lunes, 19 de enero de 2015

DE LAS QUERENCIAS EN LA CONFORMACIÓN DEL SUJETO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Las querencias son fundamentales en la conformación del sujeto. Las doctrinas budistas apelan al desapego como formas de no-afiliación, lo cual evita el dolor; esto semejante a las doctrinas estoicas. Indudablemente deben estar hablando, ambas doctrinas, de apegos patológicos o enfermizos, los cuales son desfavorables para alcanzar ciertas metas planteadas en la vida de cada persona. Es este caso, son obstáculos para alcanzar una vida de bienestar.

            Todos tenemos querencias de diferentes intensidades y duración. Querencias de toda una vida, como por ejemplo, la querencias a nuestra madre, padre, hijos, abuelos, amigos… Como la elegía de Miguel Hernández a Ramón Sijé, cuando el poeta dice: “En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería…” También tenemos querencias por una región, un país… o querencias triviales como por el chocolate blanco o negro, o a algo pasajero. Cada una de éstas es diferente en su sentir. Sin embargo, cada una de ellas contribuye, a lo que Heidegger llama, el construir, morar y pensar en nuestras vidas.

            De este modo, anteponer el desapego como una práctica irreflexiva no tiene sentido. El desapego, como un hacer del sujeto, tiene que tener previamente un pensar. La querencia, por el contrario, es algo natural al sujeto, pero por ello mismo también debe ser cultivada. La querencia debe ser parte de una educación estética y ética, a través de la cual se va construyendo el ethos del sujeto.

            La querencia nos atañe a diario. Un amigo, a quien le dio la chikungunya y estuvo tres días encerrado en su apartamento sin asistencia de nadie, me contó, que cuando los vecinos llegaron a auxiliarlo, lo primero que les dijo fue: «la comida del gato»; los vecinos viendo en el estado que se encontraba le dijeron: «te estás muriendo y tú pensando en el gato». Así son nuestras querencias. Así somos. Actuamos en gran medida por nuestras querencias y ellas en gran medida nos definen. O esas querencias que parecen no ser tales, porque están en un estado de aparente olvido, como una amiga que al morir un conocido me decía «uno piensa que no los quiere, pero si los quiere en verdad».

            Primero tenemos que cultivar nuestras querencias, para luego cultivar y saber manejar el desapego. No podemos pretender llegar al desapego sino no nos hemos educado en nuestras querencias. Debemos recordar que el desapego es la terapéutica al apego enfermizo, el cual se convierte en una emocionalidad desfavorables, que obstaculiza nuestras metas. El desapego no es contrario a nuestras querencias, ni las niega. Ni la querencia debe negar el desapego cuando éste es necesario a nuestras vidas.

            Tenemos estas querencias porque vivimos en una permanente exterioridad, que en este caso no tiene ningún valor de favorable o desfavorable a nuestra vida. No lo tiene porque así somos, miramos constantemente a nuestro entorno. En este sentido, estas querencias nos van conformando como sujetos. Cuando vivir ese realiza en una pura exterioridad ésta se hace patológica, estamos ante una situación que amerita una terapéutica; asimismo cuando vivimos en una interioridad enfermiza que nos aísla del mundo. De allí la necesidad movernos en ese equilibrio dinámico que requiere la vida reflexiva.

            En este sentido, le dejo una pequeña historia que a muchos los acompaña en sus querencias:

            El Feo parecía que había nacido en una pinturería durante un terremoto, a escala 8,5 de Richter; estaba conformado por tres colores básico, que bien sabemos que se mezclan dando la apariencia de un Jackson Pollock ebrio. El blanco se mezclaba con el amarillo dando un color sucio, el amarillo tenía esas rayas más oscuras quedan una apariencia atigrada, el negro entreverado de pelos blancos parecía gris, y mezclado con el amarillo parecía barro de la calle. Además, el Feo, que luego nos dimos cuenta que no era macho sino hembra como ya sospechábamos, era medio espelucado en la parte de las patas traseras. La mitad de la cara era amarilla, la otra negra con media oreja amarilla. Los ojos amarillos como las mariposas de Mauricio Babilonia, un encanto cubista.
           
            Se sumaba a su apariencia desmelenada, una mancha negra en la fosa nasal derecha y otra en la parte inferior de la boca, lo que le daba una semejanza con Mike Rourke en «Barfly» después de una pelea en algún bar. Cuando lo conocí tenía sólo cinco meses, era esmirriado y con cara de hambre, aunque se había criado en el patio de la casa de Eugenia, y comía en medio de unos jurásicos morrocoyes sabaneros. Tenía un menú variado que iba de lo carnívoro a lo vegetariano. Todo un degustador.

            Acostumbraba a sentarse, en cualquier parte, a mirar a lo lejos con un desamparo y una melancolía que solo se ve en los perros callejeros y en los enamorados. Vivía en el patio, nunca se acercaba a la puerta de la casa, porque Zeus Tonante haría que sus rayos se convirtieran en una lluvia de escobazos; me habían contado que ya había recibido, en una oportunidad, la furia del dios del Olimpo. Creo que no tenía ganas de volver a experimentar tal epifanía divina.

            Como todo gato iba metiendo la nariz por todas partes, era un Tom Sawyer con aspecto de Huckleberry Finn; esto le trajo la desgracia a su corta vida, cual Gavroche cantando “La alegría es mi ser; por culpa de Voltaire; si tan pobre soy yo, la culpa es de Rousseau”. Pues una madrugada, algún dios faraónico se olvidó de él; tal vez distraído por alguna plegaria urgente o tal vez, como canta el viejo Silvio, es que éstos son incompetentes. Porque esa madrugada, sin dioses atentos, su cuerpo se accidentó y perdió la agilidad felina de los de su especie. Allí llegó la tristeza que todo lo borra; luego vino la ausencia, a la que tanto tememos los humanos.  



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viernes, 12 de diciembre de 2014

DEL PENSAR COMO ACTO DE APRENDIZAJE: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Señala Heidegger que «Llegaremos a aquello que quiere decir pensar si nosotros, por nuestra parte, pensamos. Para que este intento tenga éxito tenemos que estar preparados para aprender el pensar». En los últimos tiempos se habla de aprender a sentir las emociones, y hablamos del corazón como metáfora que es, pues sabemos que tanto las emociones como el pensar son funciones del cerebro. Ahora bien, en la invitación a sentir nuestras emociones nos olvidamos del pensar, como si en verdad supiésemos pensar. Pensar es algo que debemos aprender, ya que éste no es algo del todo natural.

            Debemos aprender a pensar, pues aún no sabemos o no somos capaces de pensar. Pensamos, pero nuestra razón se despliega en el pensar. La función natural del cerebro, entre otras cosas, es pensar; pero no pensar racionalmente, y acá incluyo a la emoción como parte del pensar. Debiésemos poder pensar cuando quisiéramos, pero son más las veces que queremos pensar y no podemos.

            Con este deseo de pensar, queremos mucho y podemos poco. El pensar entonces es una posibilidad, que no garantiza que seamos capaces de hacerlo. No obstante, admite esta capacidad nuestra de poder llegar a serlo, es decir, que somos capaces de hacer aquello que deseamos, de aquello a lo que somos afectos. Podemos llegar a pensar en la medida que deseemos llegar a pensar, que hagamos de este deseo una inclinación de nuestro ser.

            Tenemos, como dice Heidegger, que «cobijar» este deseo. En el pensar debemos estar atentos a lo que hay que tomar en consideración; pues así seremos capaces de aprender a pensar. ¿Qué es aprender? Aprender lo hacemos en la medida que nuestro hacer y dejar de hacer lo hacemos en correspondencia con aquello que, en cada momento de nuestra vida, nos resulta esencial. Como señala el filosofo de Messkirch: «A pensar aprendemos cuando atendemos a aquello que da que pensar».

            Lo que es de nuestra consideración es lo que no impulsa a pensar. Lo que nos es indiferente no. Por ello, pensamos en lo que nos preocupa, en lo que se hace preocupante a nosotros es en lo que pensamos. Nadie se levanta una mañana y dice: «hoy voy a pensar sobre tal cosa o tal otra», cuando nos damos cuenta ya estamos pensando en algo que nos preocupa. ¿Qué es lo que es lo preocupante?

            Ante esta circunstancia de lo preocupante, la solicitud es que actuemos. La solicitud es cómo hacerlo, se nos dice que lo que falta es acción. De allí siempre el conjunto de preguntas instrumentales, en ¿cómo lo vas hacer? La acción sobre el pensar. Sin embargo «es posible que hasta nuestros días, y desde hace siglos, el hombre haya estado actuando demasiado y pensando demasiado poco», dice Heidegger. Ahora se dice que se debe sentir más, ya ni siquiera pensar.

            No encontramos a diario en medio de y entre las cosas. De aquí parte nuestro interés por las cosas del mundo, incluidos nosotros en ellas. Ahora bien, lo que nos resulta de interés o preocupante convierte al resto de las cosas en indiferentes. Asimismo, lo que es de interés para hoy es lo que vale como preocupante. Esto o aquello es lo que nos permite estar preocupados o  indiferentes; y en un momento dado pasar a estar liberados de aquello que no nos concierne.

            A veces pensamos que hacemos una atención especial a algo cuando decimos que nos resulta interesante. Y sin embargo pasamos, inmediatamente, a lo indiferente con respecto a esto. Podemos señalar que tal preocupación era exógena, que en verdad no nos concernía. Era la preocupación de otro, no nuestra. Lo preocupante, en tal caso, es lo que da que pensar desde nosotros mismos, no desde otros.

            Lo que nos preocupa, lo que nos da que pensar, nos interpela en tanto nos hace dirigirnos a ello, y hacemos esto pensando. Lo que nos da que pensar no es algo que nosotros establecemos, como antes he indicado. Lo que nos da que pensar se nos adviene sin darnos cuenta. ¿Estamos preparados para pensar en ello? De allí, que lo preocupante sea el hecho de que nosotros aún no pensamos.

            ¿Qué quiere decir esto? Que todavía no hemos llegado propiamente a pensar por y sobre nosotros mismos. Que no nos hemos considerado como lo que nos preocupa. ¿Por qué no hemos llegado aún a esto? Tal vez porque nosotros todavía no nos consideramos, de un modo suficiente, aquello que es lo que da que pensar. En este caso, no somos de interés para nosotros mismos; somos sólo un descuido, una negligencia.


             El hecho de que todavía no pensemos, se da porque estamos o le damos la espalda a lo que en verdad es lo preocupante. Nos dirigimos, por el contrario, de modo suficiente a aquello que no está en nuestra consideración, sino en la de otro. ¿Cuándo y de qué modo ocurrió este dar la espalda? Sea la pregunta inicial a nuestro aprender a pensar.


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martes, 25 de noviembre de 2014

CONFLICTO Y DIÁLOGO EN LOS AMBIENTES HUMANOS: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Entre los factores que más perturban en una empresa y organización la falta de comunicación es uno de los elementos de mayor incidencia. Aunque, muchas veces, se alega que se tienen niveles de comunicación medianamente aceptables. No obstante, éstos normalmente son de mala calidad. Lo que conduce a la ruptura y acuerdos comunicacionales adecuados para lograr entendimientos que beneficien a todos los miembros de la empresa u organización.
 
Una errada y mal dirigida estrategia comunicacional acarrea situaciones indeseables, que afectan considerablemente el ambiente laboral de toda empresa u organización. Por lo que, las partes involucradas en un conflicto deben necesariamente establecer entre sí, para indagar lo que en verdad desea cada parte. Así los participantes del conflicto pueden enterarse, negociar y aceptar propuestas que beneficien a ambos de forma satisfactoria.
 
Toda comunicación entre las personas contiene en su interior la posibilidad del conflicto. Esta posibilidad siempre es una presencia, a la cual no hay que rehuir. Por ejemplo, en toda empresa y organización esta posibilidad es una realidad latente y manifiesta; pues la diversidad de criterios existentes conduce a las partes a manifestar posiciones opuestas y contradictorias, sobre lo que puede desear y requerir la gerencia de tal empresa u organización.
 
De allí, la necesidad de fomentar una comunicación fluida y efectiva entre los miembros de una empresa u organización. Una comunicación fluida contribuye a afrontar de manera eficaz los posibles conflictos y a mejorar los procesos productivos, que es el fin último de toda empresa y organización.
 
Por lo general, se establece que la comunicación es la transmisión de un mensaje entre un emisor y un receptor mediante un código común. Planteado de esta manera, solo se ha expuesto media verdad sobre la teoría de la comunicación, ese esquema no estable una comunicación sino una transmisión de información. Pensemos en la televisión, está en términos generales, lo que hace es transmitir una información del tipo que sea, bajo el esquema: emisor-código común-receptor. La comunicación necesita el retorno del código común, esto es, que el receptor se convierta en emisor, lo que se denomina «feedback». El esquema sería: (emisor/receptor)-código común-(emisor/receptor)   
 
De esta manera, ambos participantes son agentes activos. Lo cual trae consigo una nueva forma de apreciar el proceso de comunicación, pues éste ahora es un proceso de diálogo entre partes iguales. De esta forma, mejorara el ambiente empresarial y organizacional, ya que dará sentido de pertenencia a todas las partes, pues éstas tendrán algo que decir para contribuir a optimizar la organización. Pues ahora hay una concepción diferente acerca de las partes que conforman la empresa. Y recordemos, las partes son personas, con actitudes, emociones, cogniciones… no son cosas.
 
Desde esta nueva manera de percibir a las personas, se puede establecer que la fluidez del diálogo depende de cada una de las partes en conflicto. De este modo, se propicia el entendimiento; pues las partes en conflicto deben partir del respeto mutuo y de la confianza en el otro. En este sentido, la comunicación que va aparejada a un conflicto es, a la vez, la posibilidad de solución del mismo. Pues ésta lleva en sí a desarrollar el arte de la negociación. Más que comunicación hablamos de diálogo.
 
La comunicación y el diálogo es un fenómeno complejo, variado y múltiple. Ya que articula procesos tanto de la vida personal como social de cada persona. El diálogo se complica por cada uno de nosotros experimentamos una historia particular del mundo, por lo que nunca sabemos lo que ocurre en la psique de las otras personas.
 
De este modo, el diálogo está interferido por señales orales y comportamiento no verbales de lo que cada uno de nosotros pensamos y sentimos. A partir de estas interferencias, hacemos conjeturas acerca de los posibles pensamientos y actos de las otras personas. Introducimos más ruidos en el proceso de comunicación.
 
Como apreciamos toda comunicación está ligada a la motivación personal e interpersonal. En el ambiento empresarial y organizacional está ligada a la toma de decisiones, al liderazgo y al conflicto, entre otros aspectos. Lo que genera diferencias entre las personas; además de las diferencias en la habilidad de comunicarnos. Estas últimas son, en parte, el resultado de deficiencias en el escribir, hablar, aconsejar, entrevistar, debatir y hablar en público; estos es, deficiencias en nuestra forma de relacionarnos, en primera instancia, con nosotros mismos, y en segundo lugar de interrelacionarnos con las otras personas.
 
Lo que genera las características de nuestra personalidad, de nuestra empatía, locuacidad, agresividad y carácter para intercambiar y convivir con los otros. Esto conforma situaciones de incapacidad para interrelacionarnos con los demás, con lo que vamos construyendo laberintos comunicacionales, donde cada uno nosotros hacemos aflorar nuestras carencias originales cerrando así toda posibilidad de salir de tal laberinto. La idea, por el contrario, es poder hacer aflorar nuestras mejores habilidades cognitivas y emocionales, en función de salir airoso del conflicto en que nos hemos envuelto.
 

 
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jueves, 20 de noviembre de 2014

EL SUJETO EN SUS EMOCIONES: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Nuestro contacto con la vida es sentimental y práctico. Ya que ésta es provocadora de alegrías, miedos, encantamientos y pesadillas. En la vida, las cosas son lo que son para mí. El aroma de ésta puede embalsamar o envenenar mi existir. Por ello, torcer nuestra mirada a lo que nos resulta desinteresado, a esa cosa sin olor ni sabor que es la realidad de los otros, es una pasión intensa que nos obliga a valorar la realidad de los otros.

Así la vida se desarrolla en esos amores que exigen del amado interminables pruebas de amor, para poder estar tranquilos. Cuando hablamos de pasiones, hablamos tanto de experiencias subjetivas como de lo que el mundo nos revela en nuestra relación con él. La realidad bruta se nos hace inhabitable. Por ello buscamos vivir en una realidad interpretada; a esta realidad la convertimos en nuestra casa, la dotamos de sentido y humanidad.

A cada momento le damos sentido a esa realidad en que nos encontramos. Le damos motivos, preocupaciones y espejismo. Nuestra vida la transfiguramos en fragmentos de una realidad, y de este modo permitimos que ella aparezca dotada de un valor. El hombre y la mujer son un animal difícil, por esta carga emocional que lo constituye. 

En todas las épocas de nuestro vivir no hemos sentido los mismos sentimientos, ni los hemos valorado de la misma manera. Éstos han cambiado permanentemente. Nuestra cultura retoca sin parar nuestro mundo afectivo. Nos «sentimentalizamos» a través de la cultura. Del Yo inerme o indiferente pasamos a un sentimiento diferente. Es la conciencia de esa cultura que nos conforma o nos des-conforma.

Nuestras expresiones se modifican, como señala Marina desde «la furia me arrebató», pasamos a «me siento furioso». Una es exógena, la otra reflexiva. La pasión retorna, en voz media, sobre la persona. Se convierte, de esta manera, en algo propio y personal, en una intimidad que nos pertenece, y la cual disfrutamos sofocantemente.  

En este refinamiento de las pasiones, éstas ya no son experiencias que se sienten y se viven; ahora son hechos que se analizan y autoanalizan, ahora son herramientas para el éxito y el mercado de la felicidad. Incluso se ponen en duda. Las penas de nuestros amores se convierten en tormentos negativos, que se auscultan en función de objetivos laborales, sociales. Ya no son una pena, ahora son algo positivo o negativo con vista a un fin.

Por otra parte, nuestra relación con el mundo desde que nacemos es afectiva; porque somos seres menesterosos que ansiamos la plenitud del entorno, en el que vivimos abiertos y expectantes. Por ello, nos encontramos permanentemente en una disposición de ánimo y afectiva ante el mundo. En nuestro origen somos unos seres sensibles y carentes, a los cuales muchas cosas nos afectan. Después buscaremos a través de eso que llamamos objetividad entender donde nos encontramos.

Por nuestros placeres, dolores, deseos y proyectos vivimos siempre en estampida. Somos, a la vez, expulsados y retenidos. Nos encontramos en la encrucijada de nuestros propios caminos mentales, en esa maraña en la que se entrecruzan nuestros conocimientos, afectos y acciones. Todo influye sobre nosotros, por lo cual nuestros problemas sentimentales se van convierten en tornillos sin fin.

Nuestros sentimientos modifican nuestro pensar, nuestra acción y el entorno que habitamos. Asimismo nuestra acción modifica nuestro pensamiento, sentimientos y el entorno. El entorno, a su vez, influye en nuestro pensar, en nuestros sentimientos y nuestra acción. Los pensamientos influyen en nuestros sentimientos, acciones y el entorno. Esto es un torbellino imparable. Quién los puede resistir. Por ello, la experiencia sentimental es una semiótica que nos golpe desde las profundidades.

Nuestra experiencia sentimental es el balance consciente e inconsciente de nuestra situación, de nuestro estar en este mundo. Son una mezcla subjetiva y objetiva. Es una urgencia. Nuestras pasiones son un lenguaje que hay que aprender a descifrar, una llamada de emergencia desde algún lugar de nuestro vivir; son una superficie que aparentemente conocemos, pero cuyo fondo y profundidad ignoramos.

En esta balanza inestable intervienen nuestro estado corporal, el andar de nuestros deseos y proyectos, el sistema de nuestras creencias y prejuicios, nuestras experiencias y algunas otras de las que no somos totalmente conscientes. Nuestro mundo emocional es brillante y oscuro, cálido y frío, tierno y violento, es decir, es paradoja.

Nuestro vivir es un argumento inacabable, y a cada instante trae nuevos datos sobre este nuestro vivir afectivo. Nuestras emociones cambian rápidamente durante una situación. Vivimos la incertidumbre y la calma, la calma y la sorpresa, la sorpresa y la furia, la furia y el arrepentimiento, el arrepentimiento y el afán de querer que nos perdonen. Deshojamos la margarita de los miedos y las esperanzas. La cordura es asunto difícil. No dijo la coherencia y la armonía. La que tanto anhelamos.



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martes, 18 de noviembre de 2014

EL CONFLICTO EN NUESTRAS RELACIONES PERSONALES: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

En la estructura de un conflicto hay que considerar tres aspectos básicos del mismo. Primero, la situación en la que se produce el conflicto. Es decir, tener información sobre lo que ha sucedido; conocer el tipo de relaciones que se establece entre los protagonistas del conflicto; los valores que están presentes y los recursos con los que se dispone para afrontarlos. Segundo, las actitudes o predisposición que tienen los protagonistas para la acción. Acá hay que considerar los componentes cognitivos y emotivos, esto es, cuáles imágenes evocan los involucrados ante la situación de conflicto; cómo evalúan las partes el conflicto. Tercero, la conducta o comportamiento que manifiestan los protagonistas a consecuencia de la situación.

Por otra parte, todo conflicto sea personal, familiar, laboral, es un proceso en el que se produce una dinámica de interacción entre las partes involucradas. El cual progresa a medida que las partes tienen conciencia del conflicto y de cuáles son sus intereses. El conflicto, por otra parte, se conforma por diferentes fases, en las cuales hay que tener presente el sentido cíclico y recurrente de las mismas.

Las fases del conflicto son: escalada, estancamiento y desescalada. En la fase de la «escalada» se alcanza el momento álgido del conflicto; el «estancamiento», por su parte, se da cuando el conflicto se estabiliza; y la «desescalada» es cuando el conflicto se reduce paulatinamente. Como podemos apreciar estas tres fases se pueden dar en cualquier tipo de conflicto.

La fase de «escalada» se incrementa cuando intervienen los procesos perceptivos o de manejo de la información, o una escalada irracional del conflicto. En esta fase, el involucrado o involucrados pueden ampliar los problemas, desplazar los problemas hacia las personas del conflicto, incrementar la competitividad entre ellos, e implicar a otros individuos que no están dentro del conflicto. Es el momento crítico del conflicto, o cuando éste estalla.

La etapa de «estancamiento» se puede dar, por ejemplo, porque ambas partes deciden que no desean competir, sino cooperar. O en un caso familiar, porque el hastío se apodera de la pareja, y se asume mejor dejar eso así. Cuando se decide cooperar, puede ser que los involucrados estén en una relación de poder bastante equitativa, desde la cual valoran que carece de sentido continuar en una competencia improductiva; o tal vez porque carecen de estrategias y recursos competitivos; o porque son más los costos que los beneficios; o porque se ha eliminado el soporte social que sustentaba el conflicto. Es importante considerar que el «estancamiento» no siempre da lugar a la «desescalada»; ya que el conflicto solo puede haberse estancado en un punto muerto, y repentinamente activarse nuevamente hacia la escalada. Consideremos por ejemplo un matrimonio en conflicto, la fase de «desescalada» se puede producir cuando se da un estado de resignación entre una de las partes o de las dos, el conflicto permanece latente, no resuelto.

En la fase de «desescalada», las partes han podido alcanzar objetivos comunes y han incrementado la interacción entre ellos. Todo conflicto tendrá una mayor posibilidad de solución cuando se trabaje hacia la cooperación y equidad entre las partes.

En nuestras relaciones interpersonales es importante atender el conflicto, educarnos en él desde la concienciación y sensibilización. En este sentido, nuestro diálogo intercultural será el referente para practicar la negociación y mediación. Tenemos que educarnos en el conflicto, con la meta de dirigirlo hacia una transformación de nuestra realidad, para construir un mundo convivencia. Muchas veces actuamos y nos educamos en eludir el conflicto, por las razones que sean, y pensamos que es la mejor forma de ser o estar en el mundo; pero basamos esta actuación y educación bajo el prejuicio de que el conflicto es un factor inadecuado y no favorable a nuestras relaciones. Es una visión un tanto errada, porque siempre vivimos en el conflicto. De allí que debamos aprender a manejarlo con nuestra razón-apasionada o apasionada-razón.

Esto implica que debemos trabajar fundándonos en dos pilares fundamentales, a saber: los valores y las actitudes. De manera que nuestras relaciones de poder, nuestra comunicación, la empatía, los modelos culturales se integren dentro éstos. No podemos eliminar los conflictos, lo que debemos hacer es entenderlos como una oportunidad para transformar nuestra realidad.

Para solucionar un conflicto lo más adecuado es recurrir a técnicas pacíficas de solución.  En los procedimientos pacíficos de la solución de conflictos es necesario trabajar la comunicación asertiva, ya que permite que las partes involucradas expresen sus deseos, opiniones y sentimientos, tanto positivos como negativos, de manera adecuada.

El dominio de la comunicación asertiva implicada beneficios importantes sobre las partes, porque permite que éstas se auto-conozcan y se acepten tal como son; comprendan y manejen los sentimientos propios y los de los demás. De esta manera, cada parte será capaz de aceptar sus propias limitaciones expresando a la otra una visión abierta de cómo es realmente.

El uso de la comunicación asertiva mejora la capacidad de diálogo en todos los niveles. De modo que, las relaciones que se establecen son más adecuadas y satisfactorias a los fines propuestos; ya que la comunicación es clara, fluida y sincera. Es importante que ante un conflicto los involucrados dispongan de técnicas y estrategias para dialogar asertivamente.



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jueves, 13 de noviembre de 2014

LA SOLUCIÓN DE PROBLEMAS Y ERRORES EN LOS TIPOS DE PENSAMIENTOS: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Muchos de los errores de nuestro pensamiento provienen de lo que se denomina la «trampa de la inteligencia», ésta consiste en que cada uno de nosotros podemos justificar prácticamente cualquier punto de vista. Cuanto mejor elaborado tengamos nuestro argumento o razonamiento, menos necesidad tenemos de explorar la situación y contrastarla con otras opiniones o datos. En este sentido, podemos quedar prisioneros de nuestro propio punto de vista. Hay que estar muy atento a esta situación.

Todos sentimos la necesidad de tener la razón, debe ser por un mecanismo natural de defensa. Hay que agregar aspectos sociales, como la imagen y el estatus; los cuales dependen del entorno social y de las diversas inteligencias en juego. A veces, es difícil profundizar en la búsqueda de la cierta certeza, aceptar errores o encontrar soluciones que pueden ser incómodas.

El uso de la crítica produce una satisfacción más inmediata que el uso constructivo. De allí, que se diga que es «más fácil criticar que hacer». O incluso, en muchos casos, al mostrar que estoy de acuerdo con alguien, mi rol puede parecer superfluo y subordinado, «no soy original», algo tan manoseado actualmente como la originalidad.  Por otra parte, al proponer una idea «me pongo en manos» de aquellos que la tienen que juzgar, ahora soy yo quien será criticado.

Por el contrario, al ser yo quien crítica parece que soy quien controla la situación. De allí que, muchas veces preferimos la seguridad del pensamiento reactivo a la del pensamiento creativo. Ya que en el pensamiento reactivo se reacciona ante los datos que a uno le entregan, uno es el crítico de tales datos. Recordemos esos horrendos programas de concurso en televisión, el participante está sometido, esclavizado a la opinión del «jurado», sí son jueces, el participante una «cosa» a complacerlos. Por el contrario, en el pensamiento creativo hay que crear el contexto, los conceptos, los objetivos. Somos sujetos de acción activa.

Otro aspecto es la rapidez de pensamiento, el apresuramiento de formular opiniones y juicios, muy útil para muchas cosas en la vida; pero supone un riesgo saltar a conclusiones a partir de muy pocos datos. Un proceso más lento, más acucioso puede llegar a conclusiones más apropiadas.

Por contraposición al pensamiento lógico está el pensamiento arbitrario, éste es el reverso del pensamiento lógico. Si el pensamiento lógico es: preciso, exacto, se basa en datos probables, en hechos; es analítico, sigue reglas; es racional, sensato y secuencial (paso a paso). El pensamiento arbitrario es: impreciso, no comprueba la veracidad de lo que afirma, no analiza; crea sus propias reglas, no razona, discurre a saltos.

Cuando un argumento lógico tiene aspecto de ser válido pero no lo es, lo denominamos falacia. Sabemos que las falacias son razonamientos erróneos que parecen válidos, de eso oímos muchos por la televisión, particularmente, en los discursos políticos; que son unos de los que más pesan en el hacer colectivo. Las falacias pueden ser formales o informales. Las primeras, son aquellas que son inválidas porque no están bien construidas formalmente. Las informales, son aquéllas cuya invalidez se debe a una incorrección en el contenido de las premisas y no a una incorrección formal. En ambos casos, las premisas aportan una base incorrecta para llegar a hacer la conclusión.

Por otra parte, cuando elaboramos una argumentación aparentemente válida con la intención de inducir a error, a ésta la denominamos sofisma. Éstos son argumentaciones aparentemente válidas que pretenden inducir a error. Muchos ejemplos, hay en los discursos y los podemos apreciar poniendo un poco de atención. El pensamiento arbitrario se puede disfrazar de pensamiento lógico, a esto hay que estar atentos.

Las principales dificultades en el uso del pensamiento creativo provienen de contraponer a éste un pensamiento encarrilado, como se dice sobre carriles. El primero es: flexible, espontáneo, fluido, original, suspende el juicio, asume riesgos; es libre, heterodoxo, acepta la ambigüedad. Por su parte, el pensamiento encarrilado es: rígido, premeditado, mimético, rutinario, descalificador, inmovilista, normativo, ortodoxo y no soporta la ambigüedad.

Entre los obstáculos que tiene el pensamiento creativo tenemos: Primero, los «auto-supuestos restrictivos», que son las limitaciones y restricciones que nosotros mismos nos imponemos al resolver un problema. Segundo, «el síndrome de Herodes», que es la costumbre de criticar destructivamente las ideas en el momento en que se producen, matar la idea al nacer. Tercero, «la resistencia al cambio», esto se da porque todo cambio, aunque sea para mejor, implica momentos de desorganización y de cierto desconcierto e indefinición.

Cuarto, «la sumisión sin crítica», esto consiste en la obediencia ciega a las ideas dominantes y a las opiniones de los expertos, como seres infalibles. Quinto, «el miedo a cometer errores», muy común en todos nosotros, como si con otros tipos de pensamientos, por ejemplo, el lógico no los cometiéramos. Esto debe ser algo inculcado en las escuelas, lo cual se interrelaciona con la vergüenza. Sexto, «la desconfianza en las capacidades creativas», es parte de lo anterior, el hecho de no poseer una estima sólida; tales capacidades, muchas veces, están latentes pero no salen a la luz por el miedo y la desconfianza en nosotros mismos.

Séptimo, «la excesiva presión del tiempo», eso de que «lo quiero para ayer», nos obliga a tomar decisiones apresuradas, y acudimos a las decisiones habituales, las de siempre. Octavo, «el miedo a quebrantar las normas del grupo»; el apego social traza normas de conducta que nos permite una aparente pertenencia a un grupo social, si rompemos las normas ya no perteneceremos a ese grupo. Noveno, «la dicotomía juego–trabajo»; el prejuicio de que lo creativo es juego y no trabajo; de allí que concebimos el trabajo como algo siempre rutinario y aburrido. Nunca como un acto creativo.


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martes, 11 de noviembre de 2014

EL SUJETO EN LA SOLUCIÓN DE CONFLICTOS: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Ya hemos señalado, en un escrito anterior, la necesidad de conocer las técnicas y estrategias adecuadas para desarrollar un conjunto práctica que permitan hacer más eficazmente las habilidades para la solución de conflictos. Expusimos las características del pensamiento lógico y creativo, por lo que habíamos quedado pendientes de abordar el pensamiento sistémico y optimista.   

Por medio del pensamiento sistémico interpretamos situaciones o procesos globales. Las características más destacadas de este tipo de pensamiento es que con él procedemos a tener una visión global de la situación. No va de hecho en hecho particular, sino que analizamos las situaciones en su globalidad. Este tipo de pensamiento se aleja o toma distancia para visualizar la cuestión desde diversas perspectivas y con esto tratar de ver el marco de la situación en su conjunto. Es un pensamiento globalizador.

Por ejemplo, en una consultoría filosófica empresarial: los fallos del proceso, las quejas de los clientes, el absentismo de los empleados no son datos aislados. Hay que observar éstos en el conjunto general de la empresa, con el objeto de captar el conjunto de interacciones que se llevan a cabo en ésta. Una visión global de las circunstancias nos permite establecer nexos entre los elementos individuales.

El pensamiento sistémico nos permite estar atentos a los diversos procesos y monitorear indicadores de tendencia, para llegar a determinar si hay algún patrón indicativo, alguna pauta que se repite debajo de los hechos puntuales y de manera casi inconsciente, la cual haya podido pasar desapercibida. Antes de llegar a la toma de decisiones, se han de estudiar las diversas repercusiones de las pautas o patrones indicativos en el sistema, que es el todo. Para la toma de decisiones se ha de considerar el corto plazo, pero asimismo el medio y largo plazo, es decir, se considera una visión global.

Tal consideración viene al caso, porque sabemos que las acciones agresivas pueden tener un efecto de rebote en el sistema, y pueden volverse en contra de éste. Por ello, es necesario considerar y asumir la responsabilidad que a cada sujeto le corresponde en la toma de decisión; ya que todos los elementos de un sistema se influyen entre sí y, a su vez, son influidos por el sistema. Algunos denominan a esto una visión holística.

Por tanto, cada elemento y cada acto del sistema no son separables de su posición en el mismo; por lo que cada integrante tiene responsabilidades y un margen de actuación. Asumir esta concepción potencia el trabajo en equipo. Que como vemos  el todo es mayor que la suma de las partes. De esta manera, al trabajar en equipo se crean cooperaciones que enriquecen y facilitan el resultado de cada uno de los miembros.

Los procesos más habituales en el pensamiento sistémico son la retroalimentación o realimentación; ésta consiste, por ejemplo, en recibir la opinión de alguien sobre un comportamiento en particular. Con respecto a la retroalimentación, existen cuatro tipos fundamentales de ésta. En primer lugar, la retroalimentación reforzadora; la cual refuerza o intensifica el efecto que se venía produciendo. Segundo, retroalimentación de crecimiento; a partir de ésta el sistema crece, se desarrolla y mejora. Tercero, retroalimentación de involución o deterioro; en este caso el sistema (empresa, organización, comunidad, individuo) intensifica cada vez más un efecto negativo, por lo que se degrada cada vez más. Por último, la retroalimentación compensadora; la cual tiende a compensar el efecto para mantener el equilibrio del sistema.

Por su parte, el pensamiento optimista o favorable nos ayuda a percibir la vida con una visión de agrado y placer antes las situaciones; podemos decir que nos ayuda a tener una actitud más propicia y benévola ante ciertas circunstancias. Nos ayuda a manejar nuestro pensar-hacer a través del respeto y la valorización favorable.

El pensamiento optimista trasciende la pura individualidad; por no ser individuos aislados formamos parte de diversos sistemas en los que influimos y nos influyen. En este sentido, el pensamiento optimista es un pensamiento social; esto lo vemos en las empresas, organizaciones, comunidades que están motivadas a un logro.

La característica fundamental del pensamiento optimista es que se centra en los aspectos más favorables. Por ello, de las diversas facetas que tiene la realidad se fija en aquéllas que le ayudan a sentirse mejor y a conseguir las metas más adecuadas. El pensamiento optimista es visionario, pues sabe que los objetivos se logran más fácilmente si se tiene una visión muy clara de los mismos.

 Por ejemplo, en las empresas y organizaciones se habla de la visión de la empresa u organización, y del líder visionario. Se refuerza la idea de que el líder tiene que generar y comunicar una visión que resulte motivadora. En este sentido, el pensamiento optimista valora lo intelectual y lo emocional como aspectos favorables para el desarrollo personal y social. Esto es, valora todos los elementos de la personalidad.

El pensamiento optimista comprende antes que juzgar; escucha antes de emitir juicios. No se precipita. Considera que existen diversas interpretaciones y trata de no imponer la suya a los demás. A través del pensamiento optimista estamos abiertos a otras formas de conocimiento y de realidad. No se desprecia ninguna forma de conocimiento, en todas hay posibilidades, y esto es importante. Por lo que, utiliza los tres tipos de pensamiento que ya hemos expuesto antes.

El pensamiento optimista está abierto a formas de conocimiento intuitivo o de otro orden. A otras formas posibles de realidad que no se captan directamente. Por otra parte, es responsable. Cada uno es responsable de sus propios actos, y asume las consecuencias de sus acciones u omisiones.  Éste es un valor que es compartido con el pensamiento sistémico. No quiero decir que los dos anteriores tipos de pensamiento no sean responsables, sino que no está como un valor en ellos.
                                           


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