Para la
conformación de un patrón mental de éxito podemos hacer uso de herramientas
externas, es decir, hacer uso de técnicas de emprendimiento, de administración
y estrategias de inversión del emprendimiento. Es importante adquirir
herramientas de primera calidad, para ser un artesano de primera. Muchas de
estas herramientas se adquieren en talleres, conferencias, programas de
formación, estudios académicos… Siempre hay que separar el grano de la paja,
como dice el dicho.
Junto a las
herramientas externas, está ese artesano de primera que debemos llegar a
ser. Para ello debemos ir configurando
la persona adecuada, en el lugar y en el momento justo. Esto es, desarrollar
las herramientas internas. Para esto debemos comenzar por hacernos y responder
un conjunto de preguntas, por ejemplo: ¿Quién soy? ¿Cómo pienso? ¿Cuáles son
mis creencias? ¿Cuáles son mis hábitos? ¿Cuáles mis rasgos de carácter? ¿Cómo
me siento con respecto a mi mismo? ¿Qué grado de confianza tengo en mi mismo?
¿Cómo me relaciono con los demás? ¿Cuánto confío en los demás? ¿Siento que verdaderamente merezco el éxito?
¿Cuál es mi actitud para actuar a pesar de: los inconvenientes, preocupaciones,
miedos, las molestias?
¿Qué se anida
en todas estas pregunta? La duda. Y podemos agregar la duda socrática o
cartesiana. Esa duda que nos incita a buscar las respuestas y las acciones
adecuadas a un fin, a una meta. Y esa meta, en el caso que nos compete, es el
éxito. Para qué tanta pregunta, podemos decir. Este desdén por la pregunta es
algo muy común, porque parece que nos la sabemos todas más una. Y como
resultado, por lo general, tenemos un sujeto confuso, carente de metas; que
navega en un océano sin brújula, sin sentido. Pero que nunca se cuestiona,
porque todo está bien.
Lo cierto, es
que nuestro pensar-hacer constituye la parte fundamental y determinante de
nuestro éxito y prosperidad. O de nuestro fracaso e infelicidad. Una de las claves
esenciales del éxito consiste en elevar y proyectar nuestra energía optimista. Con
esto atraeremos a la gente y éxito hacia nosotros. Es el principio de atracción
y repulsión expuesto por Empédocles.
Al
configurar las herramientas internas conformamos en sujeto en su pensar-hacer,
es decir, nos configuramos a nosotros. Y en consecuencia construimos nuestro
patrón mental del éxito. ¿Por qué es importante este patrón? Porque si no estamos
preparados y sintonizados para el éxito, en caso de alcanzarlo, lo más probable
es que nos dure poco y terminemos perdiéndolo. Será un éxito efímero.
La mayoría de
las personas no tienen la capacidad interna para crear y manejar el éxito. De
allí que éste se les escapa constantemente de las manos, se les diluye; lo
derrochan. Esto se da porque no hay un sujeto adecuado para el manejo del
éxito. Se embotan y éste los abruma. Más complicado estas personas no están
preparadas para afrontar los retos que acompañan al éxito. El éxito los asalta,
más que ellos lo construyan.
Cuando este
fracaso se da tendemos a regresar a nuestro lugar original de seres sin éxito. Porque
éste nos resulta un lugar más cómodo de manejar y estamos habituados a
manejarlo. Algo como la fábula de la «Zorra y uvas verdes» ¿Por qué se da este
fenómeno? O porque no tenemos la capacidad emocional habituada al éxito o no
tenemos un patrón mental de éxito adecuado. Incluso, podríamos estar hablando
de una forma inadecuada de éxito. Por ser, en este caso, tan perecedero.
Tenemos realmente
éxito cuanto elaboramos y llevamos a cabo nuestro patrón mental de éxito. La
mayoría actuamos de manera inconsciente a esto. O solo deseamos el éxito, como
solo deseo. Para hablar propiamente de éxito, éste tiene que generarse a partir
de un patrón mental exitoso, de un patrón mental de riqueza. En ese caso, sería
un pensar-hacer constante, sólido. Y no algo voluble.
Facebook: consultoría y asesoría filosófica
Obed Delfín
Twitter: @obeddelfin
Youtube: Obed Delfín
Pinterest: https://www.pinterest.com/obeddelfin
No hay comentarios:
Publicar un comentario