sábado, 11 de marzo de 2017

NUESTRAS ADICCIONES INÚTILES: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Aunque nos resulta difícil introducir cambios vitales en nuestra vida esto no es imposible. Muchas personas han demostrado que es posible, ellas han puesto orden y equilibrio en su vida emocional y reflexiva. De esta manera, podemos llevar una vida más feliz y plena. Dedicar más tiempo a la familia, a los amigos. Tener más contacto con la naturaleza y con nuestra comunidad. Disfrutar de los placeres de la vida cotidiana.

Todos podemos tomar la decisión de hacer los cambios que deseamos para tener una vida llena de sentido. Solo es cuestión de invertir en ello para conseguirlo. Dijo invertir porque esto nos dará muchos dividendos. Las menudencias que nos abruman en la vida son fáciles de superar, requieren del tiempo para establecer las prioridades, definir lo que es importante, lo que es urgente y que es inútil. Esto nos producirá una gran satisfacción.  

La adicción a las cosas inútiles e improductivas es difícil de superar, porque proporciona una perversa forma de gratificación. Además, la concepción ambigua y amorfa de la vida nos ha conducido a creer que hay virtud en cualquier cosa, con independencia de los resultados que logremos. Por ello, nos permitimos una vida sin sentido y significados.

No obstante, podemos conseguir ser sujetos inteligentes y productivos, cuando nos centramos en una ética de la existencia. Tenemos que centrarnos en los resultados eficaces y morales, que aporten dignidad a nuestra existencia. Por el contrario, muchas personas se enfocan en lo banal y fútil, allí derrochan su vivir. La diferencia es notable cuando adquirimos una vida de sentido, a estar ubicados en un punto X como dice Heidegger. Pues, ganamos el equilibrado estilo de vida que estaremos en condiciones de llevar.

Aquí se encuentra la raíz del problema. Porque, muchas veces, no somos capaces de valorar correctamente nuestro pensar-hacer. En efecto, sobrevaloramos las futilidades de la vida e infravaloramos el ser del sujeto. Esto se debe años de vivir extraviados de nosotros mismos, de estar fuera de nosotros. De creer que el conocimiento de nosotros mismos es asunto de tontos.

La cuestión de nuestro pensar-hacer, es decir lo que nosotros somos, tenemos que abordarlo hasta que nos pongamos en el lugar correcto. Aunque hay mucho oropel que se deriva de la vida improductiva y fatua, existen más efectos perniciosos que tendemos a pasar por alto. Pues no entendemos que nos sucede en esos conflictos personales que nos arrastran sin darnos cuenta qué es lo que sucede. Una de las cosas más tristes, es que pasamos la vida perdiendo la vida. No nos procuramos a nosotros mismos. Nos distraemos en el comer, en beber, en trabajar, y hasta el amor nos convierte en miserables. Este es el motivo por el que nos hacemos a nosotros mismos y al otro tan desdichados e infelices.

Mantenernos ocupados en las inutilidades del vivir es, en última instancia, un refugio que delata nuestra improductividad y nuestra insatisfacción. En esta condición, tenemos la necesidad de perdernos la vida hasta que aquella se convierte en una obsesión. Por tal necesidad, ansiamos más emociones, más aventuras, más satisfacciones,  pero todas estas cosas tienen su origen en nuestras vanidades que contribuyen a que tengamos una peor calidad de vida.

Nos ufanamos de nunca tener tiempo. Esto nos hace sentirnos importantes, porque le queremos mostrar a los demás que somos algo en la vida. Tal vez, solo seamos miseria. Nos convertimos en adictos a lo fútil a lo carente de sentido. Pero no admitimos, por nada del mundo, que tenemos problemas por el exceso de lo banal. Probablemente este problema sea mucho más grave de lo que nos gustaría reconocer.

Nuestra vida se constituye en un caos y estrés. Ya que ésta no tiene ningún ¿Qué sentido tiene estar en este mundo si llevamos una vida caótica y estresada? Aparte de eso, ¿Qué pensamos hacer cuando la vida está en una crisis permanente? Tal vez, la muerte se anticipará.

En la vida es preciso que aprendamos a construir las cosas que son más importantes para nosotros. Una vida plena, relajada, feliz y satisfactoria viene determinada por lo bien que vivimos. La vida merece ser vivida; no estar moribundos en ella.

Parte de nuestra insensatez nos lleva a esperar que el futuro nos brinde lo que ahora no hemos edificado. Queremos que el futuro sea mejor que nuestro presente ¿Qué hacemos para ello? Tenemos que vivir en presente pleno, para sembrar para un futuro igual. Debemos disfrutar de lo que ahora tenemos, pensando que la vida la construimos nosotros con cada día que hacemos. No podemos esperar encontrar en el futuro valores, tesoros y talentos que hemos derrochado, perdidos y olvidados por nuestra vida llena de insensatez.

            Debemos construir una vida de sentido y significados para disfrutarla hoy y mañana. Pues, la vida regala mucho cuando hemos sembrados virtudes y fortalezas.

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jueves, 9 de marzo de 2017

EL CEREBRO TRIUNO, EL NEUROMARKETING Y EL ALMA TRIPARTITA DE PLATÓN: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Paul Mac Lean en su teoría evolutiva propone que el cerebro humano está conformado por tres cerebros en uno, esto es el cerebro triúnico. El cual está conformado por el cerebro reptiliano o primitivo, el cerebro límbico o mamífero y el cerebro neocorteza o neocórtex.

El cerebro reptil regula los elementos básicos de supervivencia. Es compulsivo y estereotipado. Se caracteriza por ser asiento de la inteligencia básica llamada inteligencia de las rutinas, rituales, parámetros. Su conducta, en la mayoría, es inconsciente y automática. Este cerebro se hace cargo cuando se ve amenazado por la sanción y genera un comportamiento reactivo. Las personas actuamos desde esta estructura en atención a nuestras necesidades vitales.

El cerebro límbico permite que los procesos de sobrevivencia básicos del cerebro reptil interactúen con elementos del mundo externo a través de las expresiones de las emociones en general. Por ejemplo, junto al instinto de reproducción se genera un sentimiento amoroso y sexual.  Este cerebro nos provee de una conducta emocional. Constituye el asiento de las emociones, de la inteligencia afectiva y motivacional. Trabaja en sintonía con el reptil. Promueve la productividad, la satisfacción en el trabajo y en el aprendizaje. Toda la información sensorial es filtrada por este sistema antes de pasar al neocortex.

El cerebro neocortex, por su parte, regula las emociones basadas en las percepciones e interpretaciones del mundo inmediato, éste cerebro es la parte racional. Es el cerebro humano más evolucionado se divide en dos hemisferios (izquierdo y derecho) con funciones específicas. Su contribución es relevante para la praxis racional.

De acuerdo con Mac Lean, en los humanos y otros mamíferos avanzados existen los tres cerebros. Los mamíferos inferiores tienen sólo el cerebro límbico y reptil. Todos los demás vertebrados tienen sólo el cerebro reptil.

La teoría de Mac Lean es útil en la aplicación del neuromarketing, por lo que su entendimiento permite dar explicaciones racionales a por qué compramos lo que compramos; o permite impulsar nuevos modos de marketing que generar estímulos que facilitan realizar ventas más eficaces.

En el neuromarketing, la aplicación de metodologías basadas en el cerebro triple abre campos a la investigación de mercados. Según el neuromarketing, en el proceso de compra el cerebro reptil siempre es ganador. Es decir, que todas nuestras decisiones para comprar algo están signadas por esta parte de nuestro cerebro. No importa la explicación racional que ofrezcamos para justificar haber comprado, por ejemplo, un carro. Tal compra siempre tiene su asiento en la inteligencia básica de la supervivencia. Interesante por demás toda la explicación del neuromarketing.

      ¿Qué tiene que ver todo esto con Platón? El primer aspecto relevante de la antropología de República es la división del alma. Platón distingue tres partes del alma con funciones distintas: la concupiscible (epithymíai) sede de los apetitos y deseos. La irascible (tymos) residencia de las pasiones nobles como el valor. Por último, la inteligible (nous), asiento de la razón. Las dos primeras rigen las funciones del cuerpo, la inteligible domina sobre las otras dos evitando los excesos de éstas, y conduce al hombre a alcanzar la verdad (República 580d-581c)[1]. El alma es tripartita, el alma es una y a la vez tres.  El alma apetitiva o concupiscible está ubicada en el abdomen; el alma irascible en el pecho a la altura del corazón. Y el alma inteligible en la cabeza.

El alma sensitiva e irascible (almas inferiores), para Platón, deben subordinarse a la parte superior, es decir, al alma racional. La cual conduce y guía al alma irascible y apetitiva. De cómo el hombre haga esta guía depende que se haga inmortal. Pues el hombre, escribió Platón, puede convertirse en algo mortal cuando se abandona a la concupiscencia y lo irascible; pero se hace inmortal y contemplativo cuando su alma racional ha ejercido la capacidad de pensar en las cosas inmortales y divinas.

Como apreciamos nos encontramos en Platón con tres tipos de comportamientos, de acuerdo a cual alma predomina en el hombre o predomina en una situación determinada. El alma apetitiva es portadora de una inteligencia básica, comer, reproducirnos… se asemeja al cerebro reptil del que habla Mac Lean. El alma irascible, ubicada en el pecho, mueve las pasiones nobles o innobles del hombre, está es un alma emocional semejante al cerebro límbico, nos impulsa a la rabia, al amor. Por último, el alma inteligible o racional tiene su asiento en la cabeza, es el alma suprema pues nos permite una vida racional, nos recuerda al cerebro neocortex. Platón las denomina almas, Mac Lean cerebros o sistemas.     

El gobierno del hombre sobre sí mismo no consiste en alejarse del cuerpo sino en dominar la parte irracional del alma. Pues si lo irracional gobierna se convierte en tirano haciendo de éste un esclavo de sí mismo (República 431a-b). Sólo en el alma es posible que se dé tal movimiento. El cuerpo no cuenta como agente de afección, nos estamos movimientos en los diversos planos del alma. En República 580d, escribe Platón, que a cada parte del alma corresponden diferentes tipos de placeres y deseos, esto es, los deseos de saber al alma inteligible, los deseos ambiciosos alma irascible  y los avariciosos alma apetitiva.

La preeminencia del alma en Platón, como esencia antropológica, desvanece las diferencias entre hembra y varón. Ya que tales diferencias son corporales y no de naturaleza. En consecuencia, hembra y varón son iguales. Pues la naturaleza los deseos humanos están determinados por el alma. Si nos colocamos en la interpretación del neuromarketing, hombres y mujeres compramos atendiendo a los requerimientos del cerebro reptil; no al hecho que seamos de uno u otro sexo. 

En Filebo, por su parte, Platón sostiene que todas las afecciones pertenecen al alma independientemente del cuerpo (Filebo 32c; 34a-b). En consecuencia, no hay deseos o afecciones corporales. Ya que “el principio motor de todo animal es el alma”, lo que se mueve a sí mismo es principio de movimiento para todo aquello que es movido por otro (Filebo 35c-d)[2].

No es si somos hembra o varón, lo que determina atendiendo al neuromarketing la compulsión de la compra es nuestra inteligencia básica de supervivencia. Nuestras afecciones están definidas por el alma. Ahora lo llamamos neurotransmisores. Para Platón, el alma es el sujeto de los deseos.

Para el neuromarketing, señalamos antes, el cerebro reptil siempre es el ganador.  Ahora vamos a apreciar «el problema del alma de los brutos» (por bruto se hace referencia a los animales: gatos, perros…) Descartes señala que «los brutos deben de poseer un espíritu similar al nuestro» considerando que hay dos distintos principios de movimientos. Uno, mecánico y corpóreo, que depende solo de la fuerza del espíritu animal y de la configuración de las partes corporales, que se denomina alma corporal; los movimientos de los animales proceden de este principio, es decir, del alma corporal; lo que en Platón llamaba alma apetitiva e irascible. El otro movimiento es incorpóreo, el cual es alma propiamente dicha y consiste en la substancia que piensa, este movimiento corresponde propiamente a los hombres. El cual en Platón corresponde al alma racional.

Lo que deseo indicar con el párrafo anterior, siguiendo la interpretación del neuromarketing, es que cuando compramos lo hacemos con «el alma de los brutos», esto es, de los animales. Con el instinto de supervivencia y las emociones. Platón, al igual que el neuromarketing, sabía que el alma apetitiva siempre gana. Por eso planteaba que el hombre necesita del alma inteligible para guiar sus acciones, porque de otra manera permanecería subsumido en sus apetencias básicas; semejándose más a un animal que a un hombre.   

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[1] Puedes consultar el artículo “Platón: la antropología psico-política de República” en http://obeddelfin.blogspot.com/2012/07/blog-post.html.
[2] Puedes consultar el artículo “Platón: la antropología cognitiva de Filebo” en http://obeddelfin.blogspot.com/2012/07/la-antropologia-cognitiva-de-filebo.html

martes, 31 de enero de 2017

CÓMO NOS VEN LOS DEMÁS Y CÓMO NOS VEMOS NOSOTROS: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

¿Cómo nos ven los demás? Es una pregunta interesante, porque involucra muchos elementos de nuestra personalidad. Algunos podrían personas que hacemos la pregunta por inseguridad hacia nosotros mismos; baja estima dirían. Otro aspecto, sería mera curiosidad personal. Porque puede ser que nos interese, en un momento dado, eso que proyectamos de lo cual no nos hemos percatado antes. La pregunta inicial conlleva a esta otra: ¿Qué imagen proyectamos?

¿Proyectamos la imagen que realmente creemos que proyectamos? ¿O es que no sabemos cuál imagen proyectamos? No saber cómo nos ven los demás es algo muy común. Porque nunca indagamos al respecto, o ingenuamente nos sumimos «en el no me importa» o «yo soy yo». Si permanecemos en una zona gris tales preguntas poco importan. Ya que en tal zona no hacemos nada, estamos en la inacción. Sin embargo, cuando deseamos o empezamos a proyectarnos a realizar algún tipo de actividad la pregunta adquiere relevancia.

Adquiere importancia porque ¿qué pasa cuando queremos conquistar a otras personas? Me refiero para la actividad que estamos empezando a realizar. En ese momento la imagen que proyectamos importa. Por ejemplo, cuando vamos a buscar un empleo queremos mostrar una imagen de ser competente para ese empleo. En este caso, va a funcionar el principio de asociación imagen-oficio. Funciona en nosotros un paradigma preestablecido. Y no es un asunto mediático o social. Así funcionamos.

En las relaciones interpersonales, la cosa es más intensa. Porque se puede generar atracción o rechazo. El segundo es doloroso. A ninguno de nosotros nos gusta ser rechazado. Todos queremos ser amados y aceptados, esa es una realidad. El rechazo nos disgusta. Porque eso nos genera limitantes y hace que se desarrolle una actitud de aislarnos. Puesto que, percibimos que no pertenecemos a ese lugar. Y las otras personas pueden mostrarse hostiles o indiferentes hacia nosotros. Sin embargo, para no temer el rechazo es necesario experimentarlo, entenderlo hasta que te deje de afectar.

El problema del rechazo es que estimula nuestros miedos más fuertes, y nos ocasiona alteraciones mentales y emocionales. Con lo cual nuestra inteligencia interpersonal e intrapersonal disminuye, ya que se produce un estado emocional inadecuado. El problema del rechazo es nuestra respuesta emocional a éste. Porque como dice Alexandre Jollien “Solo se perciben briznas de la angustia que sufre el otro”. No obstante, la integridad personal, la seguridad en nosotros mismos, y la paz que alcanzamos cuando entendemos que, no importa lo alguien diga o haga contra nosotros, ser lo que somos está bien.  

Cuando logramos mantenernos emocionalmente equilibrados o distanciados del rechazo, seremos capaces de manejar estas situaciones con más facilidad. La habilidad de estar calmados y tranquilos cuando se produce el rechazo es un proceso de aprendizaje. El cual comienza por borrar o desechar todas nuestras respuestas emocionales que nos hacen infelices. Para ello, debemos aprender a identificar la emoción que nos produce el rechazo, para comenzarla a amainar. Llegar a tener bajo nuestro control y no que tal emoción nos desborde. Debemos transformar nuestra frustración en determinación; convertir nuestros enojos y miedos en poder.

El rechazo es nuestra respuesta primaria a lo desconocido. No es algo personal. Rechaza o porque no está interesado en nosotros o hay algo que no entiende sobre nosotros. Cada rechazo debe convertirse en el trabajo para construir una fortaleza. Alexandre Jollien nuevamente no señala “El arte de mantenerse en pie, de mantener el rumbo supone un horizonte más feliz hacia el cual dirigirse”. Y les recuerdo que el autor citado sufre de «Atetosis», que una discapacidad neuromotora, que produce dificultades en la coordinación de movimientos.

Junto a la pregunta que inicia este escrito. Podemos indicar otra pregunta que también es relevante. ¿Por qué los demás tienen esa imagen de mí? Esta interrogante va a buscar causas, algunas serán externas y otras internas a nuestra personalidad. La indagación inicial está puesta en los otros, me pregunto por mí desde la observación de aquellos otros. Y les puedo preguntar ¿Cómo me ves tú? ¿Qué imagen ves de mí? Me pueden dar distintas respuestas. No obstante, ¿Por qué me ven de esa manera? Es algo que nosotros transmitimos. Está en nosotros.

Estas interrogantes es algo que debemos relacionar. Para tratar de descubrir cómo nos vemos en el mundo. Por ser esto, parte de conocernos a nosotros mismos. Repito cuando estamos en una zona inacción eso no importa mucho. Pero, cuando comenzamos a movernos en procura de desarrollar una actividad, la imagen que proyectamos es importante. Recordemos cuando nos gusta alguien queremos agradar a esa persona, inicialmente, a través de nuestra imagen. Porque tal imagen nos muestra al mundo.

            La imagen que proyectamos proviene de nosotros, es causada por nosotros. Por el contrario, el rechazo está o viene del otro y nosotros no lo podemos controlar. Sobre la segunda no tenemos gobierno posible; sobre la primera sí. Sobre nuestra imagen podemos influir, modificarla, mejorarla. Proyectar lo que deseamos proyectar, porque somos causa de ella. Somos el agente activo capaz de mostrar lo que es y quiere ser. Y como dice Alexandre Jollien “el oficio de ser mujer, de ser hombre, el inevitable arte de vivir a diario exige muchos recursos para convertir la vida en una victoria”.


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martes, 10 de enero de 2017

LAS FORTALEZAS O COMPETENCIAS DE NUESTRO PENSAR-HACER: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Nuestras fortalezas se definen a partir de la relación que éstas tienen con nuestro desempeño y rendimiento. También las podemos definir al asociarlas con nuestros comportamientos de eficiencia y eficacia, en la ejecución de las actividades que llevamos a cabo. Para gestionar, de manera eficiente y productiva, nuestras capacidades o competencias debemos conocer cuáles poseemos. En esto consiste, en parte, conocernos a nosotros mismos.

Lo primero que debemos hacer es detectar cuáles son nuestros talentos, esto es, aquellos atributos que nos definen en nuestro pensar-hacer. Por ejemplo, a un músico lo definen sus competencias musicales para tocar un determinado instrumento, a un mecánico automotriz lo definen sus habilidades corporales para manipular diestramente unas herramientas, entre otras competencias.

Al reconocer nuestros talentos, debemos orientar éstos para convertirlos en nuestras fortalezas, lo que requiere de un proceso de aprendizaje. Por ejemplo, una persona con talento corporal para el baile, debe estudiar tal disciplina para convertirla en una fortaleza. Debemos reconocer nuestros talentos para identificarlos claramente; para luego desarrollarlos hasta convertirlos en fortalezas. Todos somos buenos en o para algo, ese es nuestro atributo. El disciplinarlo o educarlo es el proceso para que ese talento se convierta en una fortaleza útil a un fin.

Uno de los obstáculos que con frecuencia impide nuestro desarrollo personal y social, es no reconocer o reconocer a medias nuestros atributos, nuestras competencias. En esto nos hace andar a ciegas. Además, nos impide llegar a desarrollar adecuadamente algún tipo de fortaleza. El proceso de reconocer y valorar nuestros talentos y desarrollar nuestras fortalezas es fundamental. A veces, tendemos erróneamente a enfocarnos en corregir aquellos aspectos que son nuestras «debilidades»; podemos trabajar en éstas, pero es más importante trabajar en nuestras competencias, por es por medio de éstas que alcanzaremos el éxito.

            Con respecto a las debilidades, estas son carencias que todos poseemos. Por ejemplo, muchos de nosotros «no cantamos ni en la ducha» porque tenemos debilidades para la música. Las debilidades no nos impiden que seamos exitosos; cuando en verdad nos enfocamos en nuestras competencias. Las «debilidades» forman parte de nosotros, nos constituyen. No hay que tenerles miedo. Hay que saber, también, cuales son éstas. Ahora bien, centrarse en éstas no es productivo.

Para abordar adecuadamente nuestras debilidades podemos gestionar un plan de estrategia. Por ejemplo: Realizar un plan de mejoramiento para reducir la debilidad. Diseñar un sistema de apoyo para compensar la debilidad. Utilizar uno de los talentos innatos para minimizar la debilidad. Encontrar un complemento que sustituya la debilidad. Desistir de la atención que demande la debilidad. Sin embargo, considero que es más importante poner nuestro mayor énfasis en desarrollar nuestras competencias o fortalezas.

            Desde el punto de vista de la gestión de desempeño, sea éste personal u organizacional, debemos descubrir los talentos predominantes para poder elevarlos a fortalezas. Nuestro pensar-hacer debe basarse en un sistema de fortalezas. Porque, de este modo, nuestro proceso de gestión de desempeño será más eficiente para alcanzar las metas que nos proponemos. Debemos entender que este proceso, es un proceso de mediano y largo plazo de mejoramiento y formación continua.

Cuando somos conscientes y consecuentes con nuestros talentos y fortalezas comprendemos qué genera nuestro comportamiento y nuestras acciones. Comprendemos que y quienes somos. Asimismo, podemos conocer el alcance de nuestras acciones. Podemos orientar, además, de manera eficiente nuestros planes de desarrollo y de gestión.

De lo anterior podemos señalar que los objetivos específicos de nuestro aprendizaje debe fundamentarse en: Reconocer las características de nuestras fortalezas relacionadas éstas con los criterios sobre aptitudes, actitudes y destrezas. Plantearnos un proceso para desarrollar nuestros talentos hasta convertirlos en fortalezas. Estudiar el manejo de nuestros atributos y competencias en la cotidianidad de nuestro pensar-hacer. Analizar las estructuras de las fortalezas en personajes relevantes con vista a nuestros fines, un aprendizaje por modelo es importante.

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viernes, 11 de noviembre de 2016

LAS FALLAS COMUNICACIONALES: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Las fallas en la comunicación son uno de los problemas más importantes en los intercambios interpersonales dentro de cualquier ámbito. No obstante, los problemas de comunicación suelen ser síntomas de dificultades más profundas, y a ello hay que estar atentos. El sujeto perceptivo debe buscar, en primer lugar, las causas de los problemas de comunicación, en lugar de limitarse a combatir los síntomas. Primero se debe indagar, para luego actuar.

Entre los problemas de la comunicación, tenemos FALTA DE PLANIFICACIÓN de ésta. Una buena comunicación no es obra del azar, de allí la necesidad de diseñar ésta. Determinar las razones de una instrucción, seleccionar el canal más rápido, elegir el momento adecuado son acciones que favorecen la comprensión y reducen la resistencia del interlocutor. Otro problema común son los SUPUESTOS CONFUSOS. Tales supuestos son de importancia y suelen pasarse por alto; muchas veces basamos nuestra comunicación en supuestos no comunicados y basamos nuestros mensajes en éstos. Los supuestos no aclarados, por ambas partes, por lo general llevan a situaciones de confusión y, en consecuencia, en pérdida de la buena voluntad de las partes involucradas.

La DISTORSIÓN SEMÁNTICA es otro problema más. Ya que tal distorsión puede ser deliberada o accidental, en ambos casos genera confusión. Porque las palabras distorsionadas provocan reacciones distintas. Por ejemplo, para algunas personas el término "gobierno" puede significar interferencia o gasto deficitario; para otras, por el contrario, puede significar ayuda, trato igual y justicia. Qué significado tiene la palabra empleada en un contexto determinado, eso debe estar bien definido en una comunicación. Los MENSAJES DEFICIENTEMENTE EXPRESADOS, son otras de las complicaciones en la comunicación. Pues aunque las ideas del emisor están bien determinadas, el mensaje puede resentirse por el uso de palabras mal elegidas, omisiones, incoherencia, mala organización, oraciones torpemente estructuradas, obviedades, jerga innecesaria y falta de claridad respecto de sus implicaciones. Esta falta de claridad se puede evitar si ponemos más cuidado en la codificación del mensaje, y en expresar bien el mensaje que deseamos transmitir.

Otro ruido que se genera en la comunicación es el de la PÉRDIDA POR TRANSMISIÓN Y DEFICIENTE RETENCIÓN. Un mensaje al ser transferido en una serie de transmisiones, de una persona a otra, se vuelve cada vez más impreciso, se produce la pérdida de la transmisión. Igualmente, se da con la deficiencia de retención de la información. Repetir el mensaje para validarlo o constar que es correcto y emplear varios canales resulta necesario. Ya que en el camino el mensaje se diluye y en cada retransmisor puede haber una deficiencia de retención, lo cual agravando que el mensaje llegue a su destino final de manera correcta.    

La ESCUCHA DEFICIENTE Y EVALUACIÓN PREMATURA, es otra de las dificultades que se presenta en la comunicación. Escuchar exige total atención y autodisciplina. Requiere, asimismo, que quien escucha (el receptor) evite la evaluación prematura de lo que dice el hablante (emisor). Es muy común  nuestra tendencia a juzgar, a aprobar o reprobar lo que se dice, en vez de hacer un esfuerzo por comprender el marco de referencia desde el cual se está comunicando hablante. La COMUNICACIÓN INTERPERSONAL es el modo más eficaz y sencillo de transmitir algo a otra persona; ésta requiere de un contacto frente a frente en condiciones de apertura y confianza. Para mejorar nuestra comunicación no necesitamos ni costosos ni sofisticados medios de comunicación; lo que necesitamos es la disposición a participar en una comunicación frente a frente.

Si hay algo es entorpece la comunicación es la DESCONFIANZA, la AMENAZA y el TEMOR. Estas tres emociones fundadas en el miedo minan y bloquean toda comunicación. En un ambiente en el que estén presentes y sean predominantes estas pasiones, todo mensaje será percibido con escepticismo. Por ejemplo, la desconfianza puede ser producto de las incongruencias conductuales de la otra persona, o el temor debido a actitudes autoritarias y abusivas, nunca permitirán una comunicación entre iguales. Otro aspecto a tener en cuenta entre las dificultades comunicacionales es el PERIODO INSUFICIENTE PARA LA ADAPTACIÓN AL CAMBIO. Algunas comunicaciones necesitan de una capacitación o adaptación personal o ajustes profesionales, por ejemplo. Los cambios nos afectan de distintas maneras, de modo a veces necesitamos de tiempo suficiente para reflexionar sobre el significado de ciertos mensajes. Por ello, para alcanzar una mayor eficiencia en la comunicación es necesario no forzar el cambio de comprensión, ya que necesitamos adaptarnos a las implicaciones de los mensajes recibidos.

 Otra contrariedad en la comunicación, y muy común, es la SOBRECARGA DE INFORMACIÓN. Podemos pensar que un abundante flujo de información puede ayudar a resolver los problemas de comunicación. Sin embargo, un flujo desmesurado de mensajes puede dar como resultado un exceso de información, lo que trae consigo un embotamiento en la persona, una indigestión comunicacional. Cada uno de nosotros responde a la sobrecarga de información de manera distinta. Primero, debemos seleccionar la información para desestimar la que no consideremos pertinente en cierto momento. Segundo, si estamos o nos sentimos abrumados por demasiada información podemos cometer graves errores al procesar ésta. Tercero, por lo general, reaccionamos a la sobrecarga de información rehuyendo de ésta; la desechamos sin procesarla para buscar alivio a tal sobrecarga.

            Debemos estar atentos a estas situaciones para que la comunicación puede ser fluida y bien definida. Lo que nos permitirá establecer diálogos más eficientes y con resultados exitosos. Que es lo por lo general buscamos al comunicarnos con otra persona, sea en el ámbito que sea. 

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martes, 8 de noviembre de 2016

EL CAMINO A CONOCERSE A SÍ MISMO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA



Al compartir la imagen que acompaña este artículo mi apreciada amiga Mercedes Duarte, hizo el siguiente comentario: “Ojalá fuese así de simpático. La verdad es que es oscuro y tortuoso”. Los caminos a conocerse a sí mismo tienen muchos matices, y considero que éstos dependen de diversos factores. Por lo que puede ser un camino simpático o un camino oscuro. Pero eso sí, cada quien lo recorre bajo su misma piel. A través de su pensar-hacer, de su existencia.  

            A partir del citado comentario, me quiero permitir con la imagen en cuestión un poco de semiología y de iconografía. Para ello, tendré que hacer como los antiguos que invocaban a sus dioses, en este caso, a san Panosfky, san Warburg entre otros. En primera instancia, en la imagen vemos un prado despegado, una cómoda carretera que serpentea por una suave pendiente, un encantador día soleado. Lo que anuncia el cartel, en cuestión, es que conocerse a uno mismo es algo maravilloso y algo muy agradable.

            No obstante, como telón de fondo hay unas montañas rocosas cubiertas de nieve, entre las cuales se pierde esa cómoda carretera, si que llega a éstas. Las montañas no parecen tan amables. Aunque la luz es prístina. Las montañas están allí como un algo que hay que ascender, ascensión que no resultará tan fácil con toda esa nieve y lo escarpada de éstas. Es un paraje inhóspito, una ascensión difícil y arriesgada. Aunque la luz aparentemente lo niegue.

            Por otra parte, no sabemos que hay detrás de esas montañas. Podemos decir con Freud que allí está lo ominoso, lo que se oculta a nuestra conciencia, a nuestra vida. Eso que nos da miedo. Porque no logramos ver que hay allí. Es la oscuridad. Del otro lado hay algo y no sabemos que es. Puede ser lo oscuro y lo tortuoso. No lo sabemos. Y eso siempre nos produce incertidumbre.

            Ya vendrán los triunfalistas a decirnos tenemos que arriesgarnos, tenemos abandonar la zona de confort; pero eso lo dicen en un ambiente bien controlado. Lo cierto es que lo ominoso nos hace reservados, nos encoge. Porque no sabemos si hay algo que nos hará daño. Algo allí puede amenazarnos.

            El telón de fondo contradice el primer plano, constituido por la hermosa pradera. Sin embargo, hay algo más. Lo que está detrás del observador. Si sabemos que al fondo hay unas rocosas y puntiagudas montañas cubiertas de nieves, y más allá lo ominoso. Nos preguntamos, ¿Qué ha dejado atrás el sujeto?

            Eso está totalmente oculto a nuestra comprensión. No sabemos si lo que ha dejado es algo más luminoso o algo más oscuro. No sabemos qué tanto ha andado. Si está iniciando el camino, o lo está terminando. Eso nos está vedado. ¿Qué es lo que ha dejado atrás? ¿Por qué ha iniciado este camino?

            Esto no lo podemos responder. Nos resulta incomprensible si este camino no es nuestro. Porque si es nuestro camino sabremos lo que hemos dejado atrás. Sabremos porque hemos iniciado ese camino, que nos impulso. Solo si este camino es nuestro camino sabemos lo que hemos recorrido.

            En otros artículos he tratado sobre el conocerse a sí mismo y el cuidado de nosotros. He señalado en ellos la necesidad de hacer este camino. Porque esto constituye involucrarnos con nosotros mismos, saber quiénes somos. Descubrirnos. No sé si nos hará feliz, en el sentido del placer. Pero nos hará más sabios con respecto a nosotros y a nuestras relaciones con el mundo.   

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

DE LA VIDA FELIZ A LA VIDA CERO RIESGO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Alain Badiou en «Elogio del amor» señala que todas las terapias de fines del siglo XX y principio del XXI parecen que nos preparan para una vida feliz; esto es, una vida asegurada. Lo cual nos hace recordar «Un mundo de feliz» de Huxley.

El autor nos ofrece el ejemplo del “sitio de citas Meetic... que ofrece -la expresión me pareció en verdad remarcable- un «coaching amoroso». Usted tendrá entonces un entrenador que va a prepararlo para afrontar la prueba. Pienso que esta propaganda parte de una concepción del «amor» como aseguración…” La publicidad de Meetic nos asegura que el riesgo amoroso lo tendrán los demás. Nosotros estaremos bien preparados para afrontar este amor desde los cánones del individuo asegurado; tendremos asegurada nuestra comodidad personal y social. No hay riesgo.

La vida asegurada, la vida centrada implica la ausencia de riesgos. Para ello necesitamos el «coaching de la vida». Pues, éste nos permite contar con unas buenas herramientas aseguradoras. Estamos ante la vida «riesgo cero». También ante el padre cero riesgo, familia cero riesgo, trabajo cero riesgo. Eliminamos la incertidumbre, con todas estas terapias.

Con la doctrina «cero riesgo» cerramos toda posibilidad a la casualidad, al encuentro fortuito. Conjuramos cualquier amenaza o tal vez convertimos toda amenaza en algo asegurado, resguardado. Es una práctica que se asemeja al «matrimonio arreglado», donde las partes involucradas resguardaban todo el patrimonio. Se evitaba todo riesgo.  

Tal práctica se realiza en nombre del aseguramiento personal. Por medio de un arreglo que evita toda casualidad, toda posibilidad existencial. Lo que está en juego es asegurar la ausencia de riesgos. En la vida, en el amor, en el trabajo… La existencia.

De este modo, se cierne sobre los actos existenciales la negación toda importancia. La vida se convierte en una variante del hedonismo generalizado, una variante de las distintas formas del goce. Se evita así toda experiencia auténtica y profunda de la alteridad, que es el entramado mismo del existir. Nos referimos al encuentro, al acontecimiento.

Si nos encontramos bien preparados para la vida, según los cánones del individuo asegurado, entonces sabremos despreocuparnos eso otro que no se ajusta a nuestra comodidad. Si el otro sufre es asunto de él, que no se ha preparado.

La vida asegurada implica la ausencia de riesgos, para quienes cuentan con una buena terapia de aseguramiento. Nos damos cuenta de que por todos lados nos explican que las cosas se hacen para nuestra comodidad y seguridad. No obstante, ahí se constituyen los dos enemigos de la vida; esto es, la seguridad del contrato de aseguración y la comodidad del goce limitado. Y por favor, olvídense de esa mal llamada «zona de confort», no me estoy refiriendo a eso; esto es otra cosa. Porque aquellos que proclaman salirse de la tal zona de confort, lo que quieren asegurar es una vida sin riesgo. 

Lo liberal y libertario convergen en la idea de que la vida es un riesgo inútil. Por cuanto se pretende tener, por un lado, una especie de preparado que dé continuidad a la dulzura del estar ahí; del otro, tener acuerdos agradables de goce gracias a una economía de las emociones. Desde este punto de vista, la vida se encuentra acorralada, asediada y, por lo mismo,  amenazada.

Por ello, como dice Bardiou, es necesario reinventar el riesgo y la aventura, en contra de la seguridad y la comodidad. La vida es un confiar en la casualidad. Ésta nos lleva a la experiencia fundamental de la diferencia. La idea de que el mundo puede experimentarse desde el punto de vista de la diferencia, de lo otro.

Porque la vida sucede en el mundo. Es un acontecimiento no previsible o calculable según las leyes del mundo. Las terapias de fines del siglo XX y principio del XXI parecen plantearse que el azar debe ser fijado.

Es preciso plantarnos en el borde del abismo, reunirnos con nosotros y con el otro. Es preciso pensar, actuar, transformar. Entonces la recompensa que entra en escena es la felicidad. Por el contrario, tenemos el triunfo de la vida, pero no su duración. Tenemos solo lo que Badiou llama la «intriga del encuentro», pero no el encuentro.

Ahora bien, la vida como afición colectiva otorga intensidad y significación a nuestro hacer. No puede ser ésta una existencia en el contexto de un régimen de ausencia total de riesgos. La vida es algo más que lo asegurado.


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