domingo, 5 de enero de 2014

EL CONOCIMIENTO DE UNO MISMO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSOFÍA

Nosotros, por lo común, somos unos desconocidos para nosotros mismos. Esto se da por múltiples razones. A causa de este desconocimiento caemos en el descuido de nosotros mismos, lo cual nos acarrea diferentes consecuencias que padecemos a diario. Ahora bien, ¿cómo podemos conocernos a nosotros mismos?

            Necesitamos realizar una crítica de nuestros valores, de nuestras disposiciones, de nuestras interpretaciones; hay que poner en entredicho el valor mismo de nuestra forma de ver el mundo que nos rodea. Y para esto necesitamos tener conocimiento de las condiciones y de las circunstancias en las que tales valores, disposiciones, interpretaciones surgieron, en las que se desarrollaron.

            Necesitamos, pues, un conocimiento de nosotros mismos que hasta ahora no ha existido, ni tampoco se ha deseado tener. Ya que hemos nuestros valores, nuestras interpretaciones, nuestra forma de ver el mundo como algo dado, real y efectivo, situado más allá de toda duda. Lo hemos considerado, sin saber porqué, una Verdad.

            En es necesario a través de un proceso crítico-reflexivo, es decir, filosófico cuestionar lo incuestionado de nuestra vida, para ello era preciso pensar lo impensado algo que hasta es este momento nos ha resultado impensable Para ello tenemos que adentrarnos con arrojo en el hondo y obscuro mundo formado por el inconsciente histórico-social de nuestros valores.

            Debemos asumir e intentar este arriesgado proyecto. Debemos estar dispuestos a elaborar una nueva mirada efectiva que esté dirigida a la historia de nuestros valores. Esto requiere construir un nuevo saber fundado en nosotros mismos. Un saber descarnado y, a la vez, encarnado en lo realmente comprobable, en aquello que efectivamente nos hace existentes, en toda una larga y difícil escritura que conforma nuestro presente. En el aquí y ahora que somos.

            Esta búsqueda del conocimiento de nosotros mismos nos obliga a rastrear las bases de los valores instituidos, de esa aparente verdad que se presenta como la única legítima y también como la única posible. Debemos generar la duda crítica sobre nosotros mismos y sobre es realidad instituida.

            Rastrear el origen y precedentes de las cosas que nos conforman es una forma específica de indagación, que requiere el análisis-crítico de esa sucesión de procesos que nos avasallan y nos configuran en lo que somos. Antes de esta indagación, sin saberlo, generamos resistencias que nos causan dolor, que nos perturban; resistencias que utilizamos, en cada caso, para contrarrestar esos procesos, generamos pseudo-metamorfosis con la finalidad de defendernos y de reaccionar ante ello, así obtenemos resultados de contra-acciones afortunadas o desafortunadas.

            En la indagación de este conocimiento de uno mismo podemos descubrir, tal vez, que todo valor se ha podido construir de un no valor, que toda verdad de una mentira, que toda honestidad una bajeza del alma. Pero ese es el precio que hay que pagar por llegar a conocernos. Lo contrario, implica la renuncia a uno mismo.

            Cuando se colocamos el centro de gravedad de nuestra vida en la vida misma, construimos personalmente las razones de nuestro ser, la naturaleza de nuestra existencia, los sentidos de nuestra vida. A partir de ahora, toda nuestra vida se convierte en algo beneficioso, favorecedor de la vida misma, garantizador del futuro, suscita confianza vivir de tal modo, pues nuestra vida se convierte en el sentido propio de nuestra propia vida.
            Nuestra vida consigue así, un para qué colaborar, un para qué confiar, un para qué favorecer y tener en cuenta algún bien general. Nos convertimos en gozadores con corazón, con razón. Dejamos de ser seres sin espíritu, dejamos de ser nulidades, dejamos de ser fantasmas con pretensiones de una nueva humanidad, formas de etéreas de subjetividad.

            La ontología crítica de nosotros mismos es una actitud, un ethos, una vida filosófica en la que la crítica de lo que somos sea al mismo tiempo el análisis histórico de los límites que se nos imponen, y principalmente la experimentación de la posibilidad de transgredir todos esos límites. Esta es la razón de ser del conocimiento de uno mismo. La puesta en marcha de nuestro propio proyecto de vida. Proponemos la reflexión, el análisis crítico de nosotros mismos y del mundo en que vivimos. 

sábado, 4 de enero de 2014

LA HERMENÉUTICA DEL SUJETO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

La hermenéutica del sujeto gira en torno al compromiso de la libertad, de nuestra libertad. Pues ésta es una ontología histórica de nosotros mismos con relación a nuestra realidad, a través de la cual nos constituimos en sujetos de conocimiento, de pasión, de acción.

En la hermenéutica del sujeto, el problema de la libertad presenta una vinculación directa con las relaciones de poderes que atraviesan nuestros saberes y haceres, las cuales se graban en nuestras conciencias. De ahí el trabajo de la interpretación filosófica destinado a re-construir una ontología de nosotros mismos, con relación a los ámbitos de poderes a través de los cuales nos constituimos en sujetos que actuamos sobre nosotros mismos y sobre los otros.

El problema de la hermenéutica del sujeto, y con él el de la libertad, concierne a lo que somos, a lo que hacemos y a cómo nos percibimos en tantos sujetos de acción, de querer, de saber, todo esto tiene que ver con nuestros comportamientos y sentimientos. Una ontología histórica ─porque somos relatos─ de nosotros mismos está ligada íntimamente a la ética, pues a través de ésta nos constituimos en agentes morales.
          
Nuestras razones de ser estriban en tipos de agitación, que conforman y sobre todo modifican nuestro modo pensar y de pensar de los otros. En la hermenéutica del sujeto, el papel de la consultoría filosófica no consiste en decir a los demás lo que hay que hacer. ¿Con qué derecho podría hacer esto? Basta con recordar todas las profecías, promesas, exhortaciones y programas que se han llegado a formular.

El trabajo del consultor filosófico no consiste en modelar la voluntad de los demás. El trabajo estriba en cuestionar ─a través de las interpretaciones que lleva a cabo en terrenos que le son propios─ las evidencias y los postulados, en sacudir los hábitos, las formas de actuar y de pensar, en disipar las familiaridades admitidas, en retomar la medida de las reglas y de las instituciones; y a partir de esta re-problematización ─en la que desarrolla el oficio específico del consultor filosófico─ participamos en la co-formación de una nueva voluntad de reflexión y acción, en la que se abren para el sujeto nuevas posibilidades a desempeñar.

Esta co-formación de una nueva voluntad de reflexión y acción se fundamenta en una nueva ética de la existencia, que será asimismo una estética de la existencia. En este sentido, la consultoría filosófica no plantea al consultante un conjunto de las soluciones ni de alternativas, lo que construye es un diálogo interpretativo sobre los problemas y las problemáticas de lo que a éste atañen.

Por consiguiente, la hermenéutica del sujeto se inscribe en un marco de crítica de lo establecido ─crítica del pensamiento establecido─ pues ésta encuentra su razón de ser en un compromiso por la libertad del individuo, ya que es en lo establecido donde se fragua, a la vez, el sometimiento y el sufrimiento de muchas mujeres y hombres.

viernes, 3 de enero de 2014

NUESTRA VOLUNTAD DE PODER: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

La voluntad de poder constituye la esencia misma de todo cuanto es, de todo cuanto vive. De este modo, el ser que vive es una voluntad de poder, una cambiante variedad de fuerzas que pugnan entre sí para asegurar la dominación.

            A partir de esta voluntad cada individuo posee una perspectiva particular con la cual interpreta y valora el mundo, en función de sus peculiares intereses vitales. En este sentido, todo sujeto es esencialmente una voluntad dominadora y creadora; un poder de valores que estructura y falsifica la realidad, al interpretarla desde el ángulo exclusivo de sus conveniencias vitales.

            De allí que, son falsas las pretensiones de una Verdad en sí como Ideal. Lo no-verdad en sí  se convierte en un poder al servicio de una nueva interpretación del mundo, es la voluntad de poder que se constituye en esencia de su propios valores. Esto conlleva a una transmutación, a un cambio de los elementos que conforman el valor de nuestros valores.

            No hay verdades absolutas. Las verdades no son otra cosa que interpretaciones, perspectivas unilateralmente establecidas, que pretenden dar la medida a cuenta de lo que se muestra en las demás. Tales verdades son ficciones perniciosas que olvidándose que lo son, obstruyen y niegan el resto de las interpretaciones.

            El sujeto como voluntad de poder destruye y niega una realidad dada, porque afirma la vida como un devenir transformador. La verdadera afirmación no prescinde de la negación, porque afirmar es crear. La voluntad de poder es creación. Ya que, nuestro entorno, nuestra realidad no es algo dado de una vez por todas, sino que es una realidad a descubrir, a interpretar, a valorar, a falsificar, a crear.

            Con la voluntad de poder, el error y la ilusión adquieren dignidad ontológica. El ser es voluntad de poder, en tanto ésta es un perpetuo devenir, una pluralidad siempre cambiante que ofrece infinitas posibilidades, oportunidades de ser descifrada.

            Entre estas interpretaciones el sujeto se manifiesta como Voluntad de Poder. Así nuestro conocimiento de estas verdades es voluntad de poder. Nuestra voluntad de poder se muestra de tres maneras, primero, como concepción del mundo; segundo, como conflicto de las pasiones en la subjetividad; tercero, como conflicto de fuerzas con el resto de otras voluntades de poder. En esto consiste la ontología de la voluntad de poder

            La voluntad de poder no es que la mujer o el hombre posean voluntad, capacidad o poder para realizar tal o tal cosa. La mujer y el hombre son voluntad de poder. Esto no significa que los individuos quieran el poder, éste no es una meta que se propone alcanzar la voluntad, pues no es un deseo, ni una carencia. La voluntad de poder es virtud creadora, disposición para hacer algo.

            La voluntad de poder en el sujeto es un elemento móvil, variable, plástico, que interpreta, modela, confiere sentido y da valor a las cosas. La voluntad de poder es esencialmente artística, porque es creación, recreación, interpretación. Tal creación es la voluntad de transfigurarse uno mismo, de sobrepasarse constantemente. La voluntad de poder es querer ir más allá de uno mismo. De crearse a uno mismo.

            Es en esta disposición, en la cual nuestro propio querer nos arrastra más allá de nosotros mismos reside el hecho de dominar, de tener poder, de estar abierto en y al querer que nos empuja a sobrepasarnos. En este nuestro querer nos sabemos más allá de nosotros mismos. Voluntad de poder es querer ser más.

            En esta metamorfosis constante en que nos hallamos inmersos no hay un fin, una meta para descansar en ella una vez alcanzada ésta.  Por el contrario, en la voluntad de poder que somos, hay una pluralidad de fines que jerarquizamos conforme a nuestro dinamismo constantemente creador, constantemente destructor y transformador. De esta modo, no hay una meta, un fin sino un  devenir constante.

            Por ello, cuando alcanzamos una meta perseguida que da sentido a nuestra vida, este estado de equilibrio es roto y volvemos a recomenzar, así garantizamos el constante devenir de nuestro proyecto inacabado. Nuestra voluntad de poder es siempre ruptura de equilibrio. La fuerza de ésta sobrepasa constantemente la meta que nos asignamos.


            La voluntad de poder, en tanto voluntad creadora de sobrepasarse, implica la incesante transformación de nuestro propio ser. En esta transformación dejo de ser el que soy para pasar a ser otro, y solo así soy el que verdaderamente soy. Pues mi propia esencia consiste en la constante disolución de mi ser, como ser acabado. La transformación nos abre así a la incesante metamorfosis, donde toda nuestra identidad se disuelve en una múltiple creación.


jueves, 2 de enero de 2014

LA MAYÉUTICA FILOSÓFICA EL ARTE DE PARTEAR EN LA CONVERSACIÓN: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Aquella mujer de Mantinea, llamada Diotima, dijo al divino Sócrates que todos los hombres “son capaces de engendrar mediante el cuerpo y mediante el alma, y cuando han llegado a cierta edad, su naturaleza exige el producir…” Ahora bien, “…cuando el ser fecundante se aproxima a lo bello, lleno de amor y de alegría, se dilata, engendra, produce. Por el contrario, si se aproxima a lo feo, triste y remiso, se estrecha, se tuerce, se contrae, y no engendra” (Banquete 206c-d)

            Y Diotima replica “Porque Sócrates me dijo el Amor no es amor por lo bello, como tú piensas, Pues, ¿de qué lo es? De engendramiento y procreación en lo bello” (Banquete 206e) Será en estas circunstancias donde Sócrates, en su oficio de partero-filósofo, ayudará a parir al alma su luz que es la belleza, esto es, el λóγος (discurso que da razón de las cosas; principio racional del universo, que también se entiende por dialogar, hablar).

            Mayéutica significa "partear", asistir a la mujer que está de parto. Oficio que Sócrates toma de su madre y lo trasplanta al diálogo filosófico, para ayudar a partear aquellas almas que están engendradas. Pues como ha dicho Diotima, los hombres son capaces de engendrar mediante el cuerpo y el alma. Del parto de la última se encargará el diálogo filosófico.

            En Teeteto, Sócrates dirá “Mi arte de partear tiene las mismas características que el de ellas, pero se diferencia en el hecho de que asiste a los hombres y no a las mujeres, y examina las almas de los que dan a luz, pero no sus cuerpos” (Teeteto 150b)

            El partear filosófico es ayudar a parir un nuevo conocimiento, un nuevo saber, una nueva forma de ver el mundo. Es el conocimiento a través del cuestionamiento. Es una técnica que consiste en interrogar a una persona para hacer que llegue al conocimiento y reconocimiento a través de sus propias conclusiones y no a través de un conocimiento aprendido. “Y es evidente que no aprenden nunca nada de mí, pues son ellos mismos y por sí mismos los que descubren y engendran muchos bellos pensamientos” (Teeteto 150d)

            La mayéutica filosófica parte del reconocimiento de las distintas capacidades intrínsecas que cada individuo posee en sí, las cuales constituyen el conjunto de competencias y fortalezas que están engendradas en el interior de cada persona. Entonces, la mayéutica filosófica consiste en generar un diálogo, que consiste en preguntar al interlocutor acerca de algo que le atañe en lo personal (por ejemplo, algo que le preocupa) y luego se procede a debatir el conjunto de respuestas dadas, con el fin que éste reconozca las situaciones en que se encuentra.

            El diálogo filosófico conlleva al interlocutor a generar un concepto nuevo, un nuevo horizonte de sentido, una nueva visualización de su situación y ha desarrollado nuevas formas de abordar la cuestión que le atañe. Pues el consultante reflexiona sobre su propia situación y encuentra la respuesta él mismo. Lo que hace el partero-filosófico es ayudar a que nazca esa idea desencadenante, esa acción efectiva. La mayéutica es responder preguntas con más preguntas, de este manera se llega a un final en que las respuestas las da la persona misma. Son sus respuestas, son su parto.

            La mayéutica o arte de partear, que para la filosofía consiste en ayudar a parir nuevas ideas. Contiene en sí la ironía, la ironía socrática, la cual es fundamental para poder llevar a cabo el parto. Ya que tal ironía tiene que hacer comprender al interlocutor que lo que él cree saber no está necesariamente en lo piensa, que su conocimiento está muchas veces basado en prejuicios y creencia. De allí la importancia de la ironía filosófica. Mayéutica e ironía se complementan para producir el parto. Esto se lleva a cabo desde un punto de vista crítico-analítico.

            Como apreciamos, en la mayéutica la persona es invitada a descubrir las realidades que se encuentran latentes en ella, las cuales no ha hecho consciente. Mientras que la ironía filosófica combate en el individuo lo erróneo de lo que cree saber y tiene como verdad; la ironía se dirige a aquello pretendemos saber. De allí que, Sócrates señale “ahora bien, lo más grande que hay en mi arte es la capacidad e que tiene de poner a prueba por todos los medios si lo que engendra el pensamiento del joven es algo imaginario y falso o fecundo y verdadero” (Teeteto 150c)

            Si la comadrona ayuda a parir, sin ella que ella misma para. Del mismo modo, el partero-filosófico por medio del arte de la mayéutica ayuda a los dialogantes a parir sus propios conocimientos, sus propias oportunidades, sus propias posibilidades, sus propias alternativas de solución. Éste no proporcionar en ningún caso conocimiento. Como vemos el dialogante pare su conocimiento a través del diálogo.

            En la consultoría filosófica, por medio de la mayéutica y la ironía, lo que se hace es favorecer que las personas encuentren su propio proceso de aprendizaje, pues éstas son quienes poseen el saber de lo que a ellas les afecta. Por tanto, el conjunto de alternativas de su propia solución. En tal caso, el partero-filosófico estimula a la persona para que ella pueda hacer visible lo que no logra ver.


            La consultoría filosófica se funda en una concepción liberadora. Pues el diálogo filosófico  abre las instancias de una nueva conciencia, ya que involucra un encuentro personal con el entorno; lo cual abre las puertas a una relación yo-nosotros. Abre una exigencia existencial comprometedora con el mundo por medio del diálogo, que no implica en ningún momento la imposición de una verdad; sino que se trata de un acto creador-interpretativo de la realidad en que estamos inmersos. 

miércoles, 1 de enero de 2014

CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

La consultoría filosófica es un método para ayudarnos a mejorar en los aspectos cotidianos de nuestra vida. La filosofía, en este aspecto, significa hacer aflorar el potencial propio de cada persona, de forma que ésta consiga realizar los objetivos y las metas de su vida que antes no se sentía capaz.

            La meta de la consultoría filosófica es ayudar a elevar a la persona al máximo de su potencialidad, mantener su capacidad de seguir mejorando y su deseo de superarse. Para alcanzar estas metas es que establecen objetivos precisos a partir de los cuales se trabaja. Tales objetivos  contienen estructuras, procesos, herramientas de trabajo, instrumentos de medición cualitativas para saber dónde estamos y hacia dónde vamos en cada momento.

            La persona busca las opciones que mejor se acomodan a sus necesidades, a sus objetivos y metas finales. Para lograr las metas la persona se tiene que plantear acciones, las cuales tendrá que establecer cómo llevarlas a cabo, seguir sus propios pasos, para así finalmente llegar a la meta propuesta.

            La consultoría y asesoría filosófica se caracteriza porque no da lecciones, lo que hace es escucha muy atentamente lo que cada persona quiere hacer o conseguir. Para ello observa, hace muchas preguntas e interpreta. De esta manera, el consultante establece sus propias conclusiones y los pasos a seguir para alcanzar lo que anhela o necesita.

            La consultoría filosófica puede utilizar el simbolismo, como herramienta de aproximación y porque plantea una semiología de análisis, que nos acerca a la interpretación de nuestro ser. En esta interpretación, lo primero que preguntamos es si de verdad queremos hacer lo que nos planteamos y qué significa eso para nosotros.

            Esto tiene mucho que ver con lo que esperamos de nuestra vida. Puesto que, a veces, hacemos las cosas para escapar, para saborear el arte, para encontrarnos con alguien, para saborear la aventura, porque nos aburrimos, porque tenemos una visión romántica de la vida y necesitamos beber de dicho romanticismo. Pero no tiene que ver con un encuentro real con nuestro propio ser.

            Exploramos las diversas situaciones con nuestra imaginación para abrirnos a todo tipo de experiencias y no sólo a una. Pues siempre cabe la posibilidad de que nos estemos equivocando o no. Pero esta vez, confiamos en nosotros mismos, escuchamos nuestra voz interior, o abrimos unas cuantas puertas más allá de los objetivos que sólo nuestra mente consideraba acertados.

            La consultoría filosófica nos lleva a tomar contacto estrecho con nuestra voz interior, con nuestra fuerza mental, es decir, con nosotros mismos. Este nosotros mismos es la voz interior capaz de acercarnos a lo que somos ante nosotros y ante la vida.

LO SIMBÓLICO Y EL SENTIDO DE LA VIDA: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

            En el intento por descubrir alguna ecuación para la felicidad nos damos cuenta, o caemos en ella, que somos unos seres, a la vez, tan frágiles y tan fuertes. Esta mediedad, entre otras, es parte de nuestra condición humana, pero no una condición universal sino particular, la condición particular y propia de cada mujer, de cada hombre de carne y hueso. Porque en última instancia, no soy un concepto universal, una definición; simplemente soy un ser que vive, que siente, que tiene nombre y apellido, constituido por casualidades, oportunidades, desgracias imprevistas, alegrías. Esa es mi condición humana, la que me pertenece a mí. La de otro son otras.

            En muchos casos construimos nuestra vida a través de un lenguaje simbólico, que nos sirve  para abrirnos a la dimensión de nuestra conciencia y que tiene diversas resonancias en nuestro interior. Tal lenguaje nos transporta más allá de nosotros, nos libera de algunas limitaciones, alimenta el contenido de nuestras expresiones, de nuestros sueños. Son producto de nuestra creatividad individual, que se emparenta con la creatividad colectiva, por lo cual llega a formar parte de las creencias colectivas.

            Tal lenguaje y creencias proponen ejemplos, en un sentido amplio, ya que son formas compartidas. Si tal lenguaje y creencias trascienden el espacio-tiempo, tal como lo hacen, es quizá porque aluden a un mundo interior, a un sentido de la vida, que puede ser aparentemente nuestro sentido de la vida, o al que sólo nos adherimos.

            Ventaja del lenguaje simbólico es que cada uno puede entender la realidad a su medida, porque éste es una construcción colectiva. De esta manera, nos convertimos en nuestros propios maestros, porque escuchamos nuestra voz interior y a ese gran maestro que lo habita y al que tantas veces queremos escuchar pero no sabemos cómo. Pero una objeción, al no ser el lenguaje simbólico una construcción propia éste necesita de una interpretación personal, para ver si tal lenguaje en verdad me constituye.  Por ello, no es cuestión de aprender frases milagrosas ni recetas que parecen funcionarle a todo el mundo menos a uno.

            Se trata de reconocer nuestro propio lenguaje como herramienta y utilizarlo a nuestra medida. De esa manera, es posible reconocer y comprehender nuestras fortalezas, nuestros miedos, nuestras posibilidades e imposibilidades, para que no nos tomen por sorpresa cuando parecen olvidados, ni nos asusten o nos esclavicen. Tal reconocimiento y comprehensión nos permite cuidarnos para intentar ser felices.

            El lenguaje simbólico nos permite cerrar los ojos e imaginarnos un mundo de magia. Pero a esto hay que estar atentos, pues al cerrar los ojos no podemos olvidar que hay un mundo que no es de magia, sino mágico y en ese andamos con los ojos abiertos. Si este mundo mágico te asusta, sólo tienes que seguir adelante. A través de lo simbólico expresamos la belleza de seres especiales y hermosos. ¿Son éstos en verdad los paradigmas de tu belleza?  ¿Compartimos ese fondo común de toda belleza con nuestras experiencias? ¿Nos muestra, en verdad, de manera simbólica nuestra experiencia vital?

            Ahora bien, qué pasa cuando ese lenguaje simbólico no sea adecua a nuestro sentido de vida, o no le dice nada. ¿Cómo se reacciona ante eso? ¿Cómo se mira uno a sí mismo en ese simbolismo? Sin embargo, cada vez que pretendemos dirigirnos al sentido de nuestra vida  realizamos un acto mágico. Puesto que abrimos la puerta a lo que somos, a ese misterio de lo qué yo soy, y no sé que soy.

            En tal reflexión de mi mismo me puedo perder. Puedo encontraré algo terrible.  Pero de seguro de ahora en adelante ya no seré la que soy. Sin lugar a dudas descubriré mi verdad, tal vez que no soy un príncipe o una princesa, que soy un monstruo, un monstruo horrible. Tal mi verdad puede ser tentación y promesa, pero también miedo. Pero casi todos nosotros, en determinados momentos de nuestra vida, nos vemos compelidos a entrar en esos compartimentos de nuestro interior, de nuestro ser que nos constituye.


            Y nos preguntamos: ¿Está oscuro? La respuesta es SÍ. Y nos volvemos a interrogar: ¿Quiero entrar? La respuesta es NO. Si no entramos, seremos unos desconocidos para nosotros mismos, y no habrá, tal vez, final feliz. Nadie lo puede asegurar. Este es el precio que pagamos por vivir. Después de ese largo proceso hay un final que, si a veces no es feliz,  siempre será mucho mejor que el comienzo del cual partimos. A partir de ahora tú eres quien decide si quiere seguir adelante o no. Se trata de un compromiso con uno mismo.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA: CARTA A MI MISMO



Estimado y apreciado Obed.

Al bajar al puerto para iniciar este viaje ya el tiempo ha transcurrido, esto es, que ya no estás desnudo como has venido al mundo. Ahora has ido cargando las alforjas de la vida, vida que ha sido buena y venturosa. El viaje es el mismo y a la vez es otro del que ya iniciaste hace tiempo atrás; ahora más sabio, si se puede decir esto, o tal vez más diferente.

Toda vida que es un viaje ha de ser como amor, que es abundante y menesteroso, en éste y en los otros tu viaje es el retorno a ti mismo, porque no puedes enviar a otro para que haga el viaje por ti. Así es, uno no se puede abandonar, o hacerse el olvidado de uno mismo.

Recuerda, la vida, el viaje, es como la amistad, un barco de papel en un mar tormentoso, pero en cuyo barco quien es el timonel eres vos; pero no sólo vos solo, sino muchos otros que te han acompañado en otros y en este viaje. Puertos hay muchos, pero la mar es una. Y recuerda lo que dice el poeta “Vive el presente, porque en esa estación vivirás toda tu vida”. Buen viento y buena mar en este camino.

No te quito más tiempo, pues el camino es largo.

Atentamente

De vos