jueves, 1 de septiembre de 2016

LA ÉTICA CORPORATIVA Y LA RENTABILIDAD MORAL: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Las empresas, en los últimos años, se han destacado por la elaboración de códigos y declaraciones de principios. Este hecho es uno de los signos de la conmoción ética en los negocios. En nuestros días, se ha alcanzado de manera manifiesta una amplitud y una nueva significación en estos códigos internos, que formulan reglas de conducta que deben ser respetadas en el ámbito corporativo.

La élite gerencial ve en estos códigos un medio muy eficaz para hacer progresar los comportamientos éticos en la empresa, por ello la inversión realizada en los mismos. Tales códigos van junto con la ambición de las firmas corporativas, los derechos y los deberes de cada sujeto con respecto a los clientes, a los competidores o a los poderes públicos; ya que se precisa la adopción de conductas determinadas ante situaciones concretas, por ejemplo, el acoso sexual, el abuso del poder…

Algunas empresas, para dar consistencia a sus modelos éticos, hacen participar a sus empleados en la construcción éstos; por lo cual se comprometen a no transgredir tales normas. Otras organizan, es lo más común, ciclos de formación en los que se comentan e interpretan los principios éticos. De este modo, las corporaciones se adjudican una vocación digna, un objetivo noble que supera lo exclusivo de la ganancia, asume una ética que es capaz de aportar un sentido a la actividad económica, o un sentido más allá de lo económico.

Por ello, las corporaciones proclaman su preocupación por los valores. Con esto hacen que los empleados, y no empleados, sientan tales valores como factores de adhesión y de dinamización de su labor, de su interés por la corporación. Ya que éstos no son simples imperativos incondicionales o instrumentos jurídicos que permiten establecer una mera responsabilidad interna o externa de la empresa. Sino que lo hace parte de ella. Funcionan como un principio de identidad.

Los códigos éticos no son meros idealismos. Pues, éstos se fundamentan en la certeza de que la ética es esencial para el éxito comercial y financiero de la empresa. La gerencia considera que la moral contribuye al éxito de la corporación. La empresa ética se basa en la moral, en el interés bien concebido. Lo que caracteriza a este modelo de empresa es la instrumentalización utilitarista de la ética en los negocios. La rentabilidad de la ética.

Las corporaciones se abocan o expresan en sus propósitos los desafíos del liderazgo, de la calidad total, de la mejora de la productividad… Donde el sistema de valores rige tales acciones. Los códigos empresariales formalizan las obligaciones y los derechos de cada parte; los objetivos del progreso, los grandes ideales que dan sentido colectivo a la empresa. En este sentido, la dimensión ética evita el acento moralizador.

La ética corporativa privilegia la adhesión de los empleados mediante la expresión de una voluntad colectiva compartida. Esto se da, por una parte, por medio de una voluntad de bonificación moral de los comportamientos dirigida a cada uno; por el otro, por un contrato social abierto poco directivo en detalles para los individuos, el cual implica las opciones fuertes de las convicciones de la empresa.

Existe una creencia empresarial en la eficacia de los valores. Que está dirigido a un estado de responsabilidad y de implicación del personal mediante la vía cultural, distinta de la visión empresarial tradicional iniciación-sanción. La empresa ya no plantea una ley rígida e invariable. Por lo contrario, se da prioridad a la función de un debate en tanto acción colectiva. De éste se establecen constituciones, credos y proyectos de empresa que son revisados periódicamente, y adaptados al contexto inestable y multidimensional del mundo económico. La ética corporativa es una ética aproximativa y rectificada. Pues, por una parte, se da el rigor compartido de los principios; por el otro, la flexibilidad pragmática. Una figura del proceso de secularización de la moral.

Tal fenómeno se establece en la tradición democrática aplicada en la empresa. Donde corresponde, supuestamente, a los empleados determinar la deliberación racional de sus valores y finalidades. El homo democraticus es el que ahora inspira la actividad de la empresa. No obstante, el dispositivo democrático, puesto en los valores corporativos, es el que celebra la unanimidad en detrimento de la diversidad, la cohesión social en detrimento de la oposición, la legitimidad consensual en detrimento de la legitimidad conflictiva. Es lo que intenta salvar el hacer empresarial.

Lo justo se plantea como la identificación de la cooperación de todos, sinergia lo denominan. Deja por fuera el efecto del conflicto y el reconocimiento de la diferencia de intereses y puntos de vista. La adhesión colectiva y solidaria se produce la participación en los valores del grupo. En este sentido, el referente ético corporativo se constituye sobre una comunidad homogénea y sin discordancias, denegando el principio de la multiplicidad. Aunque, se insiste en la permanencia de éste, como proyecto de la individualidad y la persona. 

La ética de la empresa enaltece el espíritu de responsabilidad y de la excelencia total; más que el del deber y la obediencia a la ley. La moral corporativa afirma la adecuación de las aspiraciones individuales y del éxito colectivo; la armonía de los intereses particulares y de la competitividad. La ética empresarial, en este sentido, se une con las inclinaciones humanas de la responsabilidad, con el desarrollo personal, con el progreso social. De este modo, se conjuga la eficacia y el interés material.

La preocupación ética ya no aparece como un obstáculo o un freno a la eficacia económica, actualmente es un absurdo pensar tal cosa. La empresa ahora tiene la vocación de interrogarse sobre los fines y la moralidad de los medios. Los valores se han incorporados a la gestión empresarial como un fin ideal e incondicional. La ética es un medio económico, un instrumento de gestión gerencial.

La ética corporativa da primacía a los valores morales. De este modo, la ética se convierte en un auxiliar eficaz de lo económico. Tal conversión requiere del deber economizado en la pureza de corazón, mediante la instrumentalización de la virtud que promociona. La ética de los negocios aparece como una figura ejemplar del mundo contemporáneo, que libera a la obligación del peso de la abnegación y de lo desinteresado.

La ética empresarial se desarrolla en un discurso de gestión de contenido explícitamente moralista. Los consultores plantean a las corporaciones la idea de que la clave del éxito se denomina coraje, integridad, lealtad, perseverancia, preocupación por el bienestar del otro, en este radica el nuevo liderazgo. De esta manera, se asegura que la rectitud moral, a largo plazo, compensa que el gerente y los empleados deben comportarse siempre de manera honesta y respetar sus compromisos para con la empresa y los otros.

No se trata de dar consejos racionales para la gestión de los recursos humanos. Se trata de armar moralmente a los gerentes y directivos, de transformar mediante los valores el espíritu del liderazgo. Ahora, los consultores intervienen en la empresa para profundizar el carácter de quienes forman parte de ella, para desarrollar el conjunto de las inteligencias múltiples, para reforzar el coraje sin el cual no hay gestión auténtica y eficaz. Se busca mejorar las actitudes y las conciencias, educar las voluntades, desarrollar el apetito de mejoramiento de los empleados, inculcar el deseo de calidad, trabajar en la expansión del espíritu; el éxito pasa a través de la transformación de uno mismo; lo cual repercutirá en el éxito de la empresa.

Se mezclan consejos prácticos e imperativos superiores, espíritu de eficacia y exigencia espiritual, gestión y existencia. La ética empresarial ha captado el espíritu de la época. No obstante, en muchos casos, la sustancia del discurso no tiene ninguna importancia, todo es equivalente, todo se vuelve legítimo apenas se invocan los valores. Acá se corre el riesgo de la estafa, de los blacamanes de oficio, de quienes solo venden oropeles, vidrio por piedras preciosas. Ya que, hoy bajo el anuncio de la ética creen que todo puede venderse.

La época coincide con cierta moda que ha logrado asumir una dimensión moral, que convierte en ingenio de circo a los valores por medio de seminarios de desarrollo, test de ética… Que promueven una moda ética sin sustancia para la empresa. Donde apenas cabe el encanto ornamental de las apariencias, de la lógica de la seducción que actúa bajo el signo de lo nuevo y el cambio, de la identidad y la búsqueda de uno mismo.

En esta época donde las determinaciones estables se confunden, todo resurge (la tradición, lo sagrado, la moral) utilizado como un instrumento de búsqueda de identidad para una gestión, aparentemente, colmada de sentido. En esta cultura desestabilizada que busca renovaciones aceleradas y promesas de eficacia se recicla la tradición en novedad; se hace metamorfosis de los ideales como afirmaciones de identidad. Tales ilusionistas reproducen vacuamente la preocupación del sentido, la preocupación de la eficacia, la preocupación de sí mismo, en un sincretismo esotérico que ambiciona sentido.

En medio de esto, la empresa busca satisfacer las esperas y demandas legítimas de la sociedad, desde el momento en que determinados problemas críticos están identificados con sus valores. De allí, que la preocupación por el bien público y los deberes hacia la comunidad se han convertido en parámetros constitutivos de lo corporativo; son temas enseñados en las escuelas de gerencia. Se trata de reformar los principios y las prácticas de la empresa, en el camino permanente y regular del respeto a las normas morales. Tal es el sentido, se afirman un conjunto de principios que dotan a la empresa de una orientación moral continua y constitutiva.

La preocupación moral coincide con la identidad de la empresa. Para ser excelente la empresa debe afirmar su un ideal superior a las normas morales. Someterse a sus propios principios. Las reglas morales la conforman como una auto-institución. La ética de la empresa resulta de una deliberación y de una intención explícita sobre el fondo de los valores comunes recibidos. La personalidad moral de la empresa se construye.

Síguenos en:
Facebook: consultoría y asesoría filosófica Obed Delfín
Twitter: @obeddelfin
Youtube: Obed Delfín

miércoles, 13 de julio de 2016

LAS FALLAS COMUNICACIONALES: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Las fallas en la comunicación son uno de los problemas más importantes en los intercambios interpersonales dentro de cualquier ámbito. No obstante, los problemas de comunicación suelen ser síntomas de dificultades más profundas, y a ello hay que estar atentos. El sujeto perceptivo debe buscar, en primer lugar, las causas de los problemas de comunicación, en lugar de limitarse a combatir los síntomas. Primero se debe indagar, para luego actuar.

Entre los problemas de la comunicación, tenemos FALTA DE PLANIFICACIÓN de ésta. Una buena comunicación no es obra del azar, de allí la necesidad de diseñar ésta. Determinar las razones de una instrucción, seleccionar el canal más rápido, elegir el momento adecuado son acciones que favorecen la comprensión y reducen la resistencia del interlocutor. Otro problema común son los SUPUESTOS CONFUSOS. Tales supuestos son de importancia y suelen pasarse por alto; muchas veces basamos nuestra comunicación en supuestos no comunicados y basamos nuestros mensajes en éstos. Los supuestos no aclarados, por ambas partes, por lo general llevan a situaciones de confusión y, en consecuencia, en pérdida de la buena voluntad de las partes involucradas.

La DISTORSIÓN SEMÁNTICA es otro problema más. Ya que tal distorsión puede ser deliberada o accidental, en ambos casos genera confusión. Porque las palabras distorsionadas provocan reacciones distintas. Por ejemplo, para algunas personas el término "gobierno" puede significar interferencia o gasto deficitario; para otras, por el contrario, puede significar ayuda, trato igual y justicia. Qué significado tiene la palabra empleada en un contexto determinado, eso debe estar bien definido en una comunicación. Los MENSAJES DEFICIENTEMENTE EXPRESADOS, son otras de las complicaciones en la comunicación. Pues aunque las ideas del emisor están bien determinadas, el mensaje puede resentirse por el uso de palabras mal elegidas, omisiones, incoherencia, mala organización, oraciones torpemente estructuradas, obviedades, jerga innecesaria y falta de claridad respecto de sus implicaciones. Esta falta de claridad se puede evitar si ponemos más cuidado en la codificación del mensaje, y en expresar bien el mensaje que deseamos transmitir.

Otro ruido que se genera en la comunicación es el de la PÉRDIDA POR TRANSMISIÓN Y DEFICIENTE RETENCIÓN. Un mensaje al ser transferido en una serie de transmisiones, de una persona a otra, se vuelve cada vez más impreciso, se produce la pérdida de la transmisión. Igualmente, se da con la deficiencia de retención de la información. Repetir el mensaje para validarlo o constar que es correcto y emplear varios canales resulta necesario. Ya que en el camino el mensaje se diluye y en cada retransmisor puede haber una deficiencia de retención, lo cual agravando que el mensaje llegue a su destino final de manera correcta.    

La ESCUCHA DEFICIENTE Y EVALUACIÓN PREMATURA, es otra de las dificultades que se presenta en la comunicación. Escuchar exige total atención y autodisciplina. Requiere, asimismo, que quien escucha (el receptor) evite la evaluación prematura de lo que dice el hablante (emisor). Es muy común  nuestra tendencia a juzgar, a aprobar o reprobar lo que se dice, en vez de hacer un esfuerzo por comprender el marco de referencia desde el cual se está comunicando hablante. La COMUNICACIÓN INTERPERSONAL es el modo más eficaz y sencillo de transmitir algo a otra persona; ésta requiere de un contacto frente a frente en condiciones de apertura y confianza. Para mejorar nuestra comunicación no necesitamos ni costosos ni sofisticados medios de comunicación; lo que necesitamos es la disposición a participar en una comunicación frente a frente.

Si hay algo es entorpece la comunicación es la DESCONFIANZA, la AMENAZA y el TEMOR. Estas tres emociones fundadas en el miedo minan y bloquean toda comunicación. En un ambiente en el que estén presentes y sean predominantes estas pasiones, todo mensaje será percibido con escepticismo. Por ejemplo, la desconfianza puede ser producto de las incongruencias conductuales de la otra persona, o el temor debido a actitudes autoritarias y abusivas, nunca permitirán una comunicación entre iguales. Otro aspecto a tener en cuenta entre las dificultades comunicacionales es el PERIODO INSUFICIENTE PARA LA ADAPTACIÓN AL CAMBIO. Algunas comunicaciones necesitan de una capacitación o adaptación personal o ajustes profesionales, por ejemplo. Los cambios nos afectan de distintas maneras, de modo a veces necesitamos de tiempo suficiente para reflexionar sobre el significado de ciertos mensajes. Por ello, para alcanzar una mayor eficiencia en la comunicación es necesario no forzar el cambio de comprensión, ya que necesitamos adaptarnos a las implicaciones de los mensajes recibidos.

 Otra contrariedad en la comunicación, y muy común, es la SOBRECARGA DE INFORMACIÓN. Podemos pensar que un abundante flujo de información puede ayudar a resolver los problemas de comunicación. Sin embargo, un flujo desmesurado de mensajes puede dar como resultado un exceso de información, lo que trae consigo un embotamiento en la persona, una indigestión comunicacional. Cada uno de nosotros responde a la sobrecarga de información de manera distinta. Primero, debemos seleccionar la información para desestimar la que no consideremos pertinente en cierto momento. Segundo, si estamos o nos sentimos abrumados por demasiada información podemos cometer graves errores al procesar ésta. Tercero, por lo general, reaccionamos a la sobrecarga de información rehuyendo de ésta; la desechamos sin procesarla para buscar alivio a tal sobrecarga.

            Debemos estar atentos a estas situaciones para que la comunicación puede ser fluida y bien definida. Lo que nos permitirá establecer diálogos más eficientes y con resultados exitosos. Que es lo por lo general buscamos al comunicarnos con otra persona, sea en el ámbito que sea. 

Síguenos en:
Facebook: consultoría y asesoría filosófica Obed Delfín
Twitter: @obeddelfin
Youtube: Obed Delfín

miércoles, 29 de junio de 2016

FALLAS Y DESARROLLO DE NUESTRA ORGANIZACIÓN FUNCIONAL: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Las fallas en nuestra organización funcional pueden darse en nuestro hacer personal, profesional, laboral, organizacional, empresarial… Porque todo nuestro pensar-hacer es una organización funcional, aunque éste no esté planificado. No obstante, los éxitos o fracasos que alcancemos devienen de si nuestra organización funcional es eficiente o no. Expondremos varios aspectos, aunque nunca serán todos.

 La primera falla es la DISPERSIÓN Y CONSECUENTE PÉRDIDA DE AUTORIDAD DE MANDO. La pérdida de nuestra autoridad funcional nos lleva a la merma para controlar el funcionamiento de nuestro pensar-hacer, nos volvemos erráticos, deficientes e ineficaces. Así mismos, adquirimos una minusvalía funcional en nuestras relaciones. Ya que, comenzamos a manejar nuestras situaciones de manera torpe, distraída, porque perdemos el control en el funcionamiento de nuestros inteligencias.

Segundo aspecto es la SUBORDINACIÓN MÚLTIPLE. Si en nuestra organización funcional tenemos dificultad para determinar la distribución de prioridades, esto nos trae los problemas para limitar nuestras responsabilidades. Como dice Covey, sino sabemos determinar lo que es importante y lo que es urgente esto nos lleva a una pérdida de tiempo y a confusiones imprevisibles. Igualmente nos hacemos erráticos, desacertados en nuestra tomas de decisiones. Todo nos parece que tiene igual importancia. Por lo que, no podemos ni sabemos definir que va primero, ni en cual orden de prioridades debemos actuar. Estamos en una situación de confusión. Tenemos que aprender a subordinar cosas, para así establecer escalas de prioridad eficientes.  

Tercer elemento que debemos considerar en nuestra organización funcional, es la TENDENCIA A LA COMPETENCIA DE ESPECIALISTA. Esto es, todo lo sabemos hacer, somos excelentes en todo. Tal cosa es falsa. Según nuestra inteligencia múltiple nos desenvolvemos adecuadamente en algunos ámbitos, es decir, tenemos fortalezas para algunas cosas, para otras no. Sabemos hacer algunas cosas inteligentemente, para otras somos torpes. Por ejemplo, para futbolista derecho no es recomendable que patee a la portería con la pierna izquierda, porque lo más probable que falle la oportunidad de gol. Así somos con nuestras inteligencias. Somos especializados, por decirlo de alguna manera, en determinadas actividades, por lo que no podemos imponernos en nuestras funciones a hacerlo todo. Debemos delegar, para enfocarnos en los problemas que estamos inteligentemente preparados para resolver; en lo demás buscamos ayuda. Sin orgullos tontos.

Un cuarto aspecto a considerar es la TENDENCIA A LA TENSIÓN Y A LOS CONFLICTOS. Esto se da cuando somos uno de esos criticones, todo lo sabemos y en todo nos metemos, sin que nadie nos llame por supuesto. Damos opinión sobre lo divino y lo profano. Con lo cual generamos tensiones y conflictos a nuestro alrededor, que poco a poco nos pasa factura. Nos convertimos en sujetos tóxicos. Estamos en una permanente competencia. Por lo cual, la visión de conjunto de nuestra vida, es decir, de nuestra organización funcional. Esto nos lleva a una permanente divergencia, y una multiplicidad de objetivos, que por lo general, son antagónicos.  Producimos por ensalmo tensiones y conflictos con nosotros mismos y con los demás. Somos cuestionadores vacuos y sin sentidos. Después apelamos a que somos unos incomprendidos y terminamos en que nadie nos trate. Nos lo ganamos.

El quinto aspecto a considerar es la CONFUSIÓN EN CUANTO A LOS OBJETIVOS. Cuando estos nos pasa hemos perdido la brújula y con ella el rumbo. No sabemos qué es lo que queremos. Al poseer una brújula defectuosa vamos sin sentido, nuestro pensar-hacer es errabundo. Uno cosa o la otra nos es igual, ya que no están ni definidos ni determinados nuestros objetivos. Todo es igual al mismo tiempo. No sabemos exactamente qué hacer, la vida se nos vuelva algo gris. No sabemos a dónde dirigirnos, estamos como Alicia en la encrucijada. Queremos ir a algún lugar pero cualesquiera nos dan igual. Sin objetivos, las metas se vuelven difusas, borrosas, inmateriales. Caemos en la molicie. Somos parte del problema. Queremos hacer todo y nada. Somos una paradoja.       

Para superar la anterior falla funcional debemos plantearnos OBJETIVOS CORPORATIVOS. Es decir, debemos plantearnos objetivos que contribuyan al éxito de nuestra empresa, de nuestro emprendimiento, de nuestro pensar-hacer. A eso que nos hemos propuesto hacer en la vida y que responde a las destrezas de nuestra inteligencia múltiple. La administración de de nuestros objetivos no es un fin en sí mismo, es una manera de apoyar las metas que nos hemos planteado. Asimismo, debemos proponernos OBJETIVOS FUNCIONALES. Que contribuyan a mantener nuestros recursos, en todos los sentidos, a un nivel apropiado a las necesidades de nuestra organización funcional. Debemos hacer una administración personal que se adecua a nuestras necesidades produciendo las mayores ganancias de los recursos que poseemos.

Asimismo, debemos plantearnos OBJETIVOS SOCIALES. Esto quiere decir que debemos responder a los desafíos sociales a partir de una ética coherente. Con ello reduciremos las tensiones y las demandas inadecuadas a nuestros fines que la sociedad ejerce sobre nuestro pensar-hacer; si no hacemos frente a tales tensiones terminamos por disminuir y fulminar nuestra organización funcional. Ya que tales demandas que no son adecuadas a nuestras metas van ganando terreno en nuestro hacer, y terminamos por enajenarnos en ellas. Terminamos siendo otro. Nuestra personalidad se fortalece en la medida que nos planteamos objetivos sociales, es decir, objetivos éticos.   

Los anteriores objetivos desembocan en la propuesta de OBJETIVOS PERSONALES. Necesitamos tener presente que cada uno nosotros es integrante absoluto de la organización funcional que nos hemos planteado. Por lo cual, aspiramos a lograr metas personales legítimas. Reconocemos, entonces, que una de nuestras funciones es apoyar las aspiraciones que nos constituyen, que nos hemos propuesto, las cuales configuran nuestro hacer. Los objetivos personales nos hacen ver como sujetos de acción. Como sujetos de nuestra propia autonomía.

Tales objetivos nos llevan pensar en función de una justicia organizacional, que tiene efectos más allá de las actitudes, del compromiso y del esfuerzo). Se trata que apreciemos nuestra sustantividad y los efectos que ésta tiene en nuestros logros. Esto nos lleva a tratarnos con equidad y plantearnos, por una parte, una JUSTICIA DISTRIBUTIVA, esto es, a darnos los incentivos necesarios para seguir adelante. Por otra parte, proponernos una JUSTICIA PROCEDIMENTAL, es decir, determinar los procedimientos por medio de los cuales adoptamos las decisiones para distribuir nuestros incentivos.

Podemos plantearnos nuestra organización funcional desde tres enfoques. El primero, el ENFOQUE FUNCIONAL, éste lo orientamos a integrar la razón de nuestro ser; la búsqueda de relaciones equitativas, flexibles e integradas para aumentar nuestra productividad, mejorar nuestra eficacia, para asegurar los compromisos en el cumplimiento de nuestros objetivos. El segundo, el ENFOQUE ORGANIZATIVO. Con éste buscamos dar la calidad a lo que estamos haciendo; intentamos conciliar nuestras necesidades con los objetivos planteados. Usamos instrumentos, herramientas y programas para el desarrollo y cumplimiento de nuestro hacer exitoso. Por último, el ENFOQUE ESTRATÉGICO. Lo concebimos como una función de asesoramiento de las estrategias necesarias, para fomentar una organización de aprendizaje capaz de cumplir exitosamente las metas propuestas.


Síguenos en:
Facebook: consultoría y asesoría filosófica Obed Delfín
Twitter: @obeddelfin
Youtube: Obed Delfín

martes, 21 de junio de 2016

NUESTRO PATRÓN MENTAL DE ÉXITO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Importante es saber cuál es nuestro patrón mental de éxito. Porque cada uno de nosotros tenemos un esquema mental de éxito y con éste realizamos nuestros haceres en el mundo. Éste determina cual será o es nuestra trayectoria para el éxito o no. No obstante, nos preguntamos ¿Qué es el patrón mental de éxito?

Este patrón es un plano o un diseño específico (personal) de nuestra relación con el mundo, con los demás, con nuestro pensar-hacer, con el éxito. Es nuestro modo de ser, de actuar, de nuestra relación con resultados exitosos. El modo de cómo producimos el mismo es Deseo + Razón + Acción = Resultados (D + R + A = R) Es, como apreciamos, la sumatoria de diversos elementos con el fin puesto a unos resultados. Resultados que han de ser felices, para que los mismos sean exitosos.
 
El deseo desea algo, es el primer movimiento como diría Aristóteles es lo que mueve. A éste deseo se suma la razón, que en este caso es una razón deseante, la cual organiza y encauza al deseo con vista a un fin. La razón en conjunción con el deseo está dirigida a un acto, a una acción. El deseo mueve a la razón y ésta dirige a aquella a una acción productiva. Y toda acción produce, entonces, un resultado. Si cada elemento se ha producido en armonía con el otro, podemos esperar que el resultado sea exitoso. Por el contrario, el resultado podría no ser exitoso.  

Podemos expresarlo en otros términos, es decir, inteligencia del deseo (Inteligencia Emocional) + Inteligencia de la razón (Inteligencia Racional) + Inteligencia en las acciones (Praxis Racional) = Resultados (Exitosos). Porque estamos tras la búsqueda de resultados beneficiosos. Cuando este esquema falla no encontramos los resultados que deseamos. Ahora bien, esta formulación no contempla a un sujeto aislado, sino que está en función de relaciones con el mundo, para ello es la razón. Además, no es un esquema lineal, aunque así pareciera. Tiene bucles.    

También lo podemos expresar de esta manera: Pensamiento → Sentimiento → Acciones = Resultados (P → S → A = R). Se produce en nosotros un Pensamiento de algo, una idea que nos lleva a un Sentimiento que desea, una emoción que nos impulsa a realizar una Acción para lograr un Resultado que satisfaga aquel primer Pensamiento. Acá parece circular. Sin embargo, lo mismo ocurre en el anterior esquema, el resultado debe satisfacer al deseo o pensamiento inicial. 

Como apreciamos nuestro patrón mental de éxito está conformado por la combinación de: pensamientos, razón, deseos, sentimientos, acciones con vista a un resultado. Somos dueños de nuestros deseos, pensamientos y acciones. Pero debemos trabajar para ser dueños de nuestros resultados también. Porque a veces los resultados no son los que esperábamos o no somos propietarios de éstos. Aunque somos responsables del éxito o del fracaso.

Tal como hemos expuesto el esquema de nuestro patrón mental éste resulta muy aséptico. Entonces nos interrogamos ¿Cómo se formó nuestro patrón mental de éxito? Acá es bueno aclarar una cuestión, muchas veces y es lo más común, nuestro patrón mental es más un patrón de fracaso o de conformidad que de éxito. Por ello, es importante que nos planteemos estas dos preguntas: ¿Cuál es nuestro patrón mental de éxito? Y ¿Cómo se formó éste? Porque en gran medida trabajamos más con un «patrón mental de conformidad o de fracaso»

¿Cómo se ha formado nuestro patrón mental? —Voy a excluir de éxito, por el momento— Nuestro patrón mental se ha formado, en primera instancia, a partir del «conjunto información que hemos recibido», de nuestra familia, amigos, escuela, trabajo, entorno social… En segundo lugar, se ha conformado de la manera en cómo hemos «procesado esa información» que hemos recibido a lo largo de nuestra vida, de nuestras interacciones sociales y de nuestras reflexiones. En tercer lugar, se ha conformado a partir de esa «visión del mundo» que hemos elaborado para nosotros. En cuatro término, se ha conformado a partir de «cómo hemos manejado nuestras circunstancias». Estos cuatros elementos son los que han conformado nuestro patrón mental, sea éste de éxito, fracaso o conformidad.

Según sea nuestro patrón mental tenemos «un modo» de pensar y tratar el éxito. ¿Hemos aprendido a cómo pensar acerca del éxito? ¿A cómo tratar con relación a él? Porque muchas veces, e insisto es muy común, que tratamos al éxito con rechazo, esto es, lo rechazamos. Incluso, le tenemos miedo. Eso se debe a nuestro patrón mental. Por ejemplo, en nuestra familia nos enseñaron a trabajar, a ser responsables; pero no a ser exitosos. Son dos cosas diferentes.  

Ahora bien, pensar y tratar con el éxito es un «proceso de aprendizaje». Y como en todo proceso de aprendizaje éste trato y este pensar se aprenden. Este aprendizaje se ha de convertir en norma, en ley. En comportamiento adecuado a un fin; en respuesta automática ante la vida. Aprendizaje que terminará por dirigir nuestras vidas hacia el éxito.

A partir de lo anterior tenemos que el proceso de aprendizaje nos coloca en un esquema del tipo: Aprendizaje → Pensamiento → Sentimientos → Acciones = Resultados (A → P → S → A = R) o Aprendizaje + Deseo + Razón + Acción = Resultados (A + D + R + A = R). Recordemos que nuestro patrón mental, como hemos visto, es un proceso social. Por tanto, el aprendizaje es un factor relacional en la modificación de ese patrón que hemos conformado.

El aprendizaje nos da la libertad de revisar, interceder y modificar nuestro patrón mental. Si éste es un esquema de fracaso o de conformidad lo podemos re-configurar para que sea un verdadero patrón mental de éxito. La condición está en re-estructurar el aprendizaje y el condicionamiento que rige nuestro pensar-hacer, para así lograr un esquema mental adecuado a unos resultados exitosos.

Ahora bien, para que uno se plantee realizar un cambio es porque debe pasar algo, darse alguna situación. ¿De dónde proviene un deseo o pensamiento de cambio? Proviene de una insatisfacción. De no estar satisfecho de algo y ser consciente de ello. A partir de eso asumimos llevar a cabo un conjunto de acciones para cambiar esa situación.

Tales circunstancias, que ahora nos abruman, se han ido conformando a través del tiempo. Viene, entonces, la siguiente pregunta ¿Cómo hemos llegado a estar condicionados? ¿Cómo hemos podido estar atrapados en esa situación? Por varias causas, entre éstas tenemos, en primer lugar, el «Condicionamiento Verbal», es decir, lo que hemos estado oyendo permanentemente, por ejemplo, el éxito es malo; entonces, se hace necesario preguntarnos ¿Qué hemos estado oyendo durante toda nuestra vida? En segundo término, el «Condicionamiento de Modelos de Referencia», lo que hemos visto e imitado, antes dije que por ejemplo nuestra familia nos ha enseñado a trabajar y ser responsables; eso hemos visto, trabajamos y somos responsables pero hasta allí; Debemos que preguntarnos ¿Qué hemos visto, qué estamos imitando? Tercero, el «Condicionamiento de Incidentes Concretos», esto es, las experiencias de nuestra vida, los asuntos en que nos hemos vistos envueltos, cómo hemos resuelto o interactuado en esas situaciones; en este caso, tenemos que preguntarnos ¿Qué hemos experimentado? o ¿Cuáles han sido nuestras experiencias hasta ahora?

Al comprender estos diversos condicionamientos de nuestro pensar-hacer podemos reestructurar, reorientar, desde el aprendizaje nuestro patrón mental de éxito. Como apreciamos estamos ante una situación reflexiva-praxis para poder superar nuestro modo de vida, darle un giro hacia unos resultados que deseamos llevar a cabo, y así alcanzar una vida exitosa.


Puedes seguirnos en:
Facebook: consultoría y asesoría filosófica Obed Delfín
Twitter: @obeddelfin
Youtube: Obed Delfín

martes, 14 de junio de 2016

NUESTRO APRENDIZAJE PARA RESULTADOS EXITOSOS: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Tenemos que observar permanentemente nuestros resultados. Para saber si éstos nos gustan o no. Porque tales dicen mucho de los que somos y hacemos, esto es, de nuestro pensar-hacer. ¡Cuidado con ellos! Porque de alguna manera son como una matriz de evaluación de nosotros mismos.

Cuando atendemos a nuestros, a la vez, tenemos que poner atención al ser que somos. Repito a nuestro pensar-hacer. Ya que esto que somos  es lo que produce nuestros resultados. Si deseamos producir resultados diferentes a los que hemos alcanzados o estamos alcanzando. Entonces, tenemos necesariamente que modificar lo que somos. Tenemos que modificar nuestro pensar-hacer. No podemos creer que cambiaremos nuestros resultados manteniendo nuestro mismo modo de pensar.

Si queremos resultados diferentes en nuestra vida tenemos que analizar, en primer lugar, nuestro «patrón mental de éxito» en función de lo que estamos alcanzando o no. Tenemos que saber y entender cómo está constituido tal patrón, pues de él devienen nuestros resultados. Nuestro patrón mental determina nuestro hacer, y en consecuencia lo que logramos o dejamos de lograr.

Nuestra vida fluye a través del patrón mental que hemos ido construyendo, o el cual hemos conformado. Nos regimos por éste. Buscamos la luz, la oscuridad o ambas, según el patrón mental que nos planteamos. Damos respuestas a los asuntos en que interactuamos desde un patrón mental determinado. Que nos define como sujetos y define nuestras actuaciones.

Los resultados obtenidos nos sirven para analizar nuestra situación, nos hacemos cargos de ellos para entender que ha estado pasando. A partir, de este análisis comenzamos a poder cambiar los resultados que están por venir, pues nuestras acciones derivaran de un enfoque diferente. Ya que, nuestro patrón mental hemos tenido que reconfigurarlo.

En nuestro hacer vivimos en cuatro ámbitos. Éstos son el físico, mental, emocional y espiritual. Los cuales están relacionados entre sí y se influyen unos a otros. Si modificamos uno cambiamos los otros. Por ejemplo, nuestro mundo físico o material está condicionado por los otros tres; si deseamos cambiar las condiciones de nuestro mundo material tenemos que cambiar las condiciones desde los otros tres ámbitos. Los resultados que ahora deseamos lograr, los podemos alcanzar a partir de los cambios que hagamos de nuestro mundo mental, emocional y espiritual.

De este modo, la carencia de éxitos materiales es el resultado de nuestro mundo mental, emocional y espiritual. Para cambiar nuestro «universo de resultados» es necesario transformar nuestro pensar-hacer. El mundo que es causa de nuestros resultados.

Porque nuestro universo de resultados es producto de nuestra toma de decisiones; y ésta está determinada por nuestro patrón mental de éxito. Sean los resultados que sean. Si Los resultados obtenidos nos resultan deficientes o no están bien, es porque nuestro patrón mental es deficiente o no es adecuado para la búsqueda de tales resultados. Tenemos acá una relación de causa-efecto.
Ahora bien, esto no es un problema irresuelto. Pues tenemos la libertad de poder transformar nuestro patrón mental y con él los resultados que deseamos obtener. Para ello está el aprendizaje. Lo que oímos y vemos lo aprendemos; lo que pensamos-hacemos lo aprehendemos. Por tanto, cada «aprendizaje » nos tiene que llevar a una acción en la búsqueda del éxito. Cada quien determina cual es su «universo de éxito» y de qué trata éste.

Porque el aprendizaje tiene que contener la intención de emprender una acción, y de adoptar una posición precisa para lograr un resultado determinado o que nos proponemos. Con el aprendizaje debemos manifestar nuestra intención de hacer o ser algo. No puede ser un aprendizaje que se queda en sí mismo. En tal caso, el aprendizaje no tiene sentido. Por cuanto todo aprendizaje, en tanto aprendizaje, contiene en sí una transformación. En este caso, es un aprendizaje que tiene la mira puesta en alcanzar resultados exitosos.

Con el aprendizaje para el éxito asumimos una postura ante un hecho determinado que queremos realizar. Y desde esta postura emprendemos todas las acciones necesarias para realizar de ese objetivo o hacer realidad el mismo. Al llevar a cabo un aprendizaje para el éxito  se abre un torrente de actitudes adecuadas para éste. Aprendemos a preservar y canalizar nuestras actitudes y disposiciones. Aprendemos a mantener en lo más alto nuestra capacidad de proyectar hacia un presente y un futuro, a proyectar nuestro pensar-hacer en la búsqueda de una vida exitosa.

            Tal aprendizaje lo realizamos en función de transformar nuestro patrón mental en un patrón mental enfocado al éxito. Porque todos tenemos un patrón mental determinado, pero generalmente éste no está dirigido al éxito. Entonces, debemos comenzar un aprendizaje para el éxito, para así llegar alcanzar los resultados felices y satisfactorios.  


Puedes seguirnos en:
Facebook: consultoría y asesoría filosófica Obed Delfín
Twitter: @obeddelfin
Youtube: Obed Delfín

martes, 26 de abril de 2016

UN PENSAR-HACER PARA EL ÉXITO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Para la conformación de un patrón mental de éxito podemos hacer uso de herramientas externas, es decir, hacer uso de técnicas de emprendimiento, de administración y estrategias de inversión del emprendimiento. Es importante adquirir herramientas de primera calidad, para ser un artesano de primera. Muchas de estas herramientas se adquieren en talleres, conferencias, programas de formación, estudios académicos… Siempre hay que separar el grano de la paja, como dice el dicho.    

Junto a las herramientas externas, está ese artesano de primera que debemos llegar a ser.  Para ello debemos ir configurando la persona adecuada, en el lugar y en el momento justo. Esto es, desarrollar las herramientas internas. Para esto debemos comenzar por hacernos y responder un conjunto de preguntas, por ejemplo: ¿Quién soy? ¿Cómo pienso? ¿Cuáles son mis creencias? ¿Cuáles son mis hábitos? ¿Cuáles mis rasgos de carácter? ¿Cómo me siento con respecto a mi mismo? ¿Qué grado de confianza tengo en mi mismo? ¿Cómo me relaciono con los demás? ¿Cuánto confío en los demás?  ¿Siento que verdaderamente merezco el éxito? ¿Cuál es mi actitud para actuar a pesar de: los inconvenientes, preocupaciones, miedos, las molestias?

¿Qué se anida en todas estas pregunta? La duda. Y podemos agregar la duda socrática o cartesiana. Esa duda que nos incita a buscar las respuestas y las acciones adecuadas a un fin, a una meta. Y esa meta, en el caso que nos compete, es el éxito. Para qué tanta pregunta, podemos decir. Este desdén por la pregunta es algo muy común, porque parece que nos la sabemos todas más una. Y como resultado, por lo general, tenemos un sujeto confuso, carente de metas; que navega en un océano sin brújula, sin sentido. Pero que nunca se cuestiona, porque todo está bien.   

Lo cierto, es que nuestro pensar-hacer constituye la parte fundamental y determinante de nuestro éxito y prosperidad. O de nuestro fracaso e infelicidad. Una de las claves esenciales del éxito consiste en elevar y proyectar nuestra energía optimista. Con esto atraeremos a la gente y éxito hacia nosotros. Es el principio de atracción y repulsión expuesto por Empédocles.

          Al configurar las herramientas internas conformamos en sujeto en su pensar-hacer, es decir, nos configuramos a nosotros. Y en consecuencia construimos nuestro patrón mental del éxito. ¿Por qué es importante este patrón? Porque si no estamos preparados y sintonizados para el éxito, en caso de alcanzarlo, lo más probable es que nos dure poco y terminemos perdiéndolo. Será un éxito efímero.

La mayoría de las personas no tienen la capacidad interna para crear y manejar el éxito. De allí que éste se les escapa constantemente de las manos, se les diluye; lo derrochan. Esto se da porque no hay un sujeto adecuado para el manejo del éxito. Se embotan y éste los abruma. Más complicado estas personas no están preparadas para afrontar los retos que acompañan al éxito. El éxito los asalta, más que ellos lo construyan. 

Cuando este fracaso se da tendemos a regresar a nuestro lugar original de seres sin éxito. Porque éste nos resulta un lugar más cómodo de manejar y estamos habituados a manejarlo. Algo como la fábula de la «Zorra y uvas verdes» ¿Por qué se da este fenómeno? O porque no tenemos la capacidad emocional habituada al éxito o no tenemos un patrón mental de éxito adecuado. Incluso, podríamos estar hablando de una forma inadecuada de éxito. Por ser, en este caso, tan perecedero.

Tenemos realmente éxito cuanto elaboramos y llevamos a cabo nuestro patrón mental de éxito. La mayoría actuamos de manera inconsciente a esto. O solo deseamos el éxito, como solo deseo. Para hablar propiamente de éxito, éste tiene que generarse a partir de un patrón mental exitoso, de un patrón mental de riqueza. En ese caso, sería un pensar-hacer constante, sólido. Y no algo voluble.


Facebook: consultoría y asesoría filosófica Obed Delfín
Twitter: @obeddelfin
Youtube: Obed Delfín

jueves, 21 de abril de 2016

EL ÉXITO, ENTRE EL DESEAR Y EL HACER: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Sin darnos cuenta muchas veces, y son muchas, sin ser conscientes de esto tenemos miedo al éxito y a la riqueza. El éxito es el logro de un resultado feliz, la riqueza una consecuencia de aquel. Ahora bien, muchas veces tenemos solo el deseo de alcanzarlo. Bien sabemos que esto no es suficiente; pues el mero deseo no es el éxito, es solo el deseo de éste. Y esto es una tranca, porque cómo pasar del deseo al éxito propiamente.

Entre el deseo que tenemos de lograr el éxito y el éxito mismo falta un eslabón. ¿Cuál es este eslabón? Alguno podría decir que es la acción, el hacer; ya que no es suficiente el desear, sino que es fundamental el hacer. Y esto es cierto. Sin embargo, para el hacer es necesario un conjunto de disposiciones con vista a un fin. Sin estas disposiciones no somos nada. O en otros términos estamos condenados a no hacer nada o nuestro deseo es vacío.

Tal conjunto de disposiciones, en este caso, está determinada por nuestro patrón mental del éxito; y éste acecha en nuestro subconsciente. Si nuestro patrón está programado para el éxito, nos dirigiremos al éxito. En caso contrario, nada de lo que aprendamos, o sepamos y de lo que hagamos nos conducirá a éste. Seremos como la brújula de Sparrow, que apunta hacía cualquier parte, mientras no determinemos que es lo que más queremos. Nuestro patrón mental es el eslabón entre el deseo del éxito y el éxito mismo. Y a éste es que tenemos que atender antes.

Todo patrón este es modificable, puede ser cambiado. En caso, que el mismo no esté sintonizado con nuestro deseo del éxito. Por ello, debemos interrogarnos ¿cómo pensamos y actuamos con respecto al éxito? Porque aunque mucha gente habla del éxito. Sin embrago, le tiene miedo a éste, como ya dijimos antes. Habla del mismo, pero su pensar no está sintonizado con tal, y su hacer tampoco. Algo así, como aquel que quiere ganar la lotería pero nunca compra el boleto; aquel que quiere graduarse pero no estudia. La razón es que entre el deseo o pseudo-deseo y el patrón mental del éxito hay un abismo insalvable.

Con respecto a patrón mental de éxito, nos debemos plantear al menos estas preguntas: ¿Cuál es nuestra experiencia con respecto al éxito y la riqueza? ¿Cuál es nuestro patrón mental del éxito? ¿De dónde procede éste? ¿Cómo se ha configurado? ¿Qué le está pasando a nuestro potencial con respecto al éxito? Estas interrogantes nos llevan hacer algo de reflexión. Pues nos inducen a examinar nuestras creencias, ya que tenemos algunos juicios muy arraigados. Que no hemos evaluados conscientemente.

Si nos va mal y nosotros queremos que nos vaya bien, es porque hay algo que no estamos haciendo bien, y esto no lo sabemos. Parece algo evidente y muy transparente de ver; pero es ese el problema, que tan claridad deslumbra. No sabemos qué estamos haciendo mal, y tampoco sabemos por qué lo estamos haciendo mal. Muchas veces, porque toda la vida lo hemos hecho de esa manera, y peor aún porque toda la vida lo hemos pensado de esa misma manera. El problema es nuestro pensar-hacer. Algo no funciona en esta unidad. Porque creemos que ambas actividades están separadas.

Aquella reflexión nos llevará preguntarnos ¿cómo debemos platearnos un pensar-hacer para ser un sujeto exitoso? Un pensar-hacer que está signado por nuestro patrón mental del éxito, o éste es nuestro pensar-hacer. Un sujeto exitoso, aquel que alcanza resultados felices, tiene que cumplir los compromisos que se establece. Por acá inicia la cuestión. Plantearnos una filosofía del éxito. ¿En qué consiste ésta?

Puede iniciar, por un primer aprendizaje por modelaje, es decir, estudiar a la gente exitosa, ver cómo piensan y hacen. Para plantearnos estrategias de emprendimiento, estrategias de pensamiento. Comprometernos a lograr el éxito, no quedarnos en el deseo del mismo. Trabajar para ganar, lo otro es trabajar para trabajar. Centrarnos en las metas que nos planteamos, evitar el divagar sin sentido.

De este modo, podemos generar un patrón mental de éxito dirigido al éxito. Recordemos que el cerebro emocional y racional, como lo denomina Goleman, pueden ser nuestro mayor obstáculo para lograr el éxito. Por lo que, debemos asumir un pensar-hacer que estimule el logro del éxito. Porque como señala Goleman “el optimismo —al igual que la esperanza— significa tener una fuerte expectativa de que, en general, las cosas irán bien a pesar de los contratiempos y de las frustraciones”.  

Lo que estamos haciendo, entonces, es diseñar un programa de filosofía del éxito, donde combinamos nuestro ser interior con el ser exterior con el fin de alcanzar resultados exitosos. Que consiste en comprender el ser interior del éxito para ganar el éxito. Aprendemos a pensar en el éxito para hacernos exitoso. Construimos y aprehendemos un patrón mental de éxito programado verdaderamente para el éxito.  

Pues, en muchas ocasiones, lo que llega a constituir nuestro mayor obstáculo en la vida es lo que creemos que sabemos. Pero resulta que no sabemos por qué lo creemos, de dónde ha salido esa creencia, y cómo aplicamos o realizamos ésta en nuestra hacer. Es esencial que reconozcamos por qué nuestro pensar-hacer nos ha llegado a poner en el lugar que nos encontramos. De este modo, podemos iniciar la construcción de un patrón mental adecuado al éxito de nuestra vida.


Facebook: consultoría y asesoría filosófica Obed Delfín
Twitter: @obeddelfin
Youtube: Obed Delfín