo que nos pagan muy poco y por esa paga para que vamos hacer bien el trabajo que nos corresponde.     

            Estas «ventanas rotas» se van ampliando a nuestra vida intelectual, emocional, de relaciones interpersonales; y en éstas últimas las consecuencias son cooperativas, pues arrastramos a otros en el derrumbe y deterioro de nuestro entorno. En esa intrínseca relación entre lo individual y lo social, las «ventanas rotas» van deteriorando nuestra vida y la de los otros. Porque somos muchas gentes, como bien dice Rodolfo Páez.

            La desatención de nuestra vida y de nuestro entorno existencial es la causa de la proliferación de nuestras «ventanas rotas». Nos parece tan normal ese descuido que, muchas veces, hacemos alarde de tal. En otros casos, lo aupamos como una actitud favorable en función de nuestro pensar-hacer; luego no sabemos por qué las relaciones no funcionaron y fueron desastrosas, o por qué nuestra vida va en una constante caída.

            Nuestra vida se va «vandalizando» en la medida que incrementamos esa nuestra actitud destructiva de ventanas. En la medida que asumimos nuestro pensar-hacer con vista a un fin desfavorable a la vida personal y social, convertimos éstas en un vertedero de desastres. En el peor de los casos, cuando esta etapa destructora se incrementa llegamos a la violencia interpersonal con aquellos que hacemos vida; o tal vez sea mejor decir con aquellos con quienes estamos arrojados al des-vivir.

            En esta actitud hacemos de nuestro habitar una pesadilla. Pues ya no habitamos; solo somos un algo, un desinterés, una despreocupación. En este pensar-hacer reafirmamos y multiplicamos este tipo de anti-vida, que más que vida es ausencia de tal. Y la profecía auto-cumplida se hace realidad, nuestra existencia como lo habíamos pensados se materializa irremediablemente. Nos hemos atrapado en esas roturas y, aparentemente, cuando ya hemos roto la primera ventana seguimos sin darnos cuenta.

            Es necesario que nos demos cuenta que no podemos acumular ventanas rotas, ya que estoy genera deterioro en nuestras vidas. Así mismo, debemos ser conscientes que siempre las romperemos, ya que no somos perfectos. Debemos tratar de minimizar los daños y aprender, permanente, a reconstruir los efectos de tales roturas. Ya que siempre vamos a estar en esta dinámica del caos, porque debemos recordar que éste se realiza más rápidamente que el orden, es la entropía en la cual nos desenvolvemos. No obstante, es nuestra responsabilidad cuál actitud y acciones elegimos llevar a cabo.          


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jueves, 25 de junio de 2015

«ZONA DE CONFORT» O DE CONFORMISMO Y RESIGNACIÓN: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

La extraña llamada «zona de confort» es considerada un estado de comportamiento, en el que la persona se desenvuelve en condiciones de «ansiedad neutral», al hacer uso de conjunto de comportamiento que le permiten conseguir un nivel de rendimiento el que no hay ningún sentido de riesgo; según Alasdair White «From Comfort Zone to Performance Management». Por otra parte, se señala que la «zona de confort» es un estado de comportamiento cómodo, dentro de la cual una persona opera en una condición «neutra de ansiedad», al usar un conjunto limitado de comportamientos para realizar un nivel constante de desempeño sin sentido de riesgo.

Algo extraño, que exista un estado de confort en el cual la persona está en un estado de ansiedad, parece esto una contradicción. Aun cuando se hable de «ansiedad  neutral», algo por demás que contribuye a aumentar el desconcierto. Una persona ansiosa pero neutra es una contradicción. ¿Qué significará para White «comfort»?   

En otro ámbito, se habla «zona de confort» a un «conjunto de límites» que la persona ha terminado por «confundir» con el marco de su íntima existencia. En este sentido, la persona aparentemente está engañada consigo misma; ya que está confundiendo estados de su existir. Por otra parte, se indica que las personas en esta zona «han renunciado a tomar iniciativas que les permitan gobernar sus vidas». Podemos señalar que las personas no tienen su propio gobierno, son esclavas de alguien o de algo. 

Otro aspecto a considerar es que la «zona de confort» es un tipo de «condicionamiento mental» que una persona causa para «crear y operar las fronteras mentales que no son reales»; tales límites crean un sentido de seguridad infundada. La persona tiende entonces a permanecer en esta zona. Desde este punto de vista, el sujeto está enajenado con respecto a la realidad que lo circunda. Por esta razón, se refugia en una pseudo zona de seguridad con el fin de encontrarse cómodo con respecto a sus aspiraciones y no sentir presiones de ese entorno que le resulta agresivo.

La «zona de confort» se da en cualquier nivel socioeconómico, lo que genera formas particulares de «zonas de confort», pueden ser éstas individuales o colectivas. La diferencia radica en las aspiraciones y valores de las personas de cada nivel socioeconómico. No obstante, más que una zona de confort, eso parece de una «zona de conformismo» o «zona de resignación» para usar términos más adecuados. ¿Por qué se insiste en usar un término inadecuado?

Una tendencia señala que «permanecer en nuestra zona de confort es señal de conformismo, ignorancia, miedo, falta de confianza, falta de nuevas aspiraciones y falta de ambiciones». Todo esto acusa que lo que hay es un «estado de resignación y conformismo»; el cual puede estar oculto por capaz o pliegues sociales que lo mitigan. Además, se considera que «permanecer en zona de confort no es de ninguna manera positivo». Por lo que siempre se insiste que hay que salir de la «zona de confort», sin preocuparse del problema de los términos. Como si fuese ofensivo a White.   

            Puede parecer fatuo dedicar un momento al término «confort», pero es necesario. El diccionario indica que es un galicismo procedente de la palabra francesa «confort», que a su vez es un anglicismo procedente de la palabra inglesa «comfort». Es aquello que produce bienestar y comodidades, sensación agradable para realizar alguna actividad. Es una percepción de bienestar físico, mental y social.

Desde esta perspectiva, el desarrollo individual y social está vinculado con el nivel de confort que brinda el entorno donde se habita. El lugar debe ofrecer condiciones apropiadas para que los individuos y la comunidad se desarrollen; refiere esto a lo construido, el ambiente natural y las relaciones que en éstos se expresan y desarrollan. Es una necesidad para la salud física, psíquica y social. Y esto se logra con mucho trabajo y dedicación. Por ello, hablar de zona de confort de la manera que se ha expresado antes parece un contrasentido.

En este hábitat confortable se establecen vínculos sociales, y con el lugar se establece una «topofilia» de importante significación; este sentimiento representa un afecto en la constitución social y personal de los individuos, ya que establece una fuerte vinculación con la emoción social e individual. Pues el morar conforma un todo inseparable con el habitar y el pensar, lo que ofrece un verdadero estado de confort.

Estamos en una situación de confort cuando alcanzamos un estado de bienestar físico, mental y social. Que dependen de diversos factores personales y sociales; además de aspectos físicos que nos permiten tener comodidad con las personas de nuestro entorno. Los límites de las condiciones de bienestar varían según la edad, el sexo, el estado físico, los aspectos culturales y modos de vida, las prácticas cotidianas, las actividades que se desarrollan…

            Se puede reclamar que de esto no trata la «zona de confort» a la que alude White, y estoy de acuerdo. Pero hay una distorsión en el término y es lo que he querido hacer notar. ¿Por qué si he alcanzado una zona de confort quiero salir de ella? Cualquiera diría es absurdo, lo que deseo salir es de una zona de perturbación, o de este encontrarme en un estado de resignación y conformismo.

Ahora bien, este mercado del éxito plantea lo siguiente: «Una vez que llegamos a nuestra zona de comodidad, podemos tomar un leve descanso, pero hay que considerar que estamos en un escalón, y que existen otros escalones que subir». Ya no estamos en una zona de confort, sino que ésta está subsumida en «zona de presión» que empuja permanentemente al sujeto a nunca detenerse. El sujeto no tiene respiro. Está en la ansiedad del constante fluir, y esto último lo venden de manera muy linda. Para ello, recurren a Heráclito, quien dijo que «la guerra es la madre (padre) de todas las cosas».

Agrega este mercado de la permanente «zona de presión exitosa»: «existe gente que a base de trabajo y esfuerzo ha logrado llegar a una zona de confort. Eso es excelente, ya que significa que han cumplido sus aspiraciones. Lo malo es que cuando lleguen a esa zona, se queden ahí». Nunca te puedes detener, estás condenado a la «zona de Sísifo»; hago referencia al mito. Por último, «lo importante es recordar que nada en este universo es estático, y si uno no mejora, entonces va en sentido contrario». Ningún esfuerzo valdrá, porque en el momento que te detengas serás un perdedor. Según la «zona de confort» estás condenado.



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martes, 2 de junio de 2015

«A ESE LO CAMBIO YO» MUJERES AQUÍ Y AHORA: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

La expresión «a ese lo cambio yo» es muy común en mujeres veinteañeras que están iniciando el convivir o están de noviazgo con un hombre; no así en mujeres de más edad. Ya que a éstas últimas parece que las vivencias le han demostrado, por alguna vía, que eso parece no ser posible. Ahora bien, ¿por qué se persiste en este intento?  ¿A qué se debe esta aspiración veinteañera?

            La expresión en cuestión se tiende a expresar cuando el hombre hace alguna acción o acciones que «parecen» no gustar. Primero, tales acciones parecen no gustar a la mujer; segundo, las acciones parecen no gustar al entorno femenino de la mujer. Ante la crítica de tales acciones ¿Por qué se da esa solidaridad con el entorno femenino? ¿Por qué se hace esa declaración de cambiarlo?        

            ¿Qué influencia tiene el entorno femenino sobre el pensar de la mujer? Para que ésta se vea en el trance de prometer llevar a cabo tal acción. Acaso tal expresión ¿es solo un tropo de la conversación inter-femenina? Por otra parte, si la mujer gusta de un hombre o quiere a un hombre, ¿por qué ésta quiere cambiar al sujeto de su gusto o de su querer? ¿Qué hace que se sienta con el poder de transformar al otro?

            ¿Cuáles son las pulsiones que anidan en esta frase? La expresión debe tener una arqueología en la emocionalidad femenina. En el mejor de los casos, las mujeres terminan aceptando que ese hombre es así y no hay ninguna consecuencia que lamentar. En el peor, ya es otro cantar. Pero, la frase se repite, es algo cíclico. Propio de la observación de Úrsula Iguarán, quien veía que el mundo parecía que se repetía una y otra vez. 

            ¿Por qué se promete cambiar al sujeto? Incluso se dice con cierta arrogancia, para afirmarse ante los demás. ¿Hay acaso cierto atisbo de inseguridad? Y a ésta hay que exorcizarla invocando tal declaración. En muchos casos, creo que tal declaración es algo que se plantea en la conversación inter-femenina y ahí termina. Sin embargo, ¿por qué termina allí, si en verdad existe una molestia por las acciones del hombre? ¿Por qué no se aborda el tema con el sujeto en cuestión? Ya que es éste quien puede producir el cambio.    

¿Qué pretende, en verdad, la mujer que dice tal expresión? La piensa de manera reflexiva o tal frase es solo «un aliento de aire». O es una fanfarronada femenina, así como existen las masculinas. Algo que se dice al boleo sin ningún contenido. No obstante, la aspiración fallida de cambiar al otro conlleva a intensas decepciones, cuando la situación degenera en comportamientos violentos.    

Con respecto a la fanfarronada femenina, en muchos casos hay un mal manejo conversacional o comunicacional entre los implicados en la situación. No se sabe llevar a cabo un diálogo constructivo, por muchas causas. No estoy diciendo que la mujer no sabe realizar un diálogo constructivo, digo a los implicados. Porque un diálogo se hace entre dos. En el caso, de querer que una persona cambie una acción que realiza, es necesario hacer una «declaración de deseo»     

            ¿Se llega a hacer esta declaración? Y otra cosa ¿cómo se hace tal declaración? Porque puede ser que se haga, pero el cómo se hace influye es importante. Ya que puede ser que no sea una «declaración de deseo». Otro aspecto, la arrogancia es potestad de ambos sexos, si la declaración de «a ese lo cambio yo» tiene un acento imperativo, lo más probable es que haya un choque de personalidades. Otro aspecto a considerar.

            Retorno, a unas interrogantes iniciales. ¿Por qué la mujer se siente obligada a hacer esa declaración? ¿Qué le hace creer que tiene la potestad para cambiar a otro sujeto? La primera pregunta es una trampa entre el mundo femenino, porque hay algo que la hace que ella se comprometa ante éste. Incluso, sin que aparentemente nadie se lo haya exigido. Es una trampa porque parece una declaración de feminismo, está obligada a hacer tal fanfarronada. A darse importancia a sí misma, sin medir la dimensión de tal declaración.

               Además, la importancia de sí misma está mediada por el otro. En hacer una conquista como quien conquista un botín. En esta apuesta le va la vida, en muchos casos la apuesta es triste. Se compromete con el mundo inter-femenino no con ella, y aquí está la segunda trampa. Ahora no puede desistir de llevar a cabo el cambio que ha prometido, el orgullo está de por medio. El orgullo es mal consejero.  

            En medio de esta trampa, se persiste de manera ciega. «A trancas y barrancas». Se permanece en una declaración inicial irreflexiva, lo que no da cabida a la reflexión. En muchos casos, se persiste por tener una vida constituida por sentimientos que generan relaciones confusas. Y en estas relaciones confusas, el orgullo parece un adalid de salvación. No obstante, permanece la interrogante, ¿Qué hace que una mujer declare «a ese lo cambio yo»?     


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jueves, 28 de mayo de 2015

EL COMPORTAMIENTO HUMANO EN EL ÁMBITO ORGANIZACIONAL: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

La organización como sistema orgánico debe responder a los requerimientos y a las tareas que se desprenden de la línea de acción común. Por tanto, es necesario pensar qué organización es necesaria para alcanzar los objetivos y propósitos que se dan en conjunto. Hay elementos organizacionales que tienen carácter general y son similares en las diferentes organizaciones, esto se debe a que los objetivos perseguidos por las organizaciones comparten propósitos similares. Pero hay muchos aspectos orgánicos que son propios de cada organización e inherentes a su estructura organizacional y al personal en ésta se desempeña.

¿Qué es la organización, qué son las personas dentro de ésta? Una organización se define como un sistema de actividades conscientemente coordinadas, la cual está formada por dos o más personas. La cooperación entre las personas es esencial para la existencia de una organización, ésta existe cuando hay personas capaces de comunicarse, dispuestas a actuar conjuntamente para obtener un objetivo común. La disposición a contribuir con una acción en beneficio de la organización varía de una persona a otra. Esto indica que el sistema de contribución personal es inestable, ya que el aporte individual cambia enormemente; no sólo en función de las diferencias individuales, sino también en el sistema de recompensas que otorga la organización para aumentar la contribución de las personas.

Los componentes básicos del sistema organizacional son: 1) Estructura organizacional. 2) Especialización del trabajo. 3) Cadena de mando. 4) Tramo de control o tramo administrativo. 5) Departamentalización. 6) Centralización o descentralización en la toma de decisiones. Estos componentes definen la forma de la organización. La forma es sumamente importante porque influye sobre el trabajo de los individuos. Por ejemplo, una estructura muy vertical, con una larga cadena de mando y tramos de control corto no favorece el trabajo en equipo. Por el contrario, si se quiere incentivar el trabajo en equipo se necesita una estructura más horizontal. La estructura organizacional define como se dividen, agrupan y coordinan formalmente las tareas de trabajo.

Las organizaciones son, por otra parte, unidades sociales intencionalmente construidas y reconstruidas para lograr objetivos específicos. Existen dos tipos de sistemas de organización: 1) Sistema Abierto: Conjunto de elementos dinámicamente relacionados, en una interacción que desarrolla actividades para lograr un objetivo o propósito. 2) Sistema Cerrado: Tiene pocas entradas y salidas con respecto al ambiente externo, que son bien conocidas y guardan entre sí una razón de causa y efecto. No existe un sistema totalmente cerrado, ni uno totalmente abierto.

Las personas no pueden ser vistas como recursos que la organización consume, que utiliza y producen costos. Por el contrario, las personas constituyen un factor de competitividad, de la misma forma que el mercado y la tecnología. En este sentido, es mejor hablar de administración de personal con el fin de resaltar la administración con las personas como socios, y no sobre las personas como meros recursos. Desde esta perspectiva se destacan tres aspectos fundamentales: 1) Las personas como seres humanos profundamente diferentes entre sí. Quienes están dotados de una personalidad propia, con una historia particular y diferenciada, poseedores de habilidades y conocimientos, destrezas y capacidades indispensables para administrar de manera adecuada los recursos organizacionales. Esto es, las personas como personas, y no meros recursos de la organización. 2) Las personas no como meros recursos organizacionales. Sino como individuos impulsores de la organización, capaces de dotarla de la inteligencia, el talento y el aprendizaje para estimular la renovación y competitividad constante en un ámbito de cambios y desafíos. En este sentido, las personas son fuentes de impulso propio, y no agentes inertes o estáticos. 3) Las personas como socios de la organización, capaces de llevar a ésta a la excelencia y el éxito. En calidad de socios de la organización, las personas invierten esfuerzo, dedicación, responsabilidad, compromiso… para obtener ciertas ganancias, ya sean salarios, incentivos, crecimiento personal… Cualquier inversión se justifica si ésta trae un retorno significativo. Si el retorno es bueno y sostenible, se tiende a la inversión. De ahí la interacción entre las personas y la organización; de la actividad y la autonomía de las personas, que dejan de ser pasivas e inactivas. Es decir, las personas como socios de la organización.

En esta perspectiva se genera el respeto, la solidaridad, el buen trato, la honestidad y otros valores entre las personas que buscan lograr los objetivos de la empresa, se ofrecen resultados en un ambiente laboral provechoso para la administración. La personalidad no es una suma de atributos y caracteres fragmentarios. Es una estructura organizada que se denomina el yo, donde las distintas partes se condicionan e interactúan entre sí. Si se hallan en equilibrio interno, nos encontramos ante un individuo ajustado. Si la personalidad está en equilibrio con el entorno, se trata de un individuo adaptado. Si el equilibrio es tanto interno como externo, estamos frente a un individuo integrado.

¿Hay necesidad de identificar teorías del comportamiento humano? La conducta humana es el conjunto de comportamientos exhibidos por el ser humano, la cual está influenciada por la cultura, las actitudes, las emociones, los valores de la persona y los valores culturales, la ética, el ejercicio de la autoridad. El comportamiento de la persona cae dentro del rango de lo que es visto como lo común, lo inusual, lo aceptable o fuera de los límites aceptables. En sociología, el comportamiento es considerado como vacío de significado, no dirigido a otro sujeto. Por tanto, una acción esencialmente humana.

El comportamiento humano no puede confundirse con el comportamiento social que es una acción más desarrollada y que está dirigido a otro sujeto. La aceptación del comportamiento es relativamente evaluada por la norma social y regulada por diferentes medios de control social. Entre los factores que afectan el comportamiento humano está, en primer lugar, la actitud, en este grado la persona hace una evaluación favorable o desfavorable del comportamiento. Las actitudes tienen una enorme importancia social, ya que son compartidas por un número elevado de individuos. Las actitudes tienen las siguientes características: son aprendidas son relativamente estables, implican sujeto-objeto, pueden comprender muchas o pocas cosas, son motivadoras-afectivas. Una actitud puede ser la única motivación para ciertas acciones.

En el caso de las actitudes, ésta es la postura que adopta el individuo frente a una idea o acción, la tendencia a actuar de una manera determinada frente a una situación. Se puede definir como la predisposición constante y adquirida a reaccionar de un modo determinado en una situación determinada. Entre las actitudes tenemos: actitudes cautelosas, autoritarias, sociales y personales.

En el aspecto organizacional tenemos: 1) La actitud burocrática: Consiste en regirse exclusivamente por normas rígidas establecidas por los reglamentos de la institución, con lo que quedan a salvo la seguridad y su responsabilidad personal como jefe. Los hombres de esta clase tienen poco contacto con su gente por lo cual muestran escaso interés. Las comunicaciones son de carácter oficial y con frecuencia por escrito. 2) La actitud autocrática: Se caracteriza por motivar, principalmente la necesidad de asegurarse el prestigio y el poder. Los Individuos que actúan de esta forma tienen un gran concepto de su personalidad. Son tipos de carácter egocéntricos y que, en el fondo, solo buscan prestar servicio a su yo personal. El jefe autocrático exige una obediencia ciega de sus subordinados, cuyas necesidades y sentimientos no le interesan mayormente. 3) La actuación simpática: Tiene como motivación el interés por cada uno de los subordinados. Es una actitud casi paternal del jefe, quien trata de desarrollar en ellos sus potencialidades, estimula sus ambiciones de progreso y otorga recompensas adecuadas pero escapa de aplicar sanciones y castigos según los casos. 4) La actitud democrática: Se caracteriza por estar concentrado en el interés del grupo. El jefe democrático aspira el perfeccionamiento del equipo al cuál dirige. Se integra con él en forma igualitaria y solo le exige una sincera cooperación.

La norma social es la influencia de la presión social que es percibida por el individuo para realizar o no ciertos comportamientos. Tercero, el control del comportamiento percibido, esto es, las creencias que el individuo posee, las cuales hacen fácil o difícil la realización del comportamiento. Para explicar las causas del comportamiento se utilizan términos como necesidades, pulsiones, deseos, tendencias, objetivos, ambiciones, aspiraciones y otros. Sin embargo, la palabra más idónea es motivación, ya que un motivo es algo que empuja, que incita a la acción. A través de la sociedad cada individuo se adapta al ambiente social. Intervienen dos tipos de factores: 1) Los factores materiales: los elementos que rodean a las personas (casa, tierra, entorno económico). 2) Los factores humanos: constituyen todas las personas que rodean a cada individuo y le influyen de forma directa o indirecta. 3) Los grupos sociales, al ofrecer al individuo unos objetivos, proponerle unas metas que alcanzar, condiciona la percepción del sujeto.

¿Cuáles teorías del comportamiento humano se plantean? El ser humano constituye el nervio motor de toda organización. De allí la importancia que reviste, para cualquier estudio del fenómeno organizacional, el análisis de su accionar dentro de ella. Además, las organizaciones representan el contexto donde hombre y mujeres pasan, en función del cual viven, una alta proporción de su existencia, por lo que la significación social de la interacción ser humano-organización adquiere también un valor de relevancia. Desde el punto de vista organizacional, tal aserto es válido tanto para el director de una empresa como para el operario, pues ellos forman parte de una organización. En el desarrollo de su trabajo ambos tienen sus motivaciones, afrontan coyunturas agradables e inconvenientes o insatisfacciones, se relacionan con sus compañeros y colegas formando grupos. Todo esto se traduce en un comportamiento, ya sea individual o grupal, en pos de sus propios fines y de los objetivos de la organización.

El ser humano que trabaja en una organización tiene un determinado comportamiento organizacional. Tal comportamiento implica una selección de ciertas acciones, esta selección puede o no ser consciente y deliberada. Por ejemplo, cuando el individuo estudia un proyecto, analiza las mejores alternativas para llevarlo a cabo con éxito y elige una de ellas, evidentemente está actuando de una manera deliberada, con plena conciencia de lo que está haciendo. En cambio, muchas veces la selección es prácticamente automática, como en el caso del operario que maneja un equipo con total habilidad, que decide una acción tras otra en forma inmediata con la seguridad que le proporciona la práctica continua, pero virtualmente no piensa cuál es el próximo movimiento que debe hacer, es decir, decide inconscientemente.

Sea uno u otro, el comportamiento en la organización se halla condicionado por una cantidad de variables psicológicas. La interacción entre estas variables determina ese proceso de selección, que se traduce en el comportamiento organizacional. Dentro del campo del comportamiento organizacional se da la Teoría de las Necesidades, la cual consiste en la comprensión de la motivación, al identificar tres tipos de necesidades básicas de motivación. Éstas, entre otras, se clasifican en: 1) Necesidad de Poder: Las personas con una gran necesidad de poder se interesan enormemente en ejercer influencia y control. Por lo general tales individuos persiguen posiciones de liderazgo; son con frecuencia buenos conversadores, si bien un tanto dados a discutir; son empeñosos, francos, obstinados y exigentes, y les gusta enseñar y hablar en público. 2) Necesidad de Asociación: Las personas con una gran necesidad de asociación suelen disfrutar enormemente que se les tenga estimación y tienden a evitar la desazón de ser rechazados por un grupo social. Como individuos, es probable que les preocupe mantener buenas relaciones sociales, experimentar la sensación de comprensión y proximidad, estar prestos a confortar y auxiliar a quienes se ven en problemas y gozar de amigables interacciones con los demás. 3) Necesidades de Logro: Los individuos con una gran necesidad de logro poseen un intenso deseo de éxito y un igualmente intenso temor al fracaso. Gustan de los retos, y se proponen metas moderadamente difíciles (aunque no imposibles). Son realistas frente al riesgo; es improbable que sean temerarios, puesto que más bien prefieren analizar y evaluar los problemas, asumir la responsabilidad personal del cumplimiento de sus labores y les gusta obtener específica y expedita retroalimentación sobre lo que hacen. Tienden a ser infatigables, les gusta trabajar muchas horas, no se preocupan excesivamente por el fracaso en caso de que éste ocurra y por lo general prefieren hacerse cargo ellos mismos de sus asuntos.

¿Se plantean algunas teorías de la motivación? La motivación se define como la voluntad de ejercer altos niveles de esfuerzo hacia las metas organizacionales, condicionadas por la habilidad del esfuerzo de satisfacer alguna necesidad individual. Entre las teorías de la motivación, tenemos: 1) Teoría de la jerarquía de las necesidades: Fue ideada por Abraham Maslow. Quien señala que en el ser humano existe una jerarquía de cinco necesidades. Éstas son: 1.1) Fisiológicas: Incluye el hambre, la sed, el refugio, el sexo y otras necesidades físicas. 1.2) Seguridad: Incluye la seguridad y la protección del daño físico y emocional. 1.3) Social: Incluye el afecto, la pertenencia, la aceptación y la amistad. 1.4) Estima: Incluye los factores de estima interna como el respeto a uno mismo, la autonomía y el logro, así como también los factores externos de estima como el estatus, el reconocimiento y la atención. 1.5) Autorrealización: El impulso de convertirse en lo que es uno capaz de volverse; incluye el crecimiento, el lograr el potencial individual, el hacer eficaz la satisfacción plena con uno mismo.

Conforme cada una de estas necesidades se satisface, la siguiente se vuelve dominante. Desde el punto de vista de la motivación, la teoría indica que aunque ninguna necesidad se satisface por completo, una necesidad sustancialmente satisfecha ya no motiva. Así que de acuerdo con Maslow, si quiere motivar a alguien, se necesita entender en cuál nivel de la jerarquía está actualmente la persona, para enfocarse en satisfacer aquella necesidad del nivel que esté inmediatamente arriba. 2) Teoría X y Teoría Y: Douglas McGregor propuso dos posiciones distintas de los seres humanos. Una básicamente negativa, nombrada teoría X; la otra básicamente positiva, nombrada teoría Y. Después de observar el modo en que los gerentes trataban a sus empleados, McGregor concluyó que la visión del gerente acerca de la naturaleza de los seres humanos está basada en ciertas suposiciones de grupo. En consecuencia, éste moldea su comportamiento, hacia los subordinados, de acuerdo con estas suposiciones. De acuerdo con la teoría X, las cuatro premisas adoptadas por los gerentes son: X.1) A los empleados inherentemente les disgusta trabajar y, siempre que sea posible, tratarán de evitarlo. X.2) Ya que les disgusta trabajar, deben ser reprimidos, controlados o amenazados con castigos para lograr las metas. X.3) Los empleados evitarán responsabilidades y buscarán dirección formal siempre que sea posible. X.4) La mayoría de los trabajadores coloca la seguridad por encima de todos los demás factores asociados con el trabajo y mostrarán muy poca ambición.

En contraste con esta percepción negativa acerca de la naturaleza de los seres humanos, McGregor listó las cuatro suposiciones positivas que llamó teoría Y: Y.1) Los empleados pueden percibir el trabajo tan natural como descansar o jugar. Y.2) La gente ejercita la autodirección y el autocontrol si están comprometidos con sus objetivos. Y.3) La persona promedio puede aprender a aceptar, aún buscar, la responsabilidad. Y.4) La habilidad de tomar decisiones innovadoras se halla ampliamente dispersa en toda la población y no necesariamente es propiedad exclusiva de aquellos que tienen puestos gerenciales.

La teoría X asume que las necesidades de nivel bajo dominan a los individuos. La teoría Y supone que las necesidades de nivel alto dominan a los individuos. McGregor sostiene que las premisas de la teoría Y son más válidas que las de la teoría X. Por tanto, propuso tales ideas –la toma participativa de decisiones, los trabajos desafiantes y de responsabilidad y las buenas relaciones de grupo- como métodos que maximizan la motivación de un empleado.

3) Teoría de la Motivación-Higiene: Frederick Herzberg propuso la teoría de la motivación-higiene. En la creencia de que la relación de un individuo con su trabajo es básica y que su actitud hacia su trabajo bien puede determinar el éxito o el fracaso del individuo. Herzberg investigó acerca de ¿qué quiere la gente de sus trabajos? Pidió a la gente que describiera, en detalle, situaciones en las que se sentía excepcionalmente bien y mal acerca de sus trabajos. Las respuestas se tabularon y se separaron por categorías. A partir de éstas, Herzberg concluyó que las respuestas que la gente dio cuando se sentía bien en su trabajo eran muy diferentes de las contestaciones dadas cuando se sentía mal. Los factores intrínsecos (motivación), como el logro, el reconocimiento, el trabajo en sí mismo, la responsabilidad y el crecimiento parecen estar relacionados con la satisfacción en el trabajo. Por otro lado, cuando estaban insatisfechos citaban factores extrínsecos (higiene), como la política de la compañía y la administración, la supervisión, las relaciones interpersonales y las condiciones de trabajo. Cuando éstos son adecuados, la gente no estará insatisfecha; sin embargo, tampoco estará satisfecha. Si se quiere motivar a la gente en su trabajo, Herzberg sugiere enfatizar los factores intrínsecos, esto es, los de motivación. Aspectos que la gente encuentra intrínsecamente satisfactorios.

¿Cómo son las relaciones organizacionales y las personales? El ambiente de una organización está compuesto por aquellas fuerzas que potencialmente contribuyen o afectan el desempeño de ésta. Algunas organizaciones enfrentan ambientes relativamente estáticos, es decir, pocas fuerzas modifican en el ambiente. Los ambientes estáticos causan menos incertidumbre entre el personal de la empresa u organización. Puesto que la incertidumbre es una amenaza para la eficacia de una organización, ésta se trata de ser reducida al mínimo. Una manera de aminorar la incertidumbre es por medio de ajustes en la estructura de la organización.

Se han encontrado que hay tres aspectos para cualquier ambiente de una organización: capacidad, volatilidad y complejidad. 1) La capacidad de un ambiente se refiere al grado en que puede apoyar el crecimiento. Los ambientes ricos y crecientes generan un exceso de recursos que puede servir de amortiguador a la organización en momentos de relativa escasez. Por ejemplo, la capacidad abundante da margen para que una organización cometa errores, no así la escasez de capacidad. 2) El grado de inestabilidad de un ambiente organizacional se refleja en el aspecto de la volatilidad. Donde hay un alto grado de cambio impredecible, el ambiente es dinámico. Esto hace difícil pronosticar con precisión las probabilidades asociadas con diversas opciones de decisión. 3) La complejidad es el grado de heterogeneidad y concentración entre los elementos ambientales. Los ambientes simples son homogéneos y concentrados. En contraste, a los ambientes caracterizados por la heterogeneidad y la dispersión se les denomina complejos.

La administración de recursos humanos en tanto proceso aplicado al crecimiento y conservación del esfuerzo, las experiencias, la salud, los conocimientos, las habilidades… de los miembros de la organización debe generar relaciones organizacionales óptimas. En este sentido, las relaciones humanas se deben dar en toda la organización y no entre grupos reducidos. Las relaciones laborales, por su parte, se emplea frecuentemente a las relaciones obreras-patronales. 1) La calidad de la vida laboral de una organización es el entorno, el ambiente, el aire que se respira en una organización. Los esfuerzos para mejorar la vida laboral constituyen labores sistemáticas, que llevan a cabo las organizaciones para proporcionar a los empleados una oportunidad de mejorar sus puestos y su contribución a la empresa, esto en un ambiente de mayor confianza y respeto. 2) La calidad del entorno laboral se ve determinada por la manera en que el personal desarrolla su actividad a través de las relaciones organizacionales. Puesto que para lograr mejoras a largo plazo en la organización, es indispensable mejorar la calidad de las relaciones laborales. A corto plazo, una administración autocrática no puede mantener progresos significativos en el nivel de las relaciones organizacionales, porque el deterioro en el entorno laboral conlleva a mayores niveles de ausentismo, tasas de rotación y renuncias, así como a la lentitud, el desgano y la indiferencia. El personal se retira psicológicamente de sus labores y predomina la actitud de cumplir exactamente con el mínimo. Por otra parte, la mayor parte de las personas consideran que disfrutar de un entorno laboral de alto nivel contribuye al éxito de la organización de una manera significativa.

En consecuencia, la administración de recursos humanos se une en la necesidad de crear un clima de relaciones en el que verdaderamente se trate a las personas como expertos responsables en sus puestos. De esta manera, lo más probable es que se obtengan mejores decisiones, más altas tasas de productividad y una calidad muy superior del entorno laboral. Un punto de interés es determinar si la satisfacción laboral conduce a un mejor desempeño o si, por el contrario, es el mejor desempeño lo que conduce a mejores niveles de satisfacción. La razón que hace difícil determinar cuál de estos dos factores se origina primero, radica en que la relación entre el desempeño y la satisfacción es de naturaleza similar, la posibilidad de elevar el nivel de satisfacción depende de que las compensaciones, los estímulos y las relaciones organizacionales.

Algunas cosas que suelen hacer las empresas para mejorar el entorno laboral son: 1) Desarrollo de vida más saludable: Junto con entornos de trabajo más seguros y saludables, muchos patrones establecen programas que alientan a los empleados a mejorar sus hábitos de salud. Los programas de bienestar enfatizan el ejercicio, nutrición, control de peso y evitan el uso de sustancias dañinas, dan servicio a los empleados de todos niveles de la organización. 2) Programas de asistencia a empleados: Casi todas las organizaciones han encontrado que los programas de asistencia son benéficos para todos. Por otro lado, es evidente que problemas emocionales, crisis personales, alcoholismo y abuso de drogas que muchas veces se consideran problemas personales, afectan el comportamiento en el trabajo e interfieren con el desempeño laboral. Un programa de asistencia laboral proporciona en casos necesarios asistencia profesional por medio de consejeros internos o profesionales externos.

Abordar los recursos humanos requiere de inversión de tiempo, personal y presupuesto. Puesto que, constituye un esfuerzo para conocer las necesidades actuales y futuras de las personas y de la organización; así como fuentes actuales y futuras de nuevos empleados. Gracias a este trabajo los factores atinentes a los recursos humanos pueden establecerse a corto y largo plazo. Al considerar los aspectos personales, de conducta y motivación, los encargados de recursos humanos tratan de calcular la disponibilidad de la organización para atender estos hechos, para así satisfacer en lo posible los factores personales y de la organización. Estos se inician con un inventario de los recursos actuales de personal para identificar el potencial de cada individuo dentro de la empresa.

Tanto los procesos internos como los externos dan como resultado la elaboración de planes a corto, mediano y largo plazos; que permiten conocer los lineamientos generales del personal para la organización. Esta información se convierte en elemento importante de la base de datos del departamento de personal. En la organización contemporánea cada sector debe justificar su propia presencia, sobre la base de la contribución de eficiencia que aporta a la marcha del conjunto completo. El desarrollo del personal es el resultado acumulado de las interacciones diarias. Es un proceso continuo que se realiza durante un largo período de tiempo. Se requiere paciencia y una perspectiva amplia de parte del administrador. El factor más importante a desarrollar es la capacidad del personal en un entorno en el que se logre la cooperación, comunicación y un intercambio abierto de ideas. La estructura de la organización es responsable de las mayores o menores posibilidades de relaciones para llevar a cabo el desarrollo de personal. A las organizaciones que están estructuradas rígidamente, les resulta más difícil incorporar programas creativos de desarrollo de personal; también, las que están estructuradas débilmente, quizá no tengan el enfoque y propósitos necesarios para la coordinación interna y motivación del personal.

Las fuentes consultadas para este artículo fueron:
CHIAVENATO, Idalverto. Introducción a la Teoría General de la Administración, México, Editorial McGraw Hill, 1999.
FERRARO, Eduardo, Administración de Personal: Funciones Fundamentales para el Desarrollo del Área, Buenos Aires, Primo Editora, 1995.
KOONTZ, Harold y WEIHNRICH, Heinz. Administración: Una Perspectiva Global, México, Editorial McGraw Hill, 1994.
MARISTANY, Jaime, Evaluación de Tareas y Administración de Remuneraciones, Buenos Aires, Editorial Edilí, 1972.
MELINKOFF, Ramón. La Estructura de la Organización. Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1969.
ROBBINS, Stephen, Comportamiento Organizacional, México, Prentice Hall, 1996.
SOLANA, Ricardo, Administración de Organizaciones en el Umbral del Tercer Milenio, Buenos Aires, Ediciones Interoceánicas S.A., 1983.
WERTHER, William y DAVIS, Heith, Administración de Personal y Recursos Humanos, México, Editorial McGraw Hill, 1995.


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martes, 26 de mayo de 2015

TRAS LA BÚSQUEDA DE NUESTRO PENSAR: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Pensamos en las cosas y a partir de allí elaboramos ideas sobre ellas. Es ésta una exigencia elemental, pero que no siempre realizamos. Se nos ocurren pensamientos acerca de muchas y éstos poseen diversos grados de certeza; van desde los pensamientos más comunes a los más elaborados, que llegan a ser «verdades o teorías científicas» de una época. Unos u otros, como señala Ortega y Gasset, son «ocurrencias» que surgen en nosotros.

El sujeto está antes de que se le ocurran estas ideas. Estamos antes con respecto estas ideas, pensamientos u ocurrencias. Nuestros pensamientos aparecen en una vida que ya preexiste, y se enfrentan con ella.  Llegamos a esas ideas por un acto particular de pensar; son pensamientos que producimos por una elaboración lógica que llamamos razonamientos. Estos pensamientos no son nuestro mundo ni nuestro ser, porque se nos han ocurrido.

Los pensamientos o «ideas-ocurrencias» las producimos nosotros, a éstas las interpretamos, las discutimos, las propagamos, planteamos en sus pros y sus contras. Porque la verdad en que se sustentan nos resulta relativo, y han sido planteadas en un horizontes de diversas perspectivas. Pero no vivimos de ellas, ya que no son un fenómeno vital.

Estas ideas son obra de nuestro pensar; éstas no son parte de nuestro sustrato de vida. Con ellas nos encontramos o las elaboramos en el decurso de nuestra vida. Es el resultado de nuestro hacer intelectual. Llegamos a estos pensamientos por medio del trabajo de nuestro entendimiento. Nuestras ideas, pensamientos solo existen mientras las pensamos, por eso necesitan ser formulados. No están allí esperándonos, nosotros estamos antes.

Nuestros pensamientos tienen una realidad problemática. Podemos postergar para luego seguir pensando en una cosa. Incluso no tenemos certeza de eso que pensamos, es lo más común fluctuar en esa incerteza cuando pensamos. El pensar siempre nos depara una violenta sorpresa. Es siempre un interrogar, un cuestionar. Ya que no contamos con nada, todo tenemos que producirlo. Este pensar es lo menos eficiente de nuestra vida, por las implicaciones que tiene en nuestra actividad intelectual, nos detiene mucho. Tal vez por eso últimamente aconsejan tanto que no pensemos. 

Al fluctuar en este mundo de ideas vivimos en un azoramiento con respecto al mundo. Un azoramiento que para muchos es preferible evitar, incluso ya no desean confiar en la razón. Como si ésta fuese una especia de peste medieval. Pero en la palabra que dice cualquier cosa dicen otra cosa. Por el contrario, al pensar tenemos conciencia de nosotros y de lo que nos rodea; de nuestros fantasmas, de nuestros imaginarios. Dejamos de actuar de manera latente.      

Los pensamientos que producimos sobre las cosas, sean nuestros o que hemos asumidos, no poseen un valor de verdad, ni de realidad permanente. Actuamos con ellos sabiendo que son formas de interpretar al mundo. Hacemos uso de éstos de acuerdo a las circunstancias en que nos encontramos. La certeza de un pensamiento corresponde a la interpretación que tenemos de la realidad particular.

Insertamos nuestros pensamientos en una realidad conformada por creencias. Con  nuestro pensar tenemos que aprender, circunstancialmente, a conseguir claridad sobre qué atenernos en el mundo.  No sabemos qué hacerse con nuestras ideas, con nuestro pensar. Ignoramos cuál es nuestro oficio auténtico. Tenemos que aprender a integrar nuestra vida intelectual. Que en otros artículos he dicho es una apasionada-razón o una razón-apasionada.

Tenemos que ponernos a pensar en los asuntos que nos conciernen. Tenemos que pensar para develar la realidad constitutiva de nuestra vida; develar nuestras adhesiones automáticas. Está en nuestras manos hacerlo, es algo que depende de nuestra voluntad de poder.      

Nuestros pensamientos solo los ejercemos sobre lo que es cuestionable. Nuestras ideas se nutren de lo cuestionable. El pensar necesita de la crítica. Se sostiene, se afirma al apoyarse en otras ideas que son cuestionables, y entre las cuales se forma una pegajosa tela de araña. Así podemos estructurar un mundo integrado por ideas, por críticas de las que nos sabemos productores y responsables.

No hay ideas inmutables. Éstas se reducen a las interpretaciones y a las referencias a otras ideas. Eso es todo nuestro pensar, de allí su dificultad. Lo que podemos es contrastar nuestras ideas con las de los demás. No podemos erigirlas como verdades. La verdad es excluyente, así como los dioses. Dos dioses no caben en un mismo templo.

Nuestros pensamientos nos hacen necesitados de los otros. Por ello, la filosofía es menesterosa. Ya lo dijo el divino Platón. En esto somos combinaciones, aleaciones, búsquedas intelectuales. Entre nosotros y nuestros pensamientos hay la distancia infranqueable de la búsqueda. Una búsqueda que nos da independencia, porque podemos superar nuestras ideas, nuestros pensamientos. Recordemos que sobre sus productores.

Podemos ponernos serios o reírnos de nuestros pensamientos; comportarnos de acuerdo a lo que pensamos. No estamos obligados a creer en nuestros pensamientos; ya que presentimos en ellos el riesgo de fiarnos ciegamente a nuestras ideas. Podemos ser consecuentes o no con nuestras ideas. Abandonarlas en el camino por otras. Por esta razón, corregimos y modificamos nuestras ideas. Nuestra relación con las ideas, con el mundo intelectual es una relación que nosotros construimos. Y esta relación no es de fe, sino de incertezas.  


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