Todos los benditos días uno oye cada día
hablar del pensamiento crítico, hasta el punto que ya dan ganas de vomitar de
tanto oír mentar el susodicho pensamiento, ya está babeado y relamido. Incluso
hay gente que lo esgrime como un sumun de algo, de un no sé qué es; el mismo
parece algo propio de seres especiales, de seres ungidos. Pero lo cierto es que
ya hincha las pelotas oír mentar el pensamiento crítico. Ahora bien, ¿qué es esa
vaina?
El pensamiento crítico no es otra vaina
que la capacidad que tiene todo carajo para analizar, evaluar y cuestionar de
manera adecuada la situación en que se encuentra, con el fin de tomar
decisiones acertadas para resolver ciertos problemas de forma coherente. Es someter
lo poco que pensamos y vemos por la acción de razonar, en vez de tragarnos las
vainas que nos dicen de forma automática, es decir, es pensar con cierto
criterio evaluador.
Además, el puto pensamiento crítico no es
una vaina universal y abstracta, sino que es según el contexto en que la mujer
o el hombre está inmerso. Para resolver una vaina un ruso puede aplicar su
aparato crítico en la estepa rusa a su manera, y un carajo en Guárico aplica su
aparato crítico en las condiciones del llano guariqueño. Estos dos llaneros
―uno ruso y el otro venezolano― utilizan sus capacidades de analizar, evaluar y
cuestionar en contextos diferentes para tomar decisiones y resolver problemas
de forma coherente y adecuada a sus fines.
Entre los componentes del pensamiento
crítico tenemos: El analizar, que consiste en descomponer una situación para
entender las partes en que ésta está constituida, por ejemplo, uno ve un
pabellón criollo, y uno lo analiza, es un plato que está conformado por arroz,
carne mechada, caraotas y tajadas. La vaina es como un Lego que está armado ―esta
es la situación― uno desarma el lego y comprende que se trata de un conjunto de
piezas y comprende cómo están armadas las mismas. En este proceso uno identifica
y evalúa la situación o información, considera si le están metiendo gato por
liebre o si la misma es confiable y no tiene sesgos o intereses ocultos. Porque
pendejo uno no puede ser para creer todo lo que le dicen.
Uno tiene que ser desconfiado para que no
lo jodan; por eso tiene que dudar, sospechar de cualquier vaina, esto lo lleva
a cuestionar todo aquello que le dicen que es verdad, y más si le dicen que es
una verdad absoluta, porque toda cosa que haga un humano está cargada de prejuicios
propios y ajenos; esto último es cuando la mirada es hacia fuera, pero también
la mirada se dirige hacia dentro que es lo reflexivo, con lo cual tenemos que monitorear
nuestro propio proceso de pensamiento, para reconocer si en él hay errores conceptuales
y emocionales. Porque uno mismo se cae a muela, se mete sus propias mentiras.
¿Para qué sirve la ladilla esa del
pensamiento que cuestiona? Para evitar que lo agarren a uno de pendejo y lo
manipulen, la vaina también ayuda a detectar cuando le quieren meter tremendas
mentiras a uno, a detectar los discursos manipuladores y la publicidad engañosa
que nos vende villas y castillos, y no es otra cosa que ranchos.
Como uno se pone pilas con el mentado
pensamiento crítico, éste sirve para mejorar la toma de decisiones y no andar
de tarambana cagándola a cada rato, porque nos permite elegir opciones basadas
en datos más ciertos para nuestra situación y necesidad. Y así no lo van a
estar llamando el venao en la esquina, lo cual reduce el arrepentimiento por la
toma de decisiones erradas. Por otra parte, si uno siempre anda dudando no te joden
tan fácilmente, ya que el vergajo pensamiento fomenta la curiosidad y no se anda
de menso; dado que uno se la pasa preguntando ¿por qué esto es así? En vez de
conformarse con explicaciones superficiales. Así deja uno de ser un cabeza de
guevo y se hace un poquito más inteligente como quería la madre que lo parió.

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