sábado, 5 de agosto de 2017

LA SOCIEDAD DE LA SATURACIÓN Y DEL HASTÍO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

La sociedad de la sobreabundancia lleva a la saturación, por ejemplo, actualmente hay una canción «despacito» de la cual la gente ya está saturada; lo mismo ocurrió con la canción «vivir la vida». No es que a la gente les dejé de gustar la canción sino que se saturan de oírla a cada hora y en muchos idiomas. Por lo cual se produce el hastío. Que como dice Springsteen, “en el nuevo mundo digital, donde la capacidad de concentración se reduce a tres segundos, donde la fría y dura mano de lo efímero y el anonimato en serie tienen una gran influencia”. Es importante estar atentos a esta condición que nos embarga y no nos damos cuenta.

Esta saturación musical era algo impensable digamos en los años sesenta y setenta. Pues los fanáticos para oír su canción preferida tenían que esperar que la colocaran en la emisora de radio; o algún amigo comprara el disco o un casette de cinta para oírla, con el peligro que el disco se rayara o la cinta se enredara y se dañara. Los medios para oír un tema musical eran pocos, por lo que no había posibilidad que se produjera la saturación ni el hastío. No estoy pensando que debemos volver a esa situación.

Actualmente es diferente, hay muchos medios para oír, «descargar» y reproducir el tema musical que nos gusta, y de este modo llegamos con mucha rapidez a la saturación. La cual se da por exceso, por sobreabundancia. Al darse tal saturación buscamos inmediatamente otra canción que este de moda, para satisfacer nuestra ansía musical. Lo mismo ocurre con nuestra vida en general.

La sociedad de la abundancia es la sociedad de la saturación y el hastío. Nos hastía la vida misma, la aventura, el amor, la falta de hambre, la política, la gente… Vivimos en un estado permanente de hastío. De allí la permanente búsqueda del cambio, de lo novedoso, del deporte extremo… Pasamos de una actividad a otra porque nos fastidiamos de la que estamos haciendo. Vivimos empalagados. Al podría decir: a mi no saturan mis hijos o mi trabajo, y es cierto; pero ¿Y el resto de las cosas?

Todos los días son días de fastidio. Nada nos mueve, añoramos las aventuras; si la conseguimos pronto la abandonamos porque ya no nos satisface. Saltamos de una actividad a otra. Hacemos una cosa, hacemos otra. Cada día se apaga en sí mismo, para que no se repita. Vivimos la máxima del carpiem die, pero de la manera más vacua posible. Porque ni siquiera es una concepción de vida, solo lo hacemos por la saturación.

De allí que pasamos de la euforia a la desesperanza permanentemente. Estamos enredados en un círculo sin fin, sin posibilidad de ver más allá. Por la sencilla razón que nos fastidiamos por la saturación, vivimos inmersos en ésta. Mientras no nos demos cuenta reflexivamente que vivimos en el hastío no podremos salir de él. Solo repetiremos nuestra condición.

Esta permanencia en la saturación asfixia nuestra existencia, la nubla. Es como si nos saturara el oxigeno que respiramos y no pudiésemos vivir en él. Como el hastío es parte de nuestra vida, éste se nos hace natural. Por ello vivimos en él sin darnos cuenta. Es parte inherente a nuestro pensar-hacer. Sin embargo, no algo natural. De allí que podemos pensarlo y cambiarlo.

Al no darnos cuenta de esta condición de saturación permanecemos en ella, y somos reincidentes en la misma. La posibilidad de abordarla está en saber qué es y qué la produce. Saber sus causas, saber el porqué. Entender que nadamos en el mar de saturación el cual nos produce, a la vez, esa intensa molestia. Ese querer pasar de un estado a otro por el solo pasar.  

Tenemos que aprender a manejar la saturación, hacer uso de esta situación. Porque en ella estamos. Nos puede gustar algo mucho, pero si abusamos de ella nos empalagamos con la misma; y comienza nuestra angustia porque ahora comenzamos a rechazarla. De allí que tengamos que aprender a administrar nuestra vida. A saber paladear el día a día, cada situación. A demorarnos, como dice Byung Chul-Han. Tenemos que aprender como esos catadores de vinos, que degustan una porción para saber lo bueno de la totalidad.

Incluso estamos saturados de tiempo. Hemos perdido la noción del Kairos, ese momento justo. Todos andamos estresados por falta de tiempo, pero no es el tiempo lo que nos falta. Es el derroche del mismo. Tiempo extraviado en situaciones en la que no hacemos nada, perdemos el tiempo decimos. Y es cierto. Lo cual contribuye a aumentar esta sensación de saturación.

La saturación y el hastío es algo que podemos manejar. Para ello debemos educar nuestra vida, hacer como el catador de vino que paladea cada porción extrayendo de ella lo mejor, disfrutar de cada porción. El disfrute de las cosas es algo que se aprende, y requiere dedicación. Requiere voluntad de aprendizaje, para así poder llegar a disfrutar esas particularidades.

No aprendemos para huir del hastío y la saturación. No. Aprendemos, para disfrutar de lo que hacemos, de quienes nos rodean, de las situaciones que vivimos, del lugar que habitamos. Aprendemos a vivir placenteramente, a demorarnos en cada cosa que hacemos, en cada idea, en cada conversación, en el oficio que realizamos a diario. No es una apuesta romántica e ingenua. Es una construcción que implica nuestra vida a largo plazo.

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martes, 18 de julio de 2017

EL RESPETO EN UN MUNDO DE DESIGUALDAD: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

En nuestra sociedad son necesarias las expresiones de respeto y de reconocimiento a los demás. La idea de tratarnos unos a otros como iguales afirma la condición del respeto mutuo. Sin embargo, ¿podemos respetar solamente a nuestros iguales? Pues existen, y no podemos negarlas, desigualdades. Algunas son arbitrarias, otras son difíciles de tratar como, por ejemplo, las diferencias de talento. Ahora bien, si solo nos respetamos porque somos iguales ¿Cómo hacemos en las desigualdades? Por tanto, es fundamental generar expresiones de consideración y reconocimiento más allá de nuestras diferencias.

Para que profesionales con educación superior y trabajadores no cualificados puedan hablarse libremente se necesita confianza; no es fácil que el bello y el feo hablen entre sí de sus cuerpos; la gente de vida afortunada y la gente forzada a permanecer en la estrechez de las rutinas tienen dificultades en relacionarse. Porque la cadena emocional de acontecimientos complica el precepto de mostrar respeto por alguien que ocupe un lugar más bajo en la escala social o económica. Se puede temer que la estima parezca condescendencia y, por tanto, retraerse de establecer un mínimo de relación.

Para ganar respeto no tenemos que ser ni agresivos ni fuertes, tampoco tenemos que ser débiles o padecer necesidades. En muchos casos, cuando instamos a una persona a que gane respeto en y por sí mismos lo que queremos decirle es que se haga materialmente autosuficiente. Pero el respeto en y por uno mismo no depende solo del nivel económico que alcanzamos, depende particularmente de la manera en que lo logramos.

El respeto por uno mismo no lo ganamos de la misma manera que podemos ganarnos el dinero. Pues una vez más se interpone la desigualdad. Se da quienes alcanzan el respeto por sí mismos en el escalón más bajo de la estructura social, pero su conservación es frágil. No perdemos el respeto, tengamos por caso, por quienes dejamos atrás, pero la valoración de nosotros mismos se apoya en la manera de haberlos dejados atrás. Además, de la manera que hacemos uso de nuestra superación social, económica…

La falta de respeto adopta por sí misma una forma hiriente. Con la falta de respeto insultamos a otras personas y no les concedemos ningún reconocimiento; no vemos a esta persona como un ser humano cuya presencia importa. Cuando tratamos de esta manera a las personas y destacamos solo a un pequeño número de individuos como objeto de reconocimiento. La consecuencia es la escasez de respeto, como si no hubiese suficiente cantidad de éste para todos. El respeto es obra humana y tiene un gran valor para todos nosotros, pues a todos nos gusta y deseamos que nos traten con respeto.

Por otra parte, cuando nos convertimos en meros consumidores de nuestras necesidades experimentamos la falta de respeto de no ser vistos, de no ser tenidos en cuenta como auténticos seres humanos. Perdemos así nuestra condición humana.

El desarrollo de todo talento implica una habilidad, la cual nos permite hacer bien algo por el solo hecho de hacerlo bien, y es esta habilidad la que nos da el sentido interior de respeto por nosotros mismos. No se trata solo de avanzar exteriormente sino volvernos hacia dentro, hacia nosotros mismos.

El respeto que ganamos de los demás al hacer algo bien da satisfacción, a la vez da una sensación de valor personal que depende de los demás. Que hacemos bien las cosas solo para competir con los demás o para obtener su respeto, no es cierto. Esto sería una experiencia que disminuiría nuestra implicación en lo que hacemos; por otra parte esto sería una visión superficial de nuestro hacer.

Hay una diferencia entre el significado de respeto dado por lo social y lo personal, es decir, entre ser respetado y sentir que lo que uno hace tiene valor intrínseco. La pérdida de confianza en nosotros puede hacernos más conscientes de los otros. Por ello, debemos tener la capacidad para responder desde nuestro interior a la pregunta ¿Qué tenemos que ofrecer a los demás?

El respeto es fundamental en nuestras experiencias sociales y del yo. Tenemos que comprender el «amor a nosotros mismos» y el «amor propio», que es la distinción entre la «capacidad para cuidar de nosotros mismos» y la «capacidad de atraer la atención de los demás». El «amor a nosotros mismos» es el sentimiento natural que nos lleva a preocuparnos por nuestra conservación; el «amor propio», por su parte,  es un sentimiento relativo nacido dentro de la sociedad, que lleva a cada sujeto a ocuparse más de sí que de cualquier otro.

El «amor a nosotros mismos» contiene en sí la «confianza en nosotros mismos», como la convicción de que podemos mantenernos en el mundo al adquirir esta confianza mediante el ejercicio de nuestro pensar-hacer, el cual nos permite alcanzar el respeto propio y el de los demás; de este modo podemos ofrecer nuestro a respeto a los otros.

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sábado, 15 de julio de 2017

EL PODER DE DEJAR ATRÁS LA VIDA QUE UNO HA CONOCIDO: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Richard Sennett indica que “nadie es capaz de construir una vida nueva si odia su pasado”. Porque toda vida tiene obligatoriamente un pasado, no existe un aquí y un ahora absoluto. La construcción del presente o del futuro se cimienta en un pasado, en una historia de la cual extraemos nuestra experiencia, algunos ardides. Por tanto, nuestro pasado es necesario, aunque no determinante de ni nuestro presente ni de nuestro futuro.

En la actualidad, en todas las tendencias de autoayuda y del desarrollo personal —tendencias triunfalistas— se habla de asumir el desafío de nuestra vida. Se da por un hecho que esto es así sin más. No obstante, la realidad desmiente tal postura. Ya que en las comunidades pobres, dice Sennett, el adolescente con habilidades se encuentra bajo presión. En tales comunidades no sobrevives por ser el mejor, sino por mantener la cabeza baja; es decir, por evitar el contacto visual en la calle que se interpreta como desafío. En la escuela, el dotado procura hacerse invisible para que no le peguen por obtener mejores notas que los otros. Entonces, ¿cómo hablarles a tales individuos de asumir el desafío de sus vidas? El discurso, por supuesto, pertenece a otro ámbito.

El sujeto que ha salido adelante —según el paradigma triunfalista— hablaba el lenguaje de una élite. Esto se debe a que su lenguaje es el de la potencialidad, el de un proyecto vital. Por el contrario, el lenguaje de quien no ha podido salir adelante —contrario al paradigma triunfalista— suena extraño, aun cuando éste puede proporcionar orientación a muchas personas sobre qué hacer consigo mismos; por lo general, éste es el lenguaje de los pequeños pasos, de victorias concretas, limitadas.

Acá influye el relato motivacional triunfalista, que es en cierto sentido una provocación; el cual te dice a la cara «Si yo pude hacerlo, ¿por qué no tú?» Nos gusta creer que todos tenemos algún tipo de talento y que éste es valioso. El talento adopta dos formas desiguales. Primero, la particularidad de hacer algo bien está en el círculo de acciones objetivas, por éstas los individuos son respetados y se respetan a sí misma. Segundo, el talento potencial pertenece a otra categoría; lo evaluamos entrelazado con cuestiones de motivación y voluntad así como de dotes naturales. Esta diferencia da lugar a una profunda desigualdad.

La idea de auto-transformación supone el poder de dejar atrás la vida que uno ha conocido. Esto significa dejar atrás a la gente que uno ha conocido. Por ello, muchos a quienes suponemos motivados no ven tan lejos en el futuro ni imaginan otra versión de sí mismos. La confianza en sí mismo de quien ha dejado atrás su vida puede agudizar la sensación de carencia personal, y pueden sufrir pasivamente esa condición de soledad. De allí el peligro de muchas tendencias triunfalistas, esto se vio en la década de los ochentas; razón por lo que hubo un giro hacia lo emocional.   

Importa encontrar una vía de comunicación acertada con el sujeto, con la que se pueda compartir por pequeños pasos a la acción adoptada. Para mostrar qué podemos hacer y en quién podemos convertirnos. Pues, en toda relación social estamos en manos de otra persona que nos puede guiar. La tarea de quien extiende la mano es presentar su propia competencia, de tal manera que la otra persona pueda aprender de ella. Nuestras capacidades son un componente elemental en el sentido del valor propio, pues se exponen como modelo para hacer frente a un problema afín, sin que éstas resulten una comparación ofensiva que impidan a los otros hablar de sus habilidades.

Muchas veces, al no mencionar las desigualdades divisorias sólo se contribuye a poner de relieve las diferencias no expresas. Debemos tener presentes las semejanzas y las diferentes con el fin de que cada quien pueda definir su potencialidad propia, pues ambas son formadoras. Por lo general, sabemos más de nuestros límites que de nuestras competencias. Es necesario establecer una conexión real entre nosotros, explorar las respuestas que la gente da; debemos dar algo de nosotros mismos a fin de merecer una respuesta y una relación abierta.

Por ello antes que esperar oír ecos de nuestra propia vida, debemos utilizar nuestra experiencia para comprender a los otros; llegar a entender su experiencia. Debemos reconocer la realidad propia de la existencia personal de la otra persona, respetar el hecho elemental de que somos distintos. Por lo que no podemos proyectarnos en el otro. Es otro que nos muestra su vida, su experiencia, su historia. En la vida cotidiana, sin saberlo, nos confundimos constantemente con los demás.

Debemos tratar el «error de identificación» para no quedar atrapados en la red de la comprensión autorreferencial. La comprensión autorreferencial es solo un primer paso en la comprensión, no podemos permanecer en ella. Porque la confusión entre uno mismo y el otro puede ser a la larga perjudicial. La autorreferencia solo puede servir como punto de partida para construir un vínculo social, el cual podemos convertir en una relación social.

De allí que debemos tomar en serio las necesidades de los otros, que no son las nuestras. Se trata de una cuestión de carácter, en la que establecemos nuestra comunicación con otras personas por medio de instrumentos sociales que compartimos. Cuando toca o ejecutamos tales instrumentos sociales  conectamos fácilmente con los demás, nos involucramos en acontecimientos impersonales, nos comprometemos unos con otros. Esta capacidad implica abrirnos a un mundo más amplio determinado por muchas personas; el carácter lo podemos concebir acá como el aspecto relacional entre las personas.

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martes, 11 de julio de 2017

EL ESTRÉS EN LA SOLUCIÓN DE CONFLICTOS: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Siempre solucionamos nuestros problemas y tomamos las decisiones dentro de un entorno o contexto determinado, es decir, lo hacemos en el ámbito en que nos desenvolvemos o que nos rodea. Este contexto determina, en gran medida, las soluciones que damos y las decisiones que habitualmente tomamos.

A partir de lo anterior tenemos algunos aspectos del entorno que influyen en nuestra toma de decisiones y en la solución de nuestros conflictos. En primer lugar, INFLUENCIA DE LA AUTORIDAD en la toma de decisiones. Esto se refiere a la obediencia, que muchas veces tenemos, a la autoridad en nuestro ámbito, tal autoridad es sin duda uno de los condicionantes más importantes en la toma de nuestras decisiones. Por ejemplo, nuestros padres en el ámbito familiar; el gerente o patrón en el ámbito laboral.

Esta obediencia a tal autoridad, en muchos casos, supera nuestro razonamiento, nuestros sentimientos e incluso nuestros valores. Contrariamente a nuestras expectativas obedecemos a aquellas personas a las que otorgamos o a quienes se les ha otorgado una autoridad. El joven, tenemos por caso, que no se atreve a estudiar la carrera que anhela por no contrariar la autoridad de sus padres.

Lo mismo ocurre en el mundo organizacional, en el cual es muy común observar el tipo de influencia regido por la autoridad de un jefe, la cual determina el rumbo de la solución de conflicto y de la toma de decisiones. La opción más adecuada, en estos casos, es difuminar o disminuir la presión de tal autoridad, especialmente, cuando estamos inmersos en procesos de crítica, de búsqueda de soluciones o de procesos creativos… En definitiva, en todas aquellas situaciones donde se requiera explorar opciones distintas y definir alternativas de acción es necesario minimizar el enfoque autoritario, ya que éste no contribuye a los produces productivos.

En segundo término, tenemos la PRESIÓN DE GRUPO. Esta presión se produce o cuando pertenecemos (solidaridad automática) o cuando queremos ser aceptados por un grupo determinado. En ambos casos, trasladamos nuestra opinión y nuestra toma de decisiones a lo que sea mejor para el grupo, ergo, mejor para nosotros. Hace un proceso de doble identidad, dando prevalencia al grupo.  

 El «deseo de aceptación» nos hace susceptibles de conformarnos o doblegarnos a las normas y criterios del grupo. Aunque muchas veces digamos lo contrario. Pues, se sabe que los grupos ejercen fuertes presiones sobre sus integrantes, para que éstos cambien de actitud y conducta ajustándose así a la norma del grupo.

Cuando la opinión de un individuo sobre datos objetivos difiere considerablemente de la de otros miembros del grupo, éste siente una fuerte presión por modificar su opinión y ajustarse a la de los demás. Llegado el caso, somos capaces de llamar a «lo blanco negro» máxime si el grupo en el que formamos parte es nuestro punto de referencia.

Algunas veces, la presión del grupo puede resultar decisiva cuando tenemos que elegir una opción entre varias o dar nuestro punto de vista en una reunión. Debemos permanecer atentos a este efecto y no dejarnos llevar por la presión del grupo. En la acción grupal debemos utilizar nuestra propia razón como punto de referencia. Esto no quiere decir llevemos siempre la contraria al grupo.

El tercer factor a considerar es el ESTRÉS. Pues, éste es la respuesta no específica del cuerpo a cualquier demanda que se ejerce sobre él. Hoy en día es común escuchar «estoy estresado», «voy a relajarme porque tengo estrés», «déjala está estresada»...  Todas estas expresiones hacen referencia a una concepción negativa y perjudicial del estrés. Sin embargo, el estrés no es necesariamente perjudicial; por el contrario, es necesario y positivo porque nos alerta sobre esas «exageradas demandas externas» que se ejercen o ejercemos sobre lo corporal y mental.

Tal alerta producto del estrés es la respuesta no específica al esfuerzo adaptativo de nuestro organismo frente a un problema, independiente de cuál sea el problema. Las reacciones de estrés son causadas tanto por agentes nocivos así como por sucesos placenteros, como recibir una buena noticia. Los efectos son diferentes pero nos conducen a un estado de estrés.

El estrés es, por otra parte, un componente de la vida normal y como tal no podemos evitarlo. Lo podemos minimizar, pero no evitar. Ya que forma parte de nuestros procesos adaptativos, los cuales tienden a mantener nuestras constantes vitales dentro de los límites que posibilitan nuestra vida diaria.

El estrés no es un fenómeno nuevo. Siempre ha existido íntimamente ligado a la evolución del ser humano y a los diversos fenómenos de nuestra vida. Lo que sí podemos considerar relativamente nuevo es la cualidad del estrés, el cual se ha hecho más psicológico y emocional que físico; aunque termina por afectar lo corporal.

Las situaciones estresantes desencadenan reacciones fisiológicas que alteran nuestro sistema endocrino (metabolismo alterado), el sistema cardiovascular (hipertensión), el sistema digestivo (náuseas), las hormonas sexuales (alteraciones del ciclo menstrual) y el sistema neuromuscular (debilidad muscular). O desencadenan reacciones psicológicas y emocionales; por ejemplo, la ansiedad; ésta se caracteriza por sentimientos de aprensión, incertidumbre o tensión; los niveles de ansiedad pueden llegar a bloquear nuestro desempeño mental y corporal afectando nuestra toma de decisiones y solución de conflictos.

La efectividad de nuestra toma de decisiones y solución de conflicto disminuye en la medida en que se hace mayor nuestro nivel de estrés, entre mayor es nuestra ansiedad peor es nuestra ejecución. Aunque mucha gente dice «que trabaja mejor bajo presión», esto puede ser cierto. No obstante, tal presión no llega a convertirse en un estrés sostenido. Podemos aceptar que, en ciertos casos, hace falta una cierta presión para alcanzar altos niveles de ejecución. Sin embargo, desenvolverse en niveles bajos de estrés produce una mejora de nuestro rendimiento.

Cuando el estrés supera cierta barrera el desempeño personal y grupal sufre un deterioro importante. Éste se produce, primero porque «disminuye el cuidado» con el que se selecciona y procesa la información. Segundo, por «la necesidad de completar una tarea» en un tiempo muy reducido. Tercero, por «el miedo a cometer errores», esto hace que los sujetos den mucho más valor a la información desfavorable que a la favorable. Cuarto, porque el «análisis en tales condiciones es más superficial» y es más propenso a incluir errores. Por tanto, tenemos que observar los efectos que el estrés tiene en nuestra toma de decisiones y en nuestra solución de conflictos para minimizar tales efectos erráticos.

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sábado, 10 de junio de 2017

LA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA EN NUESTRA GESTIÓN DE VIDA: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Establecemos nuestras estrategias de acuerdo a las metas que deseamos alcanzar, según el fin hacia donde nos dirigimos. La planificación de tales estrategias las debemos concebir como un conjunto de acciones prácticas para lograr nuestros anhelos. Estas acciones prácticas deben conformar una praxis capaz de atraernos y motivarnos para asegurar el efectivo funcionamiento de nuestro proyecto de vida.

De este modo, nuestra planificación estratégica la podemos definir como el proceso de análisis de nuestras necesidades en conformidad a una propuesta de cambiar el entorno interno y externo de nuestro pensar-hacer. Además, de la aplicación proactiva de tales estrategias para asegurar la disponibilidad de nuestros recursos espirituales y materiales para alcanzar el fin establecido.

Para ello, debemos disponer de recursos y personas apropiadas que nos ayuden a llevar a cabo nuestras estrategias; contar con las habilidades suficientes para realizar las acciones correctas y la aplicación adecuada de nuestro programa de acciones para dar respuesta  a nuestro propósito general planteado. Éste es un proceso dinámico, en el cual desarrollamos la capacidad de organizarnos y fijarnos objetivos, para anticiparnos a los desafíos y oportunidades que se presenten.

La planificación estratégica es un proceso sistemático que da sentido, dirección y continuidad a nuestras actividades diarias. Nos permite, por otra parte, visualizar el futuro e identificar los recursos, principios y valores requeridos para llevar a buen término nuestros objetivos y metas. Para ello debemos seguir un conjunto de pasos y estrategias que definen los objetivos a corto, mediano y largo plazo propuestos. Debemos identificar metas y objetivos con el fin de precisar las estrategias para alcanzarlos. Para esto, tenemos que contar con herramientas de análisis, reflexión y toma de decisiones, con el fin de adecuarnos a los cambios y demandas que nos impondrá el cambio del entorno interno y externo.

Al plantearnos tales estrategias buscamos ventajas competitivas para la formulación y puesta en marcha de las mismas. Pues, debemos crear y preservar tales ventajas en función de los objetivos y recursos que disponemos. En la planificación personal debemos tener la capacidad de pensar estratégicamente para transformar nuestro pensar-hacer, aprovechando los cambios a medida que se van produciendo.

Nuestra toma de decisiones nos ayudará a racionalizar de manera eficiente la visión de nuestra gestión personal, de analizar las estrategias funcionales y nuestros planes operativos. Para plantearnos el conjunto más adecuado de actividades encaminadas a producir resultados favorables. De esta manera, marcamos nuestras metas, establecemos las prioridades y hacemos descender la preocupación que nos puede generar asumir nuestra gestión de vida.

Adoptamos una metodología personal que nos permite determinar las fases de nuestra gestión. Esto es, definir nuestro valores e imperativos, establecer objetivos y metas, desarrollar alternativas acerca del entorno en el cual nos desenvolvemos, tomar decisiones sobre las acciones a seguir, emprender tales acciones, y evaluar nuestro desempeño, para volver a planificar en caso que haya que hacer correcciones y ajustes.

Para llevar a cabo nuestra gestión de vida debemos analizar nuestras fortalezas y limitaciones; analizar nuestro entorno y formular de alternativas estratégicas y operacionales. La planificación estratégica nos permite dar dirección y estructura a nuestra gestión de vida, a eso que queremos ser. Ya que conformamos planes de acción que nos ayudan a administrar y orientar nuestras decisiones operacionales. Nos permite controlar y evaluar los resultados que vamos teniendo. De este modo, podemos visualizar la relación que tenemos con nuestro entorno; nos permite desarrollar la mejor actividad posible para utilizar y aplicar los recursos y habilidades que poseemos. Para así satisfacer las metas que nos hemos propuesto.

La planificación operativa de nuestra gestión personal nos permite poner las diversas estrategias para lograr alcanzar resultados favorables a corto plazo. Con nuestra toma de decisiones operacionales determinamos la manera, el modo o cómo debemos llegar adonde queremos ir o llegar. Son los aspectos operativos o instrumentales para alcanzar nuestras metas.

Al planificar nuestro pensar-hacer le damos sentido y significado a nuestra vida; organizamos nuestras fortalezas, nuestras habilidades y recursos, e incluso adquirimos una idea clara de lo que necesitamos organizar para realizar nuestro proyecto de vida. Con un plan de acción tenemos muchas probabilidades de lograr nuestras metas; además podemos darnos cuenta cuándo y dónde nos estamos desviando de tal meta. Un plan estratégico y de acción es una brújula que nos permite mantener el rumbo hacia la meta trazada.

Al planificar tenemos una buena administración de lo que queremos lograr y de cómo lo vamos a conseguir. Porque nos permite conocer: ¿Qué capacidad tenemos y qué podemos hacer? ¿Qué problemas debemos tratar? ¿Qué influencia podemos alcanzar? ¿Dónde debe situar nuestro esfuerzo e inversión?  ¿Cuáles son nuestras prioridades? A todas estas interrogantes tenemos que darles respuestas para poder llevar a cabo nuestra gestión personal. Asimismo, nos permitirá realizar una ejecución coherente y adecuada al fijar nuestras metas, la asignación de recursos y la implementación de nuestro plan de acción.

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martes, 6 de junio de 2017

LA MATRIZ FODA Y LA VISUALIZACIÓN DE NUESTRO SER-HACER: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Hacer uso de la matriz FADO o FODA para conocernos es algo interesante. Pues ésta permite visualizar nuestras FORTALEZAS, OPORTUNIDADES, DEBILIDADES y AMENAZAS. Las dos primeras se refieren a nuestros factores internos, es decir, a nuestra personalidad, carácter, inteligencias... Las dos últimas, por el contrario, a factores externos, a al entorno donde nos desenvolvemos.

Analizarnos a partir de esta matriz es importante porque nos permite una mejor orientación al momento de plasmar nuestras metas, objetivos y planes de acción, para que éstos sean lo más cercano a nuestra realidad interior y exterior. El primer paso es definir claramente nuestra meta. Cuando hay varias metas, a la vez, es mejor efectuar un análisis FADO para cada meta por separado, de esta manera el análisis es más eficiente. Ya que, si se consideran demasiadas metas juntas se confunde el análisis. Por el contrario, si analizamos cada meta por separado podemos tener un mismo marco de referencia.

El análisis de los factores internos consiste en detectar nuestras fortalezas y debilidades según la meta que deseamos alcanzar un momento determinado. Porque como hemos señalado previamente debemos tener un mismo marco de referencia para generar ventajas competencias.

FORTALEZAS: ésta la parte favorable y adecuada de nuestro carácter, de nuestro pensar, de nuestras actitudes, de nuestras emociones… siempre con vista a un fin. Representan los aspectos principales con los que contamos a nuestro favor. Son controlables, porque dependen únicamente de nosotros, tenemos gobierno sobre estos aspectos de nuestra personalidad; en caso de tener aún gobierno sobre ellos podemos invertir tiempo y trabajo hasta llegar a tener control sobre nuestras fortalezas. Es esta es la gestión de nosotros mismos. Debemos hacer hincapié en nuestras fortalezas para desarrollarlas al máximo.

DEBILIDADES: éstas son aquellos recursos y situaciones que representan una desventaja y un obstáculo para alcanzar nuestras metas y objetivos. Están relacionadas con ciertas incapacidades de para alcanzar nuestras metas; por lo que afecta desfavorablemente nuestro desempeño con vista a un fin. Aunque pueden ser tratadas mediante acciones correctivas, es preferible enfocarse en las fortalezas. Por ejemplo, Lionel Messi es magistral con su pierna izquierda por ser un zurdo natural; sería absurdo someter a este futbolista a acciones correctivas para que él cobre los penaltis con la pierna derecha. Podrá mejorar, pero nunca llegará a ser tan bueno como con la pierna izquierda.

Por esta razón, es recomendable enfocarse en mejorar las fortalezas. Y conocer cuáles son las debilidades para buscar ayuda con respecto a éstas. Dedicarse a tratar mejorar las debilidades para que se conviertan en fortalezas es desperdiciar energía sin sentido. Lo mejor es buscar cooperación para solventar las debilidades y dedicarse a lo que mejor uno sabe hacer. 

El análisis de los factores externos tiene como finalidad analizar e identificar las amenazas y oportunidades del entorno, para sacar lo mejor de éstas. Aprovechar su potencial, no cometer errores innecesarios; para conocer si necesitamos ayuda de otras personas y saber emplear tal ayuda a nuestro favor.

OPORTUNIDADES: son las circunstancias que esperamos que ocurran a nuestro favor, o que podemos inducir a que éstas ocurran de manera favorable a la meta planteada. Tales situaciones deben tener un impacto positivo a nuestros fines. Éstas son aquellos hechos o situaciones que debemos ser capaces de aprovechar para obtener ventajas y beneficios. Tenemos que manejarlas a nuestro beneficio, por ello son oportunidades.

AMENAZAS: son eventos o circunstancias que ocurren y, por lo general, tienen un impacto desfavorable en nuestras metas. Son aquellos riesgos y situaciones presentes en el entorno y pueden perjudicar los fines que nos hemos planteado.  Por ejemplo, la aparición de un competidor si estamos concursando para un empleo, o el cambio de gusto y necesidades de un cliente. Siempre debemos considerarlas como una posibilidad, ya que están fuera de nuestro control. 

En la ejecución de la FODA debemos analizar por separado cada agente, aspecto, situación… relevante con respecto a la decisión a tomar; centrar el análisis bosquejando claramente la meta seleccionada y el papel de los conocimientos para alcanzarla. Clasificar las observaciones, combinar lo que es comparable y eliminar aquello que no es relevante para la meta.  Es necesario clasificar en términos de importancia para la meta seleccionada.

El análisis FODA es, a la vez, una herramienta de planificación porque ayuda a identificar nuestros puntos fuertes y débiles, oportunidades y amenazas que están presentes y a las cuales nos enfrentamos. Al elaborar el análisis visualizamos cómo desarrollaremos y emplearemos nuestras fortalezas, cómo afrontaremos las debilidades, cómo aprovecharemos las oportunidades y cómo enfrentaremos las amenazas por medio del proyecto propuesto.
La matriz FODA nos permite un análisis objetivo de nosotros con respecto a nosotros mismos, con respecto al entorno y a otros aspectos a considerar. Es una herramienta que nos provee de los elementos necesarios para determinar una planificación estratégica; nos proporciona información necesaria para implementar acciones y medidas correctivas, considerar el entorno interno y externo.

Por medio de ésta, podemos afrontar los factores internos y externos con el fin de generar diferentes alternativas de solución y alcanzar la meta propuesta. Al determinar las necesidades y elementos que son favorables y desfavorables al propósito planteado por nosotros. Al establecer las fortalezas con las que contamos y las limitaciones que pueden obstaculizar el cumplimiento de nuestros fines, las oportunidades favorables y las amenazas que debemos evitar o prever.

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sábado, 3 de junio de 2017

MISIÓN, VISIÓN Y VALORES EN NUESTRO PENSAR-HACER: CONSULTORÍA Y ASESORÍA FILOSÓFICA

Por lo general, no nos planteamos de manera consciente la misión de nuestra vida; es decir, la razón de ser de nosotros. Ésta la vamos adquiriendo a lo largo de los años de manera inconsciente; y, muchas veces, no llegamos a saber cuál es nuestra misión.

La misión de vida personal enuncia el propósito general de nuestro pensar-hacer, así como el grado requerido de excelencia para llevarla a cabo. La misión define nuestro  quehacer diario y cotidiano. Establece un sentido trascendental de los fines que nos planteamos, y repito muchas veces sin saberlo. Además articula, lo que Kant llama, los imperativos éticos o principales valores de nuestra vida.

El propósito principal de la misión es establecer el enfoque y la dirección de nuestra vida, de nuestro quehacer. A través de ésta visualizamos las exigencias que enfrentamos en esas labores que realizamos. Una vida de éxito es la que tiene un claro sentido de su propósito. Por ello, una misión clara, comprendida y compartida provee un enfoque que impulsa nuestras estrategias, nuestro control y dirección en el hacer de nuestra existencia. Por medio de ésta ejecutamos nuestro existir.

Declarar o declararnos cuál es nuestra misión de vida es definir el fin de nuestro pensar-hacer, que nos distingue de los demás. La declaración de nuestra misión nos señala el alcance de nuestro operar; fija el rumbo de la vida que deseamos hacer y alcanzar. ¿Para qué existimos? ¿Cuál es nuestra razón de ser? Las respuestas a estas preguntas es el propósito esencial de la misión. Como apreciamos es la formulación de un conjunto de acciones, comportamientos y valores, que poseemos y ejecutamos a diario.

Todos poseemos una visión de la vida, adoptada o propia, autentica o inauténtica. Nuestra visión es la manera que tenemos de ver las cosas, de percibir nuestro entorno, de vernos a nosotros mismos, a los demás… es la percepción simultánea de un problema y una solución. Es una apuesta sobre la aceptación de una idea, de una perspectiva. La visión adscribe una misión a nuestra vida: hacer que nuestra visión del mundo se convierte en realidad.

Nuestra visión es el planteamiento de la meta a la que aspiramos llegar en la vida. Nos indica el rumbo y la orientación de todas nuestras acciones. Pueden ser ambiciosas, pero deben ser realistas. Crea pasión en nuestro hacer. La visión la podemos determinar como esa imagen-fin que deseamos lograr. Constituye un enunciado de la configuración de nuestro pensar-hacer, la expresión de nuestro desarrollo plenos.

La visión es nuestro ideal. Indica lo que nos gustaría ser y como queremos ser percibidos. Entendemos la visión como la imagen futura que vamos desarrollando a lo largo de los años, y en la cual trabajamos permanentemente. Ésta orienta y define nuestro hacer en cuanto definiendo el estado hacia el cual transitamos. En este sentido, la visión define la orientación de lo deseamos ser. Los componentes de la visión son: ¿Qué aspiramos a ser en el futuro? ¿Qué otras necesidades futuras buscaremos satisfacer?

Nuestros valores, por su parte, son la expresión de los límites éticos y morales en los que operamos todos los días. Éstos dan sentido a nuestras directrices y comportamientos creando y sustentando nuestro capital moral. Nuestros valores le dan cohesión a nuestra misión y visión. Deben ser coherentes unos y otros.
Nuestros valores son el conjunto de principios o imperativos propios que inspiran nuestra gestión de vida y que conforman las bases éticas sobre la cual construimos nuestra propuesta de existir. Toda persona tiene un conjunto de valores implícita o explícitamente formulados. Nuestros valores constituyen los pilares fundamentales para el desarrollo de una vida plena.

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